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Revisado por el equipo médico de IMFER | Instituto Murciano de Fertilidad

El mundo está envejeciendo a un ritmo sin precedentes históricos. La combinación de una esperanza de vida creciente y una natalidad en declive sostenido está transformando la pirámide demográfica de la mayoría de los países desarrollados de forma radical. En España, la tasa de fecundidad se sitúa en torno a 1,2 hijos por mujer, muy por debajo del umbral de reemplazo generacional fijado en 2,1, y la tendencia no muestra señales de reversión a corto plazo. Algunos demógrafos hablan ya no de baby boom, sino de baby crash.

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Esta confluencia de factores demográficos no es independiente de la realidad clínica que viven cada día los especialistas en medicina reproductiva. El retraso en la edad del primer embarazo, que en España supera los 31 años de media y sigue aumentando, tiene consecuencias biológicas directas sobre la fertilidad. A esto se suma un aumento real de los trastornos reproductivos tanto en hombres como en mujeres, cuyas causas son objeto de intensa investigación científica.

En este artículo analizamos la relación entre el envejecimiento demográfico y la infertilidad, exploramos los datos disponibles sobre la evolución de la fertilidad poblacional y reflexionamos sobre qué respuestas médicas, sociales y políticas pueden ayudar a afrontar este desafío.

La biología del reloj reproductivo femenino

La fertilidad femenina sigue una curva biológica inequívoca: alcanza su pico entre los 20 y los 25 años, comienza a declinar de forma gradual a partir de los 30, y se acelera ese declive de forma significativa después de los 35. Esta realidad biológica no es culturalmente construida ni está sujeta a debate científico: es una consecuencia directa del envejecimiento de la reserva ovárica, que determina tanto la cantidad como la calidad de los ovocitos disponibles.

La reserva ovárica, es decir, el conjunto de ovocitos que una mujer tiene en sus ovarios, no se renueva. A diferencia de los espermatozoides, que se producen continuamente a lo largo de la vida reproductiva masculina, los ovocitos están presentes desde el nacimiento y su número disminuye de forma irreversible con el paso del tiempo. A los 37-38 años, muchas mujeres comienzan a experimentar una reducción acelerada de la reserva ovárica que se traduce en mayores dificultades para concebir, mayor tasa de abortos espontáneos y peor respuesta a los tratamientos de estimulación ovárica.

Esto no significa que una mujer de 38 años no pueda quedarse embarazada: muchas lo hacen de forma natural o con ayuda de la medicina reproductiva. Pero sí significa que las probabilidades son significativamente menores que a los 28, y que cada año adicional de retraso incrementa ese riesgo.

La infertilidad masculina: el factor olvidado

Cuando se habla de la crisis de fertilidad, la atención suele centrarse en la mujer y en el retraso de la maternidad. Sin embargo, los datos sobre la evolución de la calidad seminal masculina son igualmente preocupantes. Varios metaanálisis publicados en las últimas décadas, incluyendo el trabajo seminal de Levine y colaboradores publicado en Human Reproduction Update, documentan un descenso del 50-60% en la concentración espermática en hombres de países occidentales entre 1973 y 2011. Este descenso no se ha detenido.

Las causas de este deterioro no están completamente elucidadas, pero los candidatos más sólidos incluyen la exposición a disruptores endocrinos presentes en plásticos, pesticidas y productos de uso cotidiano, el sedentarismo, la obesidad, el estrés crónico y los hábitos como el tabaquismo. Sea cual sea la causa, el resultado es que la infertilidad masculina contribuye de forma significativa al problema reproductivo, y no puede seguir siendo ignorada en el análisis demográfico.

Factores socioeconómicos: la decisión aplazada

Sería simplista atribuir la crisis de natalidad exclusivamente a razones biológicas. La decisión de retrasar o limitar el número de hijos está profundamente condicionada por factores socioeconómicos que en los países del sur de Europa son especialmente desfavorables para la maternidad y la paternidad temprana.

La precariedad laboral juvenil, el acceso difícil a la vivienda, los salarios estancados frente al coste de la vida, la falta de servicios de conciliación asequibles y la incertidumbre económica crónica dibujan un escenario en el que muchas personas que desean tener hijos se ven obligadas a posponer esa decisión hasta que la situación se estabilice. Cuando esa estabilización llega, con frecuencia ha transcurrido la década más fértil de sus vidas.

La interacción entre estos factores socioeconómicos y los biológicos crea una trampa demográfica difícil de romper: el contexto social empuja a retrasar la maternidad, y ese retraso activa los límites biológicos de la fertilidad, reduciendo las probabilidades de concebir en el momento en que finalmente se intenta.

Respuestas posibles: medicina, políticas y preservación de la fertilidad

Ante este panorama, las respuestas pueden articularse en tres planos que se complementan entre sí:

  • Medicina reproductiva: La reproducción asistida ofrece soluciones para muchas de las personas que encuentran dificultades para concebir de forma natural. Las tasas de éxito de la FIV han mejorado de forma sostenida gracias a los avances tecnológicos descritos en otras secciones de este blog, y la ovodonación permite a mujeres que han agotado su reserva ovárica tener hijos con óvulos de donante.
  • Preservación de la fertilidad: La vitrificación de ovocitos permite a las mujeres preservar ovocitos jóvenes para su uso futuro, «pausando» biológicamente el reloj reproductivo. Esta opción, antes reservada a pacientes oncológicas, se ha extendido como una estrategia electiva para mujeres que por razones personales o profesionales no están en condiciones de buscar el embarazo en su momento de máxima fertilidad.
  • Políticas públicas: Ningún avance médico puede sustituir a las políticas que faciliten la conciliación, reduzcan la precariedad laboral y garanticen el acceso a la vivienda. Los países que han invertido en estas políticas de forma sostenida muestran tasas de natalidad significativamente más altas.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad debo hacerme una revisión de mi reserva ovárica?

Idealmente, cualquier mujer que tenga dudas sobre su fertilidad futura o que esté planificando retrasar la maternidad debería hacerse una evaluación de su reserva ovárica a partir de los 30-32 años. Esta evaluación, que incluye una ecografía para contar los folículos antrales y una analítica de hormona antimülleriana (AMH), es sencilla, no invasiva y proporciona información muy valiosa para planificar el futuro reproductivo. No esperes a los 38 años para tener esa información.

¿La vitrificación de óvulos garantiza el embarazo futuro?

No garantiza el embarazo, pero sí aumenta las probabilidades de lograrlo en comparación con intentarlo de forma natural a una edad más avanzada. La efectividad de la vitrificación depende de la edad en que se congelan los óvulos, de su número y calidad, y de la técnica empleada. Los mejores resultados se obtienen cuando los óvulos se vitrifican antes de los 35 años, idealmente antes de los 32-33.

¿Es la reproducción asistida una solución para la crisis demográfica?

La reproducción asistida ayuda a muchas personas a tener hijos cuando de otra forma no podrían, pero no puede por sí sola revertir las tendencias demográficas. Para ello se necesitan cambios estructurales en los modelos económicos, laborales y de conciliación que modifiquen el contexto en el que las personas toman sus decisiones reproductivas. La medicina puede ampliar el margen de tiempo disponible, pero las condiciones de vida son las que en última instancia determinan cuándo y cuántos hijos tiene una generación.

El baby crash no es inevitable, pero tampoco se resolverá solo. Requiere una respuesta multidimensional en la que la medicina reproductiva desempeña un papel importante, pero en la que las políticas sociales, económicas y laborales tienen quizás el papel más determinante. Entender la magnitud del desafío es el primer paso para afrontarlo.

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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