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El ácido fólico es, probablemente, el suplemento más conocido en el contexto del embarazo. Su papel en la prevención de defectos del tubo neural, como la espina bífida, lleva décadas respaldado por sólida evidencia científica. Sin embargo, en los últimos años la investigación ha ampliado el espectro de sus posibles beneficios, sugiriendo que una ingesta adecuada de ácido fólico antes y durante el embarazo podría también reducir el riesgo de que el bebé desarrolle trastornos del espectro autista (TEA). ¿Qué sabemos realmente? ¿Cuánto hay de certeza y cuánto de especulación en estos hallazgos?

Qué es el ácido fólico y para qué sirve

El ácido fólico es la forma sintética de la vitamina B9, un nutriente esencial que el organismo no puede producir por sí mismo y que debe obtenerse a través de la dieta o de suplementos. En su forma natural se conoce como folato y se encuentra en alimentos como las legumbres, los vegetales de hoja verde, los frutos secos, los cítricos y los cereales integrales.

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Durante el embarazo, la vitamina B9 es indispensable para la síntesis del ADN y la división celular, procesos que tienen lugar a una velocidad extraordinaria en el embrión y el feto en desarrollo. Su papel más conocido es la prevención de los defectos del tubo neural, estructuras que dan origen al cerebro y a la médula espinal y que se forman en las primeras semanas de gestación, a menudo antes de que la mujer sepa que está embarazada. Por eso las guías clínicas recomiendan iniciar la suplementación con ácido fólico al menos un mes antes de la concepción y mantenerla durante el primer trimestre.

La dosis estándar recomendada es de 400 microgramos diarios para mujeres sin factores de riesgo adicionales. En mujeres con antecedentes de defectos del tubo neural, con diabetes, epilepsia tratada con ciertos antiepilépticos u obesidad, la dosis puede elevarse a 4 o 5 miligramos, siempre bajo prescripción médica.

La relación entre el ácido fólico y los trastornos del espectro autista

Un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA) analizó datos de más de 85.000 niños nacidos en Noruega y encontró que los hijos de madres que habían tomado suplementos de ácido fólico durante las semanas previas al embarazo y durante el primer trimestre tenían un riesgo de desarrollar TEA aproximadamente un 40% menor que los hijos de madres que no los habían tomado. Este resultado, aunque estadísticamente sólido, no establece causalidad directa, sino una asociación.

La investigación sobre los mecanismos biológicos que podrían explicar esta asociación apunta a varios caminos. El ácido fólico es esencial para la metilación del ADN, un proceso epigenético clave en el desarrollo cerebral. Una metilación inadecuada durante los períodos críticos del neurodesarrollo fetal podría alterar la expresión de genes relacionados con la conectividad neuronal y la maduración del sistema nervioso central. Los trastornos del espectro autista tienen una base neurobiológica compleja, y la evidencia sugiere que algunos de sus subtipos podrían ser sensibles a factores nutricionales en etapas muy tempranas del desarrollo.

Otros estudios han reproducido hallazgos similares en distintas poblaciones, aunque con variaciones en la magnitud del efecto protector. Una revisión sistemática publicada en Molecular Psychiatry concluyó que existe una asociación consistente entre la suplementación periconcepcional con folato y una reducción modesta pero significativa del riesgo de TEA.

Es importante subrayar que el autismo es una condición de origen multifactorial, con una fuerte carga genética. El ácido fólico no «previene» el autismo en sentido estricto, y no debe interpretarse como un tratamiento o un antídoto. Lo que la ciencia sugiere es que una nutrición adecuada en folatos durante el período periconcepcional puede ser uno de los factores ambientales que modulan el riesgo en individuos genéticamente susceptibles.

  • El ácido fólico no elimina el riesgo de autismo, pero puede contribuir a reducirlo.
  • Su beneficio es mayor cuanto antes se inicie la suplementación, idealmente antes de la concepción.
  • No sustituye a una dieta variada y rica en alimentos naturales con folato.
  • Su uso está respaldado de forma inequívoca para la prevención de defectos del tubo neural.

Recomendaciones prácticas para las futuras madres

Si estás planificando un embarazo, iniciar la suplementación con ácido fólico antes de la concepción es una de las medidas preventivas de mayor impacto y menor riesgo disponibles. No se trata de tomar dosis masivas, sino de garantizar unos niveles adecuados de esta vitamina en el momento en que el embrión más la necesita.

Además del suplemento, una dieta rica en folatos naturales es complementaria y beneficiosa. Incluir legumbres, espinacas, brócoli, espárragos, aguacate, naranjas y frutos secos en la alimentación cotidiana te ayudará a alcanzar y mantener unos niveles óptimos.

Consulta con tu médico o matrona cuál es la dosis adecuada para tu caso concreto, especialmente si tienes antecedentes familiares de TEA, defectos del tubo neural u otras condiciones que puedan influir en tus necesidades nutricionales durante el embarazo.

Conclusión

El ácido fólico sigue siendo uno de los suplementos más respaldados por la ciencia en el contexto del embarazo. Los hallazgos sobre su posible efecto protector frente a los trastornos del espectro autista añaden un nuevo argumento a una lista ya larga de beneficios. La suplementación adecuada, iniciada antes de la concepción, es una de las acciones más sencillas y efectivas que puede tomar una mujer que desea quedarse embarazada.

Si quieres profundizar en este tema, consulta nuestra guia sobre fertilidad y maternidad.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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