Revisado por el equipo médico de IMFER | Instituto Murciano de Fertilidad
- ¿Qué se considera consumo moderado de alcohol?
- El impacto del consumo elevado sobre la fertilidad
- El consumo moderado: una zona gris con matices importantes
- El alcohol durante el embarazo: una línea roja
- Preguntas frecuentes
- ¿Tengo que dejar el alcohol completamente si estoy intentando quedarme embarazada?
- ¿El alcohol afecta también a la fertilidad masculina?
- ¿El consumo de alcohol antes de iniciar la FIV puede afectar al resultado del tratamiento?
Pocas cuestiones generan tanta confusión en el contexto de la salud reproductiva como la relación entre el consumo de alcohol y la fertilidad. Las recomendaciones son a menudo contradictorias: mientras algunos estudios sugieren que el consumo moderado no tiene un impacto significativo sobre la capacidad reproductiva de las mujeres, otros advierten de que incluso cantidades pequeñas pueden interferir con las posibilidades de concebir. Esta aparente contradicción genera ansiedad en muchas mujeres que están intentando quedarse embarazadas y que se preguntan si deben eliminar completamente el alcohol de su vida.
La realidad, como suele ocurrir en medicina, es más compleja que cualquiera de esas afirmaciones tomadas de forma aislada. La relación entre alcohol y fertilidad depende de múltiples factores: la cantidad consumida, la frecuencia, el momento del ciclo menstrual, la edad de la mujer y si se está siguiendo algún tratamiento de reproducción asistida, entre otros. Entender estos matices es fundamental para tomar decisiones informadas sin caer en el alarmismo ni en la permisividad excesiva.
En este artículo repasamos lo que la evidencia científica más reciente nos dice sobre el consumo de alcohol y la fertilidad femenina, distinguiendo entre los efectos del consumo leve, moderado y elevado, y ofreciendo recomendaciones prácticas basadas en esa evidencia.
¿Qué se considera consumo moderado de alcohol?
Antes de analizar el impacto del alcohol sobre la fertilidad, conviene definir qué entendemos por consumo moderado. Las guías de la Organización Mundial de la Salud y de las principales sociedades médicas europeas definen el consumo de bajo riesgo como aquel que no supera los 14 gramos de alcohol puro al día en mujeres, lo que equivale aproximadamente a una copa de vino de 150 ml o una cerveza de 330 ml. Sin embargo, estas definiciones son orientativas y no implican que ese consumo sea inocuo para todos los perfiles de salud.
En el contexto de la fertilidad, algunos estudios establecen el umbral de consumo moderado en torno a 3-7 unidades de alcohol a la semana, mientras que el consumo elevado se define generalmente como más de 14 unidades semanales o episodios frecuentes de consumo intensivo (binge drinking).
El impacto del consumo elevado sobre la fertilidad
Sobre el consumo elevado de alcohol, la evidencia es clara y consistente: afecta negativamente a la fertilidad femenina por múltiples vías. El alcohol interfiere con el eje hipotálamo-hipofisario-gonadal, que regula la producción de hormonas reproductivas como el estradiol, la LH y la FSH. Esta alteración puede provocar irregularidades en el ciclo menstrual, anovulación y reducción de la calidad ovocitaria.
Además, el consumo crónico elevado de alcohol se asocia a un mayor riesgo de síndrome de ovario poliquístico, endometriosis y alteraciones en la función tubárica. En mujeres sometidas a tratamientos de FIV, varios estudios han documentado que el consumo elevado se correlaciona con una peor respuesta a la estimulación ovárica, menor número de ovocitos recuperados y tasas de embarazo más bajas.
El consumo moderado: una zona gris con matices importantes
El debate científico se centra principalmente en los efectos del consumo moderado. Un estudio publicado en el British Medical Journal que analizó los datos de más de 4.000 mujeres danesas no encontró una asociación estadísticamente significativa entre el consumo moderado de alcohol (entre 1 y 13 unidades semanales) y una reducción de la fertilidad en mujeres que intentaban concebir de forma natural. Este estudio tuvo una amplia repercusión mediática y fue frecuentemente interpretado como una señal verde para el consumo moderado durante la búsqueda de embarazo.
Sin embargo, otros estudios llegan a conclusiones más cautelosas. Una revisión sistemática publicada en Fertility and Sterility señala que incluso el consumo bajo podría tener un efecto negativo sobre las tasas de implantación en ciclos de FIV, posiblemente a través de mecanismos relacionados con la calidad ovocitaria o la receptividad endometrial. La diferencia entre la concepción natural y la reproducción asistida es relevante en este contexto: en la FIV, los procesos biológicos están más expuestos y son más susceptibles a influencias externas.
La conclusión que se puede extraer de la literatura científica disponible es que el consumo moderado probablemente no supone un obstáculo significativo para la fertilidad natural en la mayoría de las mujeres, pero que la prudencia aconseja minimizar el consumo cuando se está intentando concebir, especialmente en el contexto de un tratamiento de reproducción asistida.
El alcohol durante el embarazo: una línea roja
Es fundamental distinguir entre el impacto del alcohol sobre la fertilidad (la capacidad de concebir) y su impacto sobre el embarazo una vez que este se ha producido. En este segundo caso, la evidencia es inequívoca: no existe ningún nivel de consumo de alcohol seguro durante el embarazo. El síndrome alcohólico fetal es la causa más frecuente de discapacidad intelectual de origen no genético, y sus efectos pueden producirse incluso con consumos relativamente bajos, especialmente en los primeros meses de gestación.
Por este motivo, aunque el debate sobre el consumo moderado y la fertilidad tiene ciertos matices, la recomendación es universal: desde el momento en que se está intentando concebir, y especialmente una vez confirmado el embarazo, lo más seguro es no consumir alcohol.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que dejar el alcohol completamente si estoy intentando quedarme embarazada?
La evidencia científica sugiere que el consumo moderado ocasional probablemente no compromete la fertilidad natural de manera significativa. Sin embargo, dado que el impacto varía según el perfil individual de cada mujer y que el riesgo aumenta en el contexto de tratamientos de reproducción asistida, la recomendación más prudente es minimizar o eliminar el consumo durante el período de búsqueda de embarazo. En cualquier caso, una vez confirmado el embarazo, debe eliminarse por completo.
¿El alcohol afecta también a la fertilidad masculina?
Sí, y de forma bastante clara. El consumo elevado de alcohol en hombres se asocia a una reducción de la concentración, la motilidad y la morfología espermática, así como a alteraciones en los niveles de testosterona. El consumo moderado tiene efectos menos pronunciados, pero también puede tener un impacto sobre la calidad del semen. Cuando una pareja está buscando embarazo, la recomendación de moderar el consumo de alcohol es aplicable a ambos miembros.
¿El consumo de alcohol antes de iniciar la FIV puede afectar al resultado del tratamiento?
Sí, existe evidencia de que el consumo de alcohol en las semanas previas a un ciclo de FIV puede afectar negativamente a la respuesta ovárica, la calidad ovocitaria y las tasas de éxito del tratamiento. La mayoría de los especialistas en reproducción asistida recomiendan evitar el alcohol durante las semanas previas al inicio de la estimulación y, por supuesto, durante todo el proceso hasta confirmar o descartar el embarazo.
Tomar decisiones informadas sobre el estilo de vida es parte fundamental del proceso de preparación para el embarazo. Conocer la evidencia disponible, sin caer en extremos ni en mensajes alarmistas, permite adoptar hábitos saludables de forma sostenible y consciente.
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