Cuando hablamos de depresión posparto, la imagen que viene a la mente es casi siempre la de una madre. Sin embargo, los datos científicos de los últimos años apuntan a una realidad que todavía recibe poca atención: los hombres también pueden experimentar depresión tras el nacimiento de un hijo, con una prevalencia que se estima entre el 8% y el 10% durante el primer año de vida del bebé. Esta cifra, que puede parecer sorprendente, tiene implicaciones importantes para el bienestar familiar y merece ser conocida y tratada con la misma seriedad que la depresión posparto materna.
¿Por qué pueden desarrollar depresión posparto los padres?
La depresión posparto paterna tiene causas que se solapan parcialmente con las maternas, pero también tiene características propias vinculadas al rol social del padre y a cómo se vive culturalmente la paternidad. A diferencia de la madre, el padre no experimenta los dramáticos cambios hormonales del posparto, aunque sí se producen cambios en sus niveles de testosterona, cortisol, estrógenos y prolactina asociados a la paternidad activa.
El factor más determinante en la depresión paterna posparto es el estrés psicosocial: la presión de asumir nuevas responsabilidades económicas, el cambio radical en la dinámica de la relación de pareja, la privación de sueño, la sensación de exclusión cuando la atención de la pareja se centra casi exclusivamente en el bebé, y la dificultad para adaptarse a la nueva identidad de «padre» cuando el modelo de referencia que se ha tenido (el propio padre) puede haber sido distante o ausente.
La depresión materna posparto es uno de los factores de riesgo más importantes para la depresión paterna: cuando la madre está deprimida, el padre asume mayor carga de cuidado del bebé, experimenta mayor estrés y tiene menos apoyo emocional de su pareja, lo que aumenta su propia vulnerabilidad.
Otros factores de riesgo incluyen el antecedente personal de depresión o ansiedad, los problemas económicos, la falta de apoyo familiar o social, la relación conflictiva con la pareja y el bebé no planificado o con problemas de salud. Los padres jóvenes y los padres primerizos tienen mayor riesgo.
Síntomas, diagnóstico y tratamiento de la depresión paterna
Los síntomas de la depresión posparto en los hombres son similares a los de la depresión general, aunque con algunas particularidades. A diferencia de las mujeres, que tienden a expresar la depresión con tristeza y llanto, los hombres deprimidos suelen manifestar su malestar de forma más encubierta: irritabilidad, agresividad, impulsividad, mayor consumo de alcohol o tabaco, aislamiento social, exceso de trabajo como forma de evitar el entorno familiar, o comportamientos de riesgo.
Esta presentación más atípica explica en parte por qué la depresión paterna está infradiagnosticada. Los hombres tienen menos probabilidades de reconocer sus síntomas como depresión, de hablar de ellos con su médico o con su pareja, o de buscar ayuda profesional de forma activa. La cultura de la masculinidad que asocia pedir ayuda con debilidad sigue siendo un obstáculo importante.
El impacto de la depresión paterna no tratada va más allá del propio padre: afecta al vínculo con el bebé (los padres deprimidos interactúan menos con sus hijos, les leen menos, juegan menos con ellos), a la relación de pareja y al desarrollo cognitivo y emocional del niño a largo plazo. Estudios longitudinales han encontrado que los hijos de padres que tuvieron depresión posparto no tratada presentan mayor riesgo de problemas conductuales y emocionales en la infancia.
El tratamiento de la depresión posparto paterna es efectivo con las mismas herramientas que funcionan en la depresión general: psicoterapia (especialmente la terapia cognitivo-conductual y la terapia interpersonal), grupos de apoyo para padres, y en algunos casos medicación antidepresiva. La implicación activa en el cuidado del bebé, cuando se hace desde un lugar de apoyo y no de exigencia, puede también ser terapéutica y fortalecer el vínculo paterno-filial.
Conclusión
La depresión posparto en los hombres es real, frecuente y tratable. Normalizar la vulnerabilidad masculina en el contexto de la paternidad, formar a los profesionales de la salud para detectarla y crear espacios donde los padres puedan hablar de sus emociones sin juicio son pasos imprescindibles para mejorar la salud mental familiar. Si eres padre y te reconoces en algunos de estos síntomas, no estás solo y buscar ayuda es el paso más valiente que puedes dar.
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