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Cuando una pareja lleva tiempo intentando concebir sin éxito, es habitual que escuche términos como infertilidad y esterilidad usados de forma indistinta. Sin embargo, desde el punto de vista médico, estos dos conceptos son diferentes y su distinción es importante para orientar el diagnóstico y el tratamiento adecuado. Entender qué significa cada uno puede ayudar a los pacientes a afrontar su situación con más claridad y a tomar decisiones informadas sobre su proceso reproductivo.

¿Qué es la esterilidad y cómo se diferencia de la infertilidad?

La esterilidad se define como la incapacidad de lograr un embarazo después de doce meses de relaciones sexuales regulares sin usar métodos anticonceptivos. Es decir, la pareja no consigue que se produzca la concepción. Cuando la esterilidad se presenta por primera vez, sin que haya habido ningún embarazo previo, se denomina esterilidad primaria. Si la pareja ya ha logrado algún embarazo anteriormente, independientemente de su resultado, se habla de esterilidad secundaria.

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La infertilidad, en cambio, hace referencia a la incapacidad de llevar un embarazo a término con un recién nacido vivo y sano. La pareja sí consigue quedarse embarazada, pero los embarazos se pierden de forma recurrente antes de la viabilidad fetal. En este caso, el problema no está en la concepción sino en el mantenimiento del embarazo.

Esta distinción tiene implicaciones prácticas directas en el estudio diagnóstico: los protocolos de exploración, las pruebas realizadas y las opciones terapéuticas son distintos en cada caso.

Causas más frecuentes de esterilidad en la pareja

La esterilidad tiene un origen multifactorial y puede deberse a factores masculinos, femeninos o combinados. En aproximadamente el 40% de los casos el factor causal es masculino, en otro 40% femenino, y en el 20% restante se trata de un factor mixto o no se encuentra una causa identificable, lo que se conoce como esterilidad de origen desconocido o idiopática.

Entre las causas femeninas más habituales se encuentran:

  • Alteraciones en la ovulación, como el síndrome de ovario poliquístico (SOP).
  • Obstrucción o daño en las trompas de Falopio, frecuentemente causado por infecciones previas o endometriosis.
  • Problemas uterinos como miomas, pólipos o malformaciones congénitas.
  • Reserva ovárica disminuida, especialmente en mujeres mayores de 35 años.

En cuanto a los factores masculinos, los más comunes son:

  • Alteraciones en la concentración, movilidad o morfología de los espermatozoides (oligozoospermia, astenozoospermia, teratozoospermia).
  • Ausencia total de espermatozoides en el eyaculado (azoospermia).
  • Problemas hormonales que afectan a la producción de espermatozoides.
  • Varicocele u otras alteraciones anatómicas del aparato reproductor masculino.

Causas más frecuentes de infertilidad o pérdida gestacional recurrente

La pérdida gestacional recurrente, que es la manifestación clínica de la infertilidad, tiene causas distintas a las de la esterilidad. Las alteraciones cromosómicas en los embriones son la causa más frecuente de aborto espontáneo, especialmente en mujeres de mayor edad. Otras causas incluyen:

  • Alteraciones anatómicas del útero que dificultan la implantación o el desarrollo del embarazo.
  • Trastornos de la coagulación como el síndrome antifosfolípido, que aumenta el riesgo de trombosis placentaria.
  • Problemas hormonales mal controlados, como el hipotiroidismo o la diabetes.
  • Factores inmunológicos que generan una respuesta inadecuada frente al embrión.

¿Cuándo consultar a un especialista en fertilidad?

La recomendación general es consultar a un especialista si después de doce meses de relaciones sin protección no se ha logrado el embarazo. Este plazo se reduce a seis meses si la mujer tiene más de 35 años. En el caso de haber sufrido dos o más abortos espontáneos consecutivos, también es aconsejable realizar un estudio específico de pérdida gestacional recurrente.

Un estudio básico de fertilidad incluye un seminograma para el varón y una analítica hormonal con ecografía para la mujer, pruebas que permiten orientar el diagnóstico en la mayoría de los casos de forma rápida y sencilla.

Conclusión

Conocer la diferencia entre infertilidad y esterilidad no es solo una cuestión terminológica: implica entender mejor la propia situación y facilitar una comunicación más precisa con los profesionales de la salud reproductiva. Ante cualquier dificultad para concebir o mantener un embarazo, la consulta precoz con un especialista en fertilidad es el primer paso hacia una solución.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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