Cuando hablamos de reloj biológico y fertilidad, el foco recae casi inevitablemente sobre las mujeres. La presión social y mediática sobre el impacto de la edad en la fertilidad femenina es enorme, y en gran medida está justificada por la biología: los óvulos femeninos envejecen y disminuyen en cantidad y calidad de forma progresiva e irreversible desde la pubertad. Sin embargo, los hombres no son ajenos al paso del tiempo en lo que a su capacidad reproductiva se refiere. La investigación científica de las últimas décadas ha demostrado que la edad masculina también influye —y de forma significativa— en la fertilidad y en la salud de los hijos.
Cómo cambia la calidad del semen con la edad
A diferencia de las mujeres, que nacen con todos los óvulos que tendrán a lo largo de su vida, los hombres producen espermatozoides de forma continua a lo largo de toda su vida adulta a partir de células madre presentes en los testículos. Esta capacidad de producción continua podría hacer pensar que la edad no afecta a la fertilidad masculina, pero la realidad es más compleja.
Varios estudios de largo alcance han analizado los parámetros del semen —concentración de espermatozoides, motilidad, morfología e integridad del ADN espermático— en función de la edad, con resultados consistentes: a partir de los 35-40 años, comienza a observarse un declive progresivo en la calidad seminal. La concentración de espermatozoides disminuye, la proporción de espermatozoides con morfología normal se reduce y, lo que es quizás más importante desde el punto de vista reproductivo, la fragmentación del ADN espermático aumenta.
La fragmentación del ADN espermático es la presencia de roturas en las cadenas del material genético de los espermatozoides. Un nivel elevado de fragmentación se asocia con tasas más bajas de fertilización, peor calidad embrionaria, mayor riesgo de aborto espontáneo y, potencialmente, mayor riesgo de determinadas enfermedades en la descendencia. Esta alteración no se refleja en los parámetros básicos del seminograma —un hombre con alta fragmentación de ADN puede tener una concentración y motilidad espermática perfectamente normal— y requiere pruebas adicionales específicas para ser detectada.
Un análisis publicado en la revista Human Reproduction encontró que los hombres mayores de 45 años tardaban significativamente más en conseguir un embarazo de sus parejas que los hombres menores de 25 años, incluso cuando las mujeres tenían la misma edad. Este dato refuerza la idea de que la edad masculina tiene un impacto real sobre la fertilidad de la pareja, más allá de la edad de la mujer.
Edad paterna avanzada y salud de los hijos
Más allá del tiempo necesario para concebir, la investigación ha identificado una asociación entre la edad paterna avanzada y un mayor riesgo de ciertas condiciones en los hijos. Las células madre espermáticas se dividen constantemente a lo largo de la vida del hombre, y cada división celular conlleva un pequeño riesgo de error en la copia del ADN. Con el paso de los años, el número de estas mutaciones acumuladas aumenta, lo que se conoce como mutaciones de novo.
Las mutaciones de novo asociadas a la edad paterna se han relacionado con un mayor riesgo de determinadas condiciones en los hijos, entre ellas: acondroplasia (una forma de enanismo), síndrome de Marfan, esquizofrenia, trastorno bipolar y, según algunos estudios, trastorno del espectro autista. Es importante subrayar que los riesgos absolutos siguen siendo bajos, y que la gran mayoría de los hombres que tienen hijos a edades avanzadas tienen descendencia perfectamente sana. Sin embargo, el incremento relativo del riesgo es estadísticamente significativo y merece ser tenido en cuenta.
En cuanto a las mutaciones cromosómicas —como la trisomía 21 que causa el síndrome de Down—, aunque el factor materno es claramente dominante, estudios recientes sugieren que la edad paterna también contribuye en cierta medida al riesgo, aunque en menor proporción que la edad materna.
Qué puede hacer un hombre para cuidar su fertilidad
Si bien el envejecimiento es inevitable, hay factores de estilo de vida que tienen un impacto significativo y modificable sobre la calidad del semen a cualquier edad. Mantener un peso saludable, evitar el tabaco y el alcohol, reducir la exposición a tóxicos ambientales, practicar ejercicio físico moderado de forma regular, llevar ropa interior que no comprima ni sobrecaliente los testículos, y consumir una dieta rica en antioxidantes —frutas, verduras, frutos secos— son medidas con evidencia científica que ayudan a preservar la calidad seminal.
La evaluación periódica del semen mediante un seminograma es también una medida preventiva útil, especialmente para hombres que planean posponer la paternidad o que tienen antecedentes de exposición a factores que pueden afectar la fertilidad.
Conclusión
El reloj biológico masculino existe, aunque suena con menos urgencia que el femenino. La edad afecta a la calidad del semen y puede aumentar el riesgo de ciertas condiciones en los hijos, aunque la magnitud de este efecto es más gradual y variable que en las mujeres. Lo importante es ser consciente de ello y, si se planea posponer la paternidad, consultar con un especialista para evaluar el estado de la fertilidad masculina y tomar decisiones informadas.
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