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La infertilidad no es un problema exclusivo de quienes ya llevan tiempo intentando concebir. Muchos de los factores de riesgo de infertilidad comienzan a actuar en edades tempranas, mucho antes de que exista un deseo activo de tener hijos. Sin embargo, la mayoría de los jóvenes desconoce cuáles son estos factores, qué hábitos o condiciones pueden comprometer su fertilidad futura y qué pueden hacer hoy para protegerla. La educación reproductiva sigue siendo una asignatura pendiente en nuestra sociedad.

Factores de riesgo de infertilidad más ignorados entre los jóvenes

La fertilidad no solo depende de la edad o de la genética. Múltiples factores relacionados con el estilo de vida, el entorno y la salud general influyen en la capacidad reproductiva. Estos son los más frecuentemente ignorados:

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  • Edad: Aunque parezca paradójico mencionarlo en un apartado dedicado a los jóvenes, muchos no son conscientes de que la fertilidad femenina empieza a declinar a partir de los 32 años y se reduce de forma acelerada después de los 37. La creencia de que «siempre hay tiempo» es uno de los errores más frecuentes y costosos en términos reproductivos.
  • Tabaquismo: Fumar reduce la reserva ovárica en las mujeres y la calidad del semen en los hombres. Los jóvenes fumadores que esperan dejarlo «cuando llegue el momento» pueden encontrarse con que el daño acumulado es difícil de revertir completamente.
  • Obesidad y bajo peso: Ambos extremos del índice de masa corporal alteran el equilibrio hormonal necesario para la ovulación regular en la mujer y para la producción adecuada de espermatozoides en el hombre. El sobrepeso se asocia también con mayor riesgo de síndrome de ovario poliquístico (SOP).
  • Enfermedades de transmisión sexual (ETS): Infecciones como la clamidia o la gonorrea, si no se tratan a tiempo, pueden causar daños irreversibles en las trompas de Falopio de la mujer o en los conductos deferentes del hombre. Muchas de estas infecciones cursan de forma asintomática, por lo que pasan desapercibidas durante años.
  • Exposición a tóxicos ambientales: Pesticidas, disruptores endocrinos presentes en plásticos y cosméticos, metales pesados y otras sustancias químicas de uso cotidiano pueden interferir con el sistema hormonal y afectar negativamente a la producción de gametos.
  • Estrés crónico: El estrés mantenido en el tiempo altera los niveles de cortisol y otras hormonas que regulan el eje reproductivo, pudiendo causar alteraciones menstruales, anovulación y reducción de la calidad espermática.
  • Sedentarismo o ejercicio excesivo: Tanto la inactividad física como el ejercicio de alta intensidad practicado de forma extrema pueden alterar la función reproductiva. En las mujeres deportistas de élite o con trastornos de la conducta alimentaria, es frecuente la amenorrea hipotalámica.

El síndrome de ovario poliquístico y la endometriosis: enfermedades silenciosas

Dos de las causas más frecuentes de infertilidad femenina son patologías que pueden estar presentes desde la adolescencia sin ser diagnosticadas: el síndrome de ovario poliquístico (SOP) y la endometriosis.

El SOP afecta a entre un 5% y un 10% de las mujeres en edad reproductiva y se manifiesta con ciclos irregulares, exceso de vello, acné y dificultades para ovular. Muchas jóvenes con SOP no reciben un diagnóstico hasta que llevan meses intentando concebir sin éxito.

La endometriosis, por su parte, afecta a aproximadamente el 10-15% de las mujeres y se caracteriza por la presencia de tejido endometrial fuera del útero. Provoca dolores menstruales intensos, dolor pélvico crónico y puede causar daños en las trompas y los ovarios. Diagnosticarla y tratarla a tiempo es fundamental para preservar la fertilidad.

¿Qué pueden hacer los jóvenes para proteger su fertilidad?

Adoptar hábitos saludables desde joven es la mejor inversión en fertilidad futura. Algunas medidas concretas incluyen:

  • No fumar y evitar el consumo habitual de alcohol.
  • Mantener un peso saludable mediante una alimentación equilibrada y ejercicio moderado.
  • Usar protección en las relaciones sexuales para prevenir infecciones de transmisión sexual.
  • Someterse a revisiones ginecológicas o andrológicas regulares.
  • Consultar a un especialista ante síntomas como menstruaciones irregulares, dolor pélvico intenso o testículos con varicocele.
  • Reducir la exposición a sustancias tóxicas en el entorno laboral y doméstico.

Conclusión

Los factores de riesgo de infertilidad son más frecuentes y más prevenibles de lo que la mayoría de jóvenes imagina. La educación reproductiva temprana, los hábitos de vida saludables y la consulta médica preventiva son las herramientas más eficaces para proteger la capacidad de tener hijos en el futuro. No es necesario esperar a tener problemas para informarse: actuar antes es siempre la mejor estrategia.

Si quieres profundizar en este tema, consulta nuestra guia sobre infertilidad en pareja.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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