La preparación física para el parto va mucho más allá de controlar la respiración. El suelo pélvico es uno de los grupos musculares que más trabajo realiza durante el embarazo y el parto, y sin embargo sigue siendo una de las áreas menos conocidas y cuidadas por las gestantes. Un suelo pélvico bien preparado puede marcar una diferencia notable en el desarrollo del parto, en la recuperación postparto y en la calidad de vida de la mujer a largo plazo. Conocer su anatomía, su función y los ejercicios que lo fortalecen y lo flexibilizan es fundamental durante los meses de gestación.
Qué es el suelo pélvico y por qué es tan importante en el embarazo
El suelo pélvico es un conjunto de músculos, ligamentos y tejido conectivo que forma una especie de hamaca en la base de la pelvis, sosteniendo la vejiga, el útero, el recto y otros órganos abdominopélvicos. Durante el embarazo, este conjunto muscular soporta un peso creciente a lo largo de nueve meses, y durante el parto vaginal, debe ser capaz de relajarse y estirarse para permitir el paso del bebé.
Las hormonas del embarazo, especialmente la relaxina, preparan estos tejidos para el parto ablandando los ligamentos. Sin embargo, sin un trabajo muscular activo y consciente, el suelo pélvico puede quedar debilitado, lo que aumenta el riesgo de incontinencia urinaria, prolapso de órganos pélvicos y dificultades en la recuperación postparto.
Un suelo pélvico fuerte pero también elástico y flexible es el objetivo ideal. Esto significa que los ejercicios de preparación no deben centrarse únicamente en el fortalecimiento, sino también en aprender a relajar estos músculos de forma consciente y coordinada.
Ejercicios para el suelo pélvico durante el embarazo
Los ejercicios de Kegel son los más conocidos para trabajar el suelo pélvico, pero existen otras modalidades igualmente valiosas durante el embarazo:
- Ejercicios de Kegel: consisten en contraer los músculos del suelo pélvico durante 5-10 segundos y luego relajarlos durante el mismo tiempo. Se recomienda realizar entre 10 y 15 repeticiones, tres veces al día. Para identificar correctamente estos músculos, imagina que estás interrumpiendo el flujo de orina: los que se contraen son los del suelo pélvico. Una vez identificados, practica el ejercicio sin estar orinando.
- Relajación consciente del suelo pélvico: tan importante como contraer es aprender a soltar. Tras cada contracción, dedica unos segundos a relajar por completo la zona perineal. Esto es especialmente útil para el momento del expulsivo durante el parto.
- Sentadillas con apoyo: realizadas con los pies separados a la anchura de las caderas y los pies ligeramente hacia afuera, las sentadillas abren la pelvis y trabajan de forma funcional el suelo pélvico. En fases avanzadas del embarazo, puedes realizarlas con el apoyo de una silla o una pared.
- Respiración diafragmática coordinada: la respiración profunda abdominal tiene un efecto directo sobre el suelo pélvico. Al inspirar, el diafragma desciende y el suelo pélvico se relaja; al espirar, ambos ascienden. Practicar esta coordinación de forma consciente mejora el control de ambas estructuras.
- Posición en cuclillas: mantener la posición de cuclillas durante breves periodos de tiempo (siempre con apoyo si es necesario) abre la pelvis y prepara los tejidos del suelo pélvico para el parto. Esta postura también es beneficiosa para favorecer la posición del bebé.
La pelvis y su preparación para el parto
Además del suelo pélvico, la movilidad y la posición de la pelvis son factores determinantes en el desarrollo del parto. Una pelvis móvil y bien posicionada facilita el encajamiento del bebé y el progreso del trabajo de parto. Algunos aspectos clave para trabajar la pelvis durante el embarazo:
- Balanceo pélvico: de pie o a cuatro patas, realiza movimientos circulares suaves con la pelvis. Este ejercicio mejora la movilidad pélvica y alivia la tensión lumbar.
- Uso de la pelota de pilates: sentarse sobre una pelota de pilates y realizar movimientos circulares o de adelante hacia atrás es una forma efectiva de trabajar la movilidad pélvica en un entorno seguro.
- Postura de mariposa: sentada en el suelo con las plantas de los pies juntas y las rodillas abiertas hacia los lados, esta postura abre la pelvis y estira los músculos aductores. Mantén la espalda recta y respira profundamente.
Es importante mencionar que todos estos ejercicios deben realizarse bajo la supervisión o recomendación de una matrona o fisioterapeuta especializada en suelo pélvico. Especialmente en casos de amenaza de parto prematuro, placenta previa u otras complicaciones, algunos ejercicios pueden estar contraindicados.
Conclusión
La preparación del suelo pélvico y la pelvis para el parto es una inversión en bienestar que va mucho más allá del día del nacimiento. Una gestante que llega al parto con su suelo pélvico fortalecido, flexible y consciente tiene más recursos para afrontar el expulsivo, se recupera más rápidamente en el postparto y reduce el riesgo de complicaciones como la incontinencia o el prolapso. Nunca es demasiado pronto para empezar: cuanto antes se incorporen estos ejercicios a la rutina del embarazo, mayores serán los beneficios.
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