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España lleva décadas registrando una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, y los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE) no ofrecen un panorama mucho más alentador. Aunque tres de cada cuatro mujeres españolas expresan el deseo de tener al menos dos hijos a lo largo de su vida, la realidad demográfica muestra que la media de hijos por mujer se sitúa muy por debajo de ese umbral. Entender la brecha entre el deseo reproductivo y la realidad es fundamental para abordar tanto las políticas públicas como las decisiones individuales sobre fertilidad.

¿Qué dicen los datos del INE sobre la fecundidad en España?

Según la Encuesta de Fecundidad del INE, el índice sintético de fecundidad en España ronda los 1,2 hijos por mujer, cifra muy alejada del índice de reemplazo generacional fijado en 2,1. Esto significa que la población española no se reproduce al ritmo necesario para mantenerse sin recurrir a la inmigración. Más significativo aún es el dato de la maternidad tardía: la edad media a la que una mujer tiene su primer hijo en España supera los 31 años, la más alta de la historia del país y una de las más elevadas del mundo.

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La misma encuesta revela que el número ideal de hijos que declaran desear las mujeres españolas es de 2,1 de media, un número que paradójicamente coincide con el umbral de reemplazo pero que rara vez se materializa. Existe, por tanto, una «brecha de fecundidad» entre deseo y realidad que se explica por múltiples factores sociales, económicos y biológicos.

Principales razones por las que no se tienen los hijos deseados

Las causas que separan el deseo reproductivo de la realidad son diversas y se interrelacionan entre sí:

  • Inestabilidad económica: El elevado coste de la vivienda, la precariedad laboral y los bajos salarios hacen que muchas parejas pospongan la maternidad hasta alcanzar una estabilidad financiera que, en muchos casos, llega tarde o no llega.
  • Incorporación de la mujer al mercado laboral: Las mujeres actuales dedican más años a su formación y carrera profesional, lo que retrasa inevitablemente la decisión de ser madres. La conciliación entre trabajo y maternidad sigue siendo un reto sin resolver en España.
  • Falta de políticas de apoyo a la familia: España invierte en prestaciones familiares una proporción del PIB inferior a la media europea. La escasez de guarderías públicas asequibles y los permisos de maternidad y paternidad todavía insuficientes desincentivan la decisión de tener hijos.
  • Factores biológicos y problemas de fertilidad: Retrasar la maternidad hasta los 35 o 40 años incrementa de forma significativa la probabilidad de encontrar dificultades para concebir de manera natural. La reserva ovárica disminuye con la edad y la tasa de aneuploidías en los embriones aumenta.
  • Cambio de valores sociales: Las nuevas generaciones priorizan la realización personal, los viajes, el ocio y la independencia, y perciben la maternidad como un proyecto que puede postergarse indefinidamente.

El papel de la fertilidad biológica en las estadísticas de natalidad

Un factor que a menudo queda eclipsado por el debate socioeconómico es el de la fertilidad clínica. Se estima que entre el 15% y el 17% de las parejas en España tienen algún tipo de problema de fertilidad, lo que equivale a que aproximadamente una de cada seis parejas en edad reproductiva necesita ayuda médica para concebir. Este dato, sumado al retraso generalizado en la edad de búsqueda del primer embarazo, explica en parte por qué los ciclos de reproducción asistida han crecido de forma constante en la última década en nuestro país.

La buena noticia es que la medicina reproductiva ha avanzado de manera extraordinaria. Técnicas como la fecundación in vitro (FIV), la vitrificación de óvulos o el diagnóstico genético preimplantacional (DGP) permiten a muchas parejas que enfrentan problemas de fertilidad cumplir su deseo de ser padres. La criopreservación de óvulos en mujeres jóvenes que desean posponer la maternidad por motivos laborales o personales es otra herramienta que gana cada vez más aceptación social.

¿Qué podemos hacer a nivel individual?

Más allá de las políticas públicas, existen decisiones personales que pueden marcar la diferencia. Consultar con un especialista en reproducción asistida antes de los 35 años si se lleva más de un año intentando embarazo sin éxito —o antes de los 30 si existe historial familiar de menopausia precoz u otras condiciones— es el primer paso. Realizarse un estudio básico de fertilidad permite conocer el estado de la reserva ovárica y la calidad seminal, dos indicadores clave que muchas parejas desconocen hasta que la urgencia ya apremia.

La información y la prevención son las mejores aliadas de la maternidad consciente. Conocer los propios límites biológicos no significa resignarse, sino tomar decisiones informadas y a tiempo.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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