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Revisado por el equipo médico de IMFER | Instituto Murciano de Fertilidad

La pandemia de COVID-19 supuso un punto de inflexión en todos los ámbitos de la medicina, y la reproducción asistida no fue una excepción. Desde la paralización abrupta de los tratamientos de fertilidad durante los primeros meses de 2020 hasta las preguntas sobre si el virus SARS-CoV-2 podía comprometer la fertilidad de hombres y mujeres, pacientes y profesionales tuvieron que navegar una situación sin precedentes con muy escasa evidencia científica disponible.

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Hoy, con perspectiva y con una base de datos clínicos mucho más sólida, podemos responder con mayor rigor a las preguntas que entonces quedaron sin respuesta. La relación entre infertilidad y COVID-19 es compleja, multidimensional y todavía objeto de investigación activa, pero los hallazgos acumulados permiten trazar un mapa bastante claro de los riesgos reales, los mitos que deben desterrarse y las lecciones que la medicina reproductiva debe incorporar de forma permanente.

En este artículo repasamos el estado actual del conocimiento sobre el impacto del COVID-19 en la fertilidad femenina y masculina, el efecto de las vacunas, y cómo ha evolucionado el protocolo de atención en las clínicas de reproducción asistida tras la pandemia.

¿Afecta el COVID-19 a la fertilidad femenina?

El SARS-CoV-2 penetra en las células utilizando como puerta de entrada el receptor ACE2 (enzima convertidora de angiotensina 2). La presencia de este receptor en el tejido ovárico, el endometrio y las trompas de Falopio generó, desde el inicio, la hipótesis de que el virus podría afectar directamente a la función reproductiva femenina.

Estudios publicados en revistas como Fertility and Sterility y Human Reproduction han demostrado que, en la mayoría de las mujeres que superaron la infección por COVID-19 con cuadro leve o moderado, no se detectaron alteraciones significativas en la reserva ovárica ni en los parámetros hormonales básicos (AMH, FSH, estradiol). Sin embargo, en pacientes con infección grave o con enfermedad crítica, sí se han descrito ciclos irregulares temporales, alteraciones en la respuesta ovárica a la estimulación y cambios en los marcadores de reserva ovárica durante las semanas posteriores a la infección.

Un punto importante: el denominado COVID persistente o long COVID puede incluir fatiga severa, disfunción autonómica e inflamación sistémica crónica que, de forma indirecta, interfiere con el eje hipotálamo-hipofisario-gonadal y altera la ovulación. Las mujeres con long COVID que buscan gestación deben ser evaluadas de forma integral antes de iniciar cualquier tratamiento de reproducción asistida.

¿El COVID-19 perjudica la fertilidad masculina?

La evidencia sobre el impacto del COVID-19 en la fertilidad masculina es más robusta y, en algunos aspectos, más preocupante. El testículo expresa receptores ACE2 en alta densidad, lo que lo convierte en un órgano potencialmente vulnerable a la infección viral directa.

Varios estudios, entre ellos uno publicado en Andrology (2021), demostraron que hombres que habían padecido COVID-19 presentaban, en las semanas siguientes a la infección, una reducción significativa en la concentración de espermatozoides, en su motilidad y en su morfología normal. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, estos parámetros se recuperaron en un plazo de 3 a 6 meses.

No obstante, en casos de orquitis asociada al COVID-19 (inflamación testicular directamente causada por el virus, documentada en algunos pacientes), el daño puede ser más persistente. Asimismo, la fiebre elevada asociada a la infección, independientemente del agente causal, es un factor bien conocido de deterioro temporal de la espermatogénesis, ya que el proceso de producción de espermatozoides es extremadamente sensible a las elevaciones de temperatura.

La recomendación médica generalizada es esperar al menos tres meses tras una infección por COVID-19 antes de realizar un seminograma de control si se está en proceso de estudio de fertilidad, para obtener un resultado representativo del estado real de la función testicular.

¿Las vacunas contra el COVID-19 afectan a la fertilidad?

