La cesárea ha pasado de ser una intervención excepcional a representar en España aproximadamente el 25% de los nacimientos. Independientemente de si se planifica o surge como urgencia, conocer cómo funciona el procedimiento ayuda a afrontarlo con más tranquilidad y a tomar decisiones informadas.
Preparativos previos a la cesárea
Los preparativos suelen durar entre 15 y 30 minutos. Se coloca a la mujer un gotero para estabilizar la tensión arterial, se rasura la zona del vello púbico, se limpia el abdomen y se administra la anestesia —habitualmente epidural o raquídea— antes de colocar la sonda vesical para mantener vacía la vejiga.
La anestesia epidural permite que la madre esté despierta durante el nacimiento de su hijo y, en muchos casos, que la pareja pueda acompañarla en quirófano. El fármaco actúa directamente sobre los nervios y no pasa al torrente sanguíneo materno, por lo que el bebé no resulta afectado.
Cómo se realiza la intervención
Una vez que la anestesia ha hecho efecto, se inicia la cirugía. El corte habitual es transversal, en el borde superior del vello púbico, lo que se conoce como incisión de Pfannenstiel. Tras cortar la piel, se separan capas progresivamente hasta acceder al útero, que se abre con un corte también transversal para extraer al bebé.
Una vez que el niño está fuera, se corta el cordón umbilical y se extrae la placenta. Lo ideal es que el bebé sea mostrado a la madre cuanto antes y que, una vez realizadas las primeras comprobaciones médicas, sea entregado al padre mientras se finaliza la sutura.
El cierre de las distintas capas se realiza con hilo reabsorbible para el útero y con grapas o hilo de nylon para la piel, que se retirarán en días posteriores. Todo el procedimiento dura entre 40 y 60 minutos si no hay incidencias.
Cuándo está realmente indicada una cesárea
Las cesáreas son cada vez más seguras, pero siguen siendo una cirugía mayor con sus propios riesgos. Solo deberían realizarse cuando los beneficios superan claramente a esos riesgos.
Las indicaciones imperativas incluyen el prolapso de cordón, el desprendimiento de placenta, la placenta previa total y el mal posicionamiento fetal que impide la salida natural. Otras situaciones —como la presentación de nalgas, el embarazo gemelar o la cesárea previa— no necesariamente la hacen obligatoria y pueden valorarse individualmente con el ginecólogo.
Recuperación y lactancia
El efecto de la anestesia desaparece en una o dos horas. En la mayoría de los casos, madre e hijo pueden ir juntos desde quirófano a la habitación e iniciar la lactancia materna en la primera hora de vida, igual que tras un parto vaginal. La sonda y el gotero pueden retirarse entre 8 y 12 horas después de la intervención.
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