España es uno de los países con la edad media de maternidad más elevada de Europa. En la última década, esa cifra ha seguido subiendo de forma sostenida, reflejo de un cambio social profundo en el que la estabilidad económica, la carrera profesional y la búsqueda de la pareja adecuada se han convertido en factores que muchas mujeres priorizan antes de dar el paso hacia la maternidad.
Los datos del INE: una tendencia consolidada
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la edad media a la que las mujeres que viven en España tienen su primer hijo se sitúa alrededor de los 31 años, con valores que en determinados períodos han superado esa cifra. Las mujeres de nacionalidad española son, dentro de este grupo, las que más retrasan la maternidad: cerca de los 32 años de media, mientras que las mujeres extranjeras residentes en España lo hacen en torno a los 28-29 años.
Paralelamente, la tasa de fecundidad —el número medio de hijos por mujer— ha descendido por debajo del nivel de reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer) situándose en torno a 1,2-1,3. Esta combinación de maternidad tardía y baja fecundidad preocupa a los demógrafos por sus implicaciones sobre el envejecimiento de la población y la sostenibilidad del sistema de pensiones.
Las causas de este retraso
Los motivos son múltiples y se refuerzan mutuamente. La inestabilidad laboral, especialmente marcada entre los jóvenes, dificulta la emancipación y la formación de familias. El encarecimiento de la vivienda en grandes ciudades añade otra barrera económica. A estas causas estructurales se suma la transformación de los roles de género: las mujeres tienen hoy trayectorias educativas y profesionales más largas que las de generaciones anteriores, y muchas priorizan consolidar esa base antes de asumir la maternidad.
La inmigración, que durante años contribuyó a sostener los índices de natalidad, ha reducido su impacto a medida que los flujos migratorios se moderaron y las familias extranjeras también fueron adaptando sus patrones reproductivos al contexto español.
El impacto en la fertilidad y en los tratamientos de reproducción asistida
Este retraso tiene consecuencias directas sobre la fertilidad. La reserva ovárica disminuye con la edad, y las mujeres que buscan su primer embarazo superando los 35 años tienen una probabilidad significativamente menor de concebir de forma natural. Por eso, los tratamientos de reproducción asistida han crecido de forma paralela al envejecimiento de la maternidad.
Una de las respuestas médicas a esta tendencia social es la vitrificación de óvulos, que permite a las mujeres preservar su fertilidad en los años de mayor calidad ovocitaria para utilizarla cuando estén preparadas. Puedes conocer más en nuestra guía sobre preservación de la fertilidad. En IMFER atendemos a muchas mujeres en esta situación y acompañamos a cada una de forma individualizada.
El retraso de la maternidad y la demanda de preservación de fertilidad
La conciencia creciente sobre el impacto de la edad en la fertilidad ha generado un interés notable en la preservación preventiva de óvulos en mujeres que todavía no están listas para ser madres pero que tampoco quieren cerrar esa puerta. La vitrificación de óvulos —la congelación ultrarrápida que evita la formación de cristales de hielo dañinos— ha alcanzado un nivel de eficacia que la hace una opción realista para este propósito.
La edad óptima para preservar óvulos desde el punto de vista de la calidad ovocitaria es entre los 25 y los 35 años. A los 35 años, la reserva ovárica ya ha comenzado su descenso más marcado y la proporción de óvulos con anomalías cromosómicas empieza a aumentar. Preservar antes significa conservar óvulos de mayor calidad, aunque también significa que el período de almacenamiento puede ser más largo si la maternidad se retrasa hasta los 40 o más.
Políticas públicas y apoyo a la natalidad
El descenso de la natalidad en España no es un problema exclusivo de las parejas individuales: tiene consecuencias macroeconómicas y sociales que los gobiernos intentan abordar a través de políticas de apoyo a la familia. Sin embargo, los expertos coinciden en señalar que las medidas más efectivas son las estructurales: facilitar el acceso a la vivienda, estabilizar el mercado laboral para los jóvenes, mejorar los servicios de cuidado de menores y hacer compatible la carrera profesional con la maternidad. Sin esos cambios de base, ninguna medida de incentivo a la natalidad tendrá un efecto duradero. Puedes conocer más sobre la preservación de la fertilidad en nuestra guía de vitrificación de óvulos.
¿Tienes dudas sobre este tema? Consulta con nuestros especialistas en IMFER.
También puede interesarte: Presión social y maternidad: el reloj biológico entre la… y Parto natural vs. cesárea: ventajas, desventajas y cómo tomar….
Nuestros especialistas en reproducción asistida pueden ayudarte.



Sin comentarios