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Revisado por el equipo médico de IMFER | Instituto Murciano de Fertilidad

La lactancia materna es uno de los fenómenos biológicos más fascinantes del cuerpo humano. El hecho de que el pecho de una mujer sea capaz de producir exactamente el alimento que su bebé necesita, adaptar su composición día a día y semana a semana, y responder de forma casi inmediata a las demandas del lactante es el resultado de millones de años de evolución y de una maquinaria hormonal de una precisión extraordinaria.

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Sin embargo, a pesar de ser un proceso natural, la lactancia no siempre resulta fácil. Muchas mujeres se enfrentan a dificultades durante las primeras semanas que podrían resolverse si comprendieran mejor cómo funciona la producción de leche: qué la estimula, qué la inhibe, qué señales envía el bebé al organismo materno y cómo mantenerla a lo largo del tiempo.

Este artículo explica de forma clara y completa la fisiología de la lactancia: desde la preparación del pecho durante el embarazo hasta el reflejo de eyección, pasando por los mecanismos hormonales que regulan la producción de leche y los factores que pueden comprometerla.

La preparación del pecho durante el embarazo

La glándula mamaria comienza a prepararse para la lactancia mucho antes del parto. Desde las primeras semanas del embarazo, bajo la influencia de los estrógenos y la progesterona, los conductos galactóforos (los conductos que transportan la leche desde el tejido glandular hasta el pezón) se multiplican y ramifican. Los alvéolos, las pequeñas estructuras esféricas donde se produce la leche, proliferan y comienzan a diferenciarse.

Este proceso de transformación hace que los pechos aumenten de tamaño durante el embarazo y que muchas mujeres experimenten sensibilidad, pesadez o incluso dolor en los primeros meses. A partir del segundo trimestre, algunas mujeres pueden notar la producción de calostro, el primer alimento del bebé: un líquido amarillento, espeso y muy concentrado en anticuerpos que el pecho produce antes de la llegada de la leche madura.

Esta producción de calostro durante el embarazo está frenada por los altos niveles de progesterona en sangre, que inhiben la acción de la prolactina, la hormona responsable de la producción de leche. Es tras la expulsión de la placenta después del parto cuando los niveles de progesterona caen bruscamente, liberando el «freno» sobre la prolactina e iniciando la producción de leche en serio.

Las hormonas protagonistas: prolactina y oxitocina

La lactancia está controlada principalmente por dos hormonas: la prolactina y la oxitocina. Ambas responden a la estimulación del pezón por parte del bebé, lo que hace que la demanda del lactante sea el principal motor de la producción de leche.

La prolactina es producida por la glándula hipofisaria (en el cerebro) y es responsable de estimular a las células de los alvéolos para que produzcan leche. Sus niveles en sangre aumentan con cada toma: cada vez que el bebé succiona el pezón, se envía una señal al cerebro que desencadena una nueva liberación de prolactina. Esto asegura que el pecho produzca tanta leche como el bebé demanda, un mecanismo conocido como oferta-demanda.

La oxitocina es responsable del reflejo de eyección o «bajada de la leche». Cuando el bebé succiona, la oxitocina provoca la contracción de las células mioepiteliales que rodean los alvéolos, expulsando la leche hacia los conductos y finalmente hacia el pezón. Este reflejo puede también desencadenarse por estímulos no físicos: escuchar el llanto del bebé, pensar en él o incluso simplemente anticipar la toma puede provocar una bajada de leche espontánea.

El reflejo de eyección: qué es y cómo reconocerlo

El reflejo de eyección, conocido coloquialmente como «la bajada de la leche», es la sensación que experimenta la madre cuando la oxitocina actúa sobre los alvéolos y la leche es empujada hacia los conductos. No todas las mujeres lo sienten con la misma intensidad: algunas describen un hormigueo o presión en el pecho, otras apenas lo notan, y una minoría lo describen como una sensación intensa o incluso levemente dolorosa en las primeras semanas.

Es habitual que durante las primeras semanas el reflejo de eyección sea muy activo y cause escapes de leche por el pecho que no está siendo mamado. Con el tiempo, el organismo regula mejor la respuesta y los escapes suelen disminuir. Usar protectores de lactancia durante este período ayuda a gestionar estos escapes con mayor comodidad.

El reflejo de eyección puede inhibirse por el estrés, el dolor, el cansancio extremo o la ansiedad. Esto explica por qué en situaciones de alta tensión emocional la leche «no baja» bien, aunque el pecho siga produciendo. Crear un ambiente tranquilo para las tomas, especialmente en las primeras semanas, favorece un reflejo de eyección eficaz.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si mi bebé está recibiendo suficiente leche?

En bebés alimentados exclusivamente al pecho, los principales indicadores de ingesta adecuada son: un aumento de peso sostenido (aproximadamente 150-200 g por semana en las primeras semanas), al menos 6 pañales mojados al día a partir del cuarto día de vida, heces frecuentes y de color amarillo mostaza, y un bebé que parece satisfecho tras las tomas. Si tienes dudas, una matrona o asesora de lactancia puede valorar una toma directamente.

¿Puede una mujer con pechos pequeños producir suficiente leche?

Sí. El tamaño del pecho no guarda relación con la capacidad de producir leche. El tamaño mamario depende principalmente de la cantidad de tejido graso, no de la cantidad de tejido glandular. Mujeres con pechos pequeños pueden producir leche en abundancia, y mujeres con pechos grandes pueden tener dificultades. Lo que determina la producción es la respuesta hormonal y la estimulación frecuente, no el volumen mamario.

¿Qué hacer si la producción de leche disminuye de repente?

Una disminución brusca de la producción puede deberse a tomas menos frecuentes, estrés intenso, inicio de la menstruación, deshidratación, enfermedad o uso de ciertos medicamentos. La forma más eficaz de recuperar la producción es aumentar la frecuencia de las tomas o extracciones, asegurarse de una buena hidratación y descanso, y consultar con una asesora de lactancia. En algunos casos, el médico puede valorar el uso de galactogogos, sustancias que estimulan la producción láctea.

Comprender cómo funciona la lactancia es el primer paso para vivirla con mayor confianza. Cada pareja madre-bebé es única, y encontrar el ritmo propio puede llevar unas semanas, pero el apoyo adecuado marca una diferencia enorme en el resultado.

Si quieres profundizar en este tema, consulta nuestra guia sobre fertilidad y maternidad.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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