Esta fue, sin duda, una de las preguntas más frecuentes y más cargadas de desinformación durante la pandemia. La respuesta, respaldada por una evidencia científica sólida y coherente, es no: las vacunas aprobadas contra el COVID-19 no afectan a la fertilidad femenina ni masculina.

Los estudios que analizaron la función ovárica, los parámetros semináticos y los resultados reproductivos en personas vacunadas no encontraron diferencias significativas respecto a población no vacunada. Grandes cohortes de pacientes sometidas a FIV —algunas de ellas publicadas en revistas de primer nivel como JAMA— mostraron tasas de fertilización, implantación y embarazo equivalentes entre mujeres vacunadas y no vacunadas.

Por el contrario, sí existe evidencia de que la infección natural por COVID-19 en hombres, especialmente si cursa con fiebre alta, puede deteriorar temporalmente la calidad seminal. En este sentido, la vacunación, al prevenir la infección grave o reducir la fiebre, actúa indirectamente como factor protector de la fertilidad masculina.

Lecciones para la medicina reproductiva tras la pandemia

Más allá del impacto biológico directo del virus, la pandemia expuso vulnerabilidades del sistema de atención en reproducción asistida que han llevado a cambios permanentes en los protocolos:

  • Telemedicina y seguimiento remoto: Las consultas previas, el seguimiento de estimulación ovárica en determinadas fases y el acompañamiento psicológico se han incorporado en formato híbrido, mejorando la accesibilidad sin comprometer la seguridad clínica.
  • Criopreservación como estrategia de planificación: La pandemia evidenció el valor de tener óvulos, esperma o embriones criopreservados como reserva ante situaciones de incertidumbre. Muchas parejas aceleraron sus decisiones de preservación de fertilidad tras la experiencia de los confinamientos.
  • Protocolos de seguridad en laboratorio: Los estrictos controles de calidad del aire, acceso limitado al laboratorio de FIV y el uso de equipos de protección individual se han mantenido como estándar de calidad post-pandemia.
  • Atención a la salud mental reproductiva: La pandemia disparó los niveles de ansiedad y depresión en pacientes en tratamiento de fertilidad. La integración de apoyo psicológico especializado en los protocolos de reproducción asistida es hoy una recomendación de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF).

Preguntas frecuentes sobre infertilidad y COVID-19

¿Debo esperar un tiempo después de pasar el COVID-19 para iniciar un tratamiento de fertilidad?

La recomendación general es esperar al menos 4 a 6 semanas tras la recuperación completa de la infección antes de iniciar o retomar un tratamiento. En caso de haber tenido una infección grave o en presencia de síntomas de long COVID, el equipo médico realizará una valoración individualizada. En hombres, dado el ciclo de espermatogénesis de aproximadamente 72 días, se recomienda esperar 3 meses para evaluar correctamente la calidad seminal.

¿Puedo vacunarme mientras estoy en tratamiento de FIV?

Sí. Las principales sociedades científicas de reproducción asistida (ASRM, ESHRE, SEF) recomiendan la vacunación contra el COVID-19 incluso durante los tratamientos de fertilidad. La única excepción de sentido común es evitar la vacunación el mismo día de la punción ovárica o la transferencia embrionaria, para no atribuir posibles reacciones sistémicas leves (fiebre, malestar) al procedimiento en sí.

¿El COVID-19 puede causar infertilidad permanente?

En la inmensa mayoría de los casos, el impacto del COVID-19 sobre la fertilidad es temporal y reversible. No existe evidencia de que el virus cause infertilidad permanente en hombres o mujeres con función reproductiva previamente normal. Los casos de daño más persistente se han descrito en contextos de infección muy grave con complicaciones multiorgánicas.

¿Afectó la pandemia a los resultados de los tratamientos de reproducción asistida?

Los datos globales recogidos por los registros europeos (ESHRE) muestran una caída significativa en el número de ciclos realizados en 2020, seguida de una recuperación en 2021-2022. Sin embargo, las tasas de éxito por ciclo no se vieron comprometidas de forma significativa, lo que indica que los protocolos de seguridad implementados en las clínicas fueron eficaces.

Puedes leer mas sobre este tema en nuestra guia sobre infertilidad en pareja.

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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