El consumo de tabaco es uno de los factores de riesgo reproductivo más documentados en la literatura científica, y al mismo tiempo uno de los más subestimados por la población general. Muchas mujeres que están intentando quedarse embarazadas o que ya han concebido continúan fumando sin ser plenamente conscientes del alcance real del daño que el tabaco puede causar sobre la fertilidad, el desarrollo del embarazo y la salud del bebé. Los datos son contundentes, y conocerlos puede ser el primer paso para dar el impulso definitivo a dejar de fumar.
El impacto del tabaco sobre la fertilidad femenina
Los efectos del tabaco sobre la fertilidad femenina son múltiples y actúan en varios niveles del sistema reproductivo. En primer lugar, el tabaco afecta directamente a la reserva ovárica: las mujeres fumadoras tienen, en promedio, un número menor de óvulos y una peor calidad ovocitaria que las no fumadoras de la misma edad. Los componentes del humo del tabaco —entre ellos la nicotina, el benzo[a]pireno y otros hidrocarburos policíclicos aromáticos— son tóxicos para los folículos ováricos y aceleran la atresia folicular (el proceso de «descarte» de folículos que ocurre de forma natural pero que el tabaco acelera significativamente).
Esto se traduce en la práctica en una reducción de la reserva ovárica equivalente a varios años de envejecimiento biológico. Las fumadoras entran en la menopausia, en promedio, 1-2 años antes que las no fumadoras. En mujeres que ya tienen una reserva ovárica limitada por su edad, el efecto del tabaco puede ser especialmente perjudicial.
El tabaco también afecta al transporte del óvulo y del embrión a través de las trompas de Falopio: altera la motilidad ciliar de las células que recubren las trompas, aumentando el riesgo de embarazo ectópico (fuera del útero) y dificultando el transporte del embrión hacia la cavidad uterina. Asimismo, el tabaco interfiere en la implantación embrionaria al alterar la receptividad del endometrio.
En términos de tasas de éxito en reproducción asistida, los estudios son consistentes: las fumadoras tienen menores tasas de fecundación, menor calidad embrionaria y menores tasas de embarazo tras la transferencia embrionaria en comparación con las no fumadoras. Algunas clínicas de reproducción asistida exigen o recomiendan dejar de fumar al menos 3 meses antes de iniciar un tratamiento.
Tabaco, aborto espontáneo y nacimiento prematuro
Las mujeres que fuman durante el embarazo tienen un riesgo significativamente mayor de sufrir un aborto espontáneo. Varios estudios estiman que este riesgo aumenta entre un 20% y un 80% en fumadoras, dependiendo de la cantidad de cigarrillos consumidos. El mecanismo implicado incluye el daño directo al ADN embrionario, la alteración del flujo sanguíneo placentario y los efectos vasoconstrictores de la nicotina que reducen el aporte de oxígeno y nutrientes al embrión.
El tabaco también se asocia con un mayor riesgo de parto prematuro —antes de la semana 37 de gestación—, de rotura prematura de membranas y de desprendimiento prematuro de placenta. El humo del tabaco provoca vasoconstricción en los vasos placentarios, lo que puede comprometer el suministro de oxígeno al feto y dar lugar a un crecimiento intrauterino retardado.
Los bebés de madres fumadoras tienen, en promedio, un peso al nacer entre 150 y 300 gramos inferior al de los bebés de madres no fumadoras. El bajo peso al nacer es un factor de riesgo independiente para múltiples problemas de salud a corto y largo plazo. Además, la exposición al tabaco in utero aumenta el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) y de problemas respiratorios en la infancia.
El tabaquismo pasivo también es perjudicial: las mujeres embarazadas que conviven con fumadores y están expuestas al humo ambiental del tabaco tienen mayores tasas de complicaciones del embarazo que las mujeres no expuestas. Por ello, el ambiente libre de humo durante el embarazo debe extenderse también al entorno doméstico y laboral de la gestante.
Conclusión
El tabaco es un factor de riesgo mayor y modificable para la fertilidad y el embarazo. Dejarlo —preferiblemente antes de intentar concebir, pero también durante el embarazo en cualquier momento— tiene beneficios inmediatos y sostenidos tanto para la madre como para el bebé. Si necesitas ayuda para dejar de fumar, consulta con tu médico sobre los programas de deshabituación tabáquica disponibles, muchos de ellos específicamente adaptados para mujeres que buscan embarazo o que ya están gestando.
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