La salud materna es uno de los indicadores más elocuentes del grado de desarrollo y de justicia social de cualquier país. Mientras que en las naciones con sistemas sanitarios sólidos dar a luz se ha convertido en un proceso seguro para la inmensa mayoría de las mujeres, en muchas regiones del mundo el parto continúa siendo una experiencia que pone en riesgo real la vida de la madre y del recién nacido. Esta brecha global en salud reproductiva es una de las desigualdades más flagrantes de nuestro tiempo, y comprender sus causas y sus dimensiones es el primer paso para contribuir a su superación.
La mortalidad materna: una desigualdad que persiste
Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada día mueren en el mundo alrededor de 800 mujeres por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto. Esto supone más de 290.000 muertes maternas al año, y el 94% de ellas ocurren en países de renta baja y media. Las principales causas de mortalidad materna son hemorragias graves, infecciones, hipertensión arterial durante el embarazo —preeclampsia y eclampsia—, complicaciones del aborto inseguro y causas indirectas como la anemia, la malaria o la diabetes.
La diferencia entre regiones es demoledora. En Europa occidental y en España, la tasa de mortalidad materna es inferior a 5 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. En África subsahariana, esa cifra supera las 500 muertes por cada 100.000 nacidos vivos en algunos países. Esta disparidad no refleja una diferencia biológica entre las mujeres de distintas regiones, sino una diferencia en el acceso a la atención sanitaria, a la nutrición, a la educación y a los recursos económicos.
Factores que determinan la salud materna
La salud de una mujer durante el embarazo y el parto está condicionada por múltiples factores que van más allá de la asistencia médica en el momento del parto:
- Acceso a la atención prenatal: Las revisiones durante el embarazo permiten detectar y tratar de forma temprana complicaciones como la anemia, la diabetes gestacional, la preeclampsia o el retraso del crecimiento fetal. En muchas regiones, las mujeres llegan al parto sin haber tenido ninguna consulta prenatal.
- Presencia de personal cualificado en el parto: La asistencia de una matrona, enfermera o médico formado en el manejo del parto reduce drásticamente la mortalidad. En algunos países, más del 60% de los partos tienen lugar sin ningún profesional sanitario presente.
- Matrimonio y embarazo precoz: El embarazo en adolescentes supone un riesgo especialmente elevado. Las niñas menores de 18 años que se quedan embarazadas tienen un riesgo mucho mayor de complicaciones obstétricas que las mujeres adultas. La erradicación del matrimonio infantil y el acceso a la educación son medidas clave de salud materna.
- Acceso a métodos anticonceptivos: La planificación familiar reduce el número de embarazos no deseados y permite espaciar los nacimientos, lo que tiene un impacto positivo directo en la salud materna e infantil.
- Nutrición: La desnutrición materna aumenta el riesgo de complicaciones durante el embarazo y de bajo peso al nacer, con consecuencias que se prolongan a lo largo de toda la vida del niño.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la salud materna
La comunidad internacional ha asumido compromisos explícitos en materia de salud materna. El Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 de las Naciones Unidas establece como meta reducir la tasa mundial de mortalidad materna a menos de 70 muertes por cada 100.000 nacidos vivos para el año 2030. El progreso hacia esta meta ha sido desigual: aunque la mortalidad materna global se ha reducido en más de un 30% en los últimos veinte años, el ritmo de mejora es insuficiente para alcanzar los objetivos en muchas regiones, especialmente en África subsahariana y en el sur de Asia.
Entre las intervenciones que han demostrado mayor eficacia para reducir la mortalidad materna se encuentran la mejora del acceso a la atención prenatal, la formación de comadronas y auxiliares sanitarios en zonas rurales, el acceso a centros de parto con capacidad de respuesta ante emergencias obstétricas y la garantía del acceso a servicios seguros de salud reproductiva.
La salud materna en España: logros y retos pendientes
En España, la mortalidad materna es excepcionalmente baja gracias a un sistema sanitario de calidad y de acceso universal. Sin embargo, existen retos que merecen atención: la creciente medicalización del parto, el aumento de las cesáreas en algunos centros, la necesidad de garantizar una atención respetuosa e individualizada a todas las mujeres, y las desigualdades en el acceso a determinadas prestaciones de salud reproductiva entre comunidades autónomas.
El modelo de atención al parto en España ha evolucionado hacia un enfoque más humanizado, donde se respetan los tiempos del parto fisiológico, se promueve la participación activa de la mujer en las decisiones sobre su propio proceso y se fomenta el acompañamiento de personas de confianza. Estos avances son importantes y deben seguir consolidándose.
Conclusión
La salud materna es un derecho humano fundamental que no debería depender del lugar de nacimiento de una mujer. Los avances médicos de las últimas décadas han salvado millones de vidas, pero la desigualdad global en el acceso a la atención obstétrica sigue siendo inaceptable. Reducir esta brecha requiere inversión en sistemas sanitarios, educación, igualdad de género y planificación familiar. Cada vida materna salvada es una victoria para toda la humanidad.
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