El ácido fólico es, probablemente, el suplemento nutricional más conocido y recomendado durante el embarazo. Y con razón: su papel en la prevención de defectos del tubo neural en el feto está respaldado por décadas de investigación científica sólida. Sin embargo, alrededor de este nutriente existen también algunos mitos y malentendidos que conviene aclarar. ¿Cuándo debe tomarse? ¿Qué dosis es la adecuada? ¿Sirve realmente para mejorar la fertilidad? A continuación respondemos a estas y otras preguntas frecuentes.
¿Qué es el ácido fólico y para qué sirve?
El ácido fólico es la forma sintética del folato, una vitamina del grupo B (B9) que el organismo necesita para múltiples funciones: la síntesis y reparación del ADN, la formación de glóbulos rojos y el correcto desarrollo del sistema nervioso. Durante el embarazo, la demanda de folato aumenta considerablemente, ya que es esencial para la formación del tubo neural del embrión, que da origen al cerebro y la médula espinal.
El tubo neural se cierra durante las primeras cuatro semanas de gestación, a menudo antes de que la mujer sepa que está embarazada. Por eso, la suplementación con ácido fólico debe comenzar al menos un mes antes de la concepción y mantenerse durante el primer trimestre. Este es un punto crucial que muchas mujeres desconocen: esperar a saber que se está embarazada para empezar a tomar ácido fólico puede ser demasiado tarde para prevenir los defectos del tubo neural.
Los defectos del tubo neural más frecuentes son la espina bífida —cuando la columna vertebral no se cierra correctamente— y la anencefalia, una malformación grave del cerebro. La suplementación con ácido fólico reduce el riesgo de estos defectos en un 50-70%.
Dosis recomendadas y fuentes alimentarias
La dosis de ácido fólico recomendada para mujeres en edad fértil que planifican un embarazo es de 400 microgramos (mcg) al día. Esta dosis se considera suficiente para la mayoría de las mujeres sanas. Sin embargo, en determinadas situaciones, el médico puede recomendar dosis más elevadas:
- Mujeres con antecedentes de embarazo afectado por defectos del tubo neural: 4 mg al día.
- Mujeres con diabetes, obesidad, enfermedad celíaca u otras condiciones que afectan a la absorción del folato.
- Mujeres que toman medicamentos que interfieren con el metabolismo del folato, como algunos antiepilépticos.
- Portadoras de variantes genéticas en el gen MTHFR, que reducen la capacidad de convertir el ácido fólico en su forma activa.
Además del suplemento, es conveniente incluir en la dieta alimentos ricos en folato natural: verduras de hoja verde (espinacas, lechuga, brócoli), legumbres, frutos secos, aguacate y cereales integrales enriquecidos. Sin embargo, la alimentación por sí sola generalmente no es suficiente para alcanzar los niveles recomendados durante el período periconcepcional, por lo que el suplemento es necesario.
Mitos frecuentes sobre el ácido fólico
Varios mitos rodean al ácido fólico que conviene desmontar:
- Mito: «Solo necesito tomarlo cuando esté embarazada.» Falso. Debe empezarse al menos un mes antes de la concepción, ya que el tubo neural se forma antes de que muchas mujeres sepan que están embarazadas.
- Mito: «El ácido fólico mejora la fertilidad.» Parcialmente falso. El ácido fólico en sí no aumenta las probabilidades de concebir, aunque sí contribuye a la salud general del aparato reproductor. Un estudio danés investigó si el ácido fólico tomado durante el embarazo mejoraba la fertilidad de los hijos varones, con resultados no concluyentes.
- Mito: «Tomar más dosis protege más.» Falso. La dosis estándar de 400 mcg es suficiente para la mayoría de las mujeres. Tomar dosis muy elevadas sin indicación médica no aporta beneficios adicionales y puede enmascarar una deficiencia de vitamina B12.
- Mito: «Con una dieta sana no hace falta suplemento.» En la mayoría de los casos, falso. La cantidad de folato que se obtiene de la dieta habitual no suele ser suficiente para cubrir las necesidades del período periconcepcional.
Conclusión
El ácido fólico es un aliado imprescindible en la planificación de un embarazo. Tomarlo en la dosis adecuada desde antes de la concepción es una de las medidas preventivas más sencillas y eficaces que una mujer puede adoptar para proteger la salud de su futuro bebé. Si estás planificando un embarazo o tienes dudas sobre la dosis más adecuada para tu situación, consulta con tu médico o especialista en reproducción.
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