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Revisado por el equipo médico de IMFER | Instituto Murciano de Fertilidad

Un diagnóstico de cáncer cambia la vida en cuestión de segundos. Entre el aluvión de información médica, los planes de tratamiento y las decisiones urgentes, la fertilidad futura raramente ocupa el primer plano. Sin embargo, muchos tratamientos oncológicos —quimioterapia, radioterapia y cirugía— pueden comprometer de forma permanente la capacidad reproductiva. La oncofertilidad es la disciplina que une oncología y medicina reproductiva para dar respuesta a esta realidad.

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En España, la incidencia del cáncer en personas jóvenes y en edad fértil ha aumentado progresivamente en las últimas décadas. Según los datos de la Sociedad Española de Oncología Médica, más del 10 % de los diagnósticos de cáncer se producen en personas menores de 45 años. Para muchas de ellas, la posibilidad de ser madres o padres en el futuro es una preocupación tan legítima como el propio tratamiento.

La buena noticia es que la medicina actual dispone de técnicas consolidadas para proteger la fertilidad antes de comenzar la oncoterapia. El tiempo entre el diagnóstico y el inicio del tratamiento suele ser suficiente para poner en marcha un proceso de preservación. La clave está en que el equipo oncológico y el equipo de reproducción asistida trabajen de forma coordinada desde el primer momento.

¿Por qué el cáncer y sus tratamientos afectan a la fertilidad?

Los tratamientos oncológicos actúan destruyendo células de división rápida, que es precisamente la característica de las células tumorales. Sin embargo, esta acción no es selectiva: las células germinales —óvulos y espermatozoides— también se dividen con rapidez y son vulnerables a estos agentes. Los mecanismos de daño varían según el tipo de tratamiento:

  • Quimioterapia: Los agentes alquilantes (ciclofosfamida, busulfán, melfalán) son los más gonadotóxicos. Pueden destruir folículos ováricos en las mujeres y alterar la espermatogénesis en los hombres, con efectos que van desde la disfunción temporal hasta la esterilidad permanente.
  • Radioterapia: La irradiación pélvica o abdominal afecta directamente al tejido gonadal. En mujeres, una dosis de 2 Gy sobre los ovarios puede destruir la mitad de la reserva folicular. En hombres, incluso dosis bajas sobre el testículo producen azoospermia temporal o permanente.
  • Cirugía oncológica: La extirpación de ovarios, útero o testículos por motivos oncológicos elimina directamente la capacidad reproductiva. Las cirugías pélvicas también pueden dañar estructuras nerviosas y vasculares esenciales para la reproducción.
  • Inmunoterapia y terapias dirigidas: Su impacto gonadal está menos documentado, pero ciertas moléculas inhibidoras de tirosina quinasa han mostrado efectos sobre la maduración ovocitaria y la función testicular en estudios preliminares.

El grado de daño depende del tipo de agente, la dosis acumulada, la edad del paciente y la reserva ovárica o testicular previa al tratamiento. Por eso es fundamental una evaluación individualizada antes de iniciar la oncoterapia.

Técnicas de preservación de la fertilidad disponibles

La oncofertilidad dispone hoy de un arsenal técnico que ha madurado considerablemente en la última década. Las opciones varían según el sexo del paciente, su edad y el tiempo disponible antes del tratamiento:

En mujeres

  • Vitrificación de óvulos: Es la técnica de elección en mujeres adultas. Requiere entre 10 y 14 días de estimulación ovárica con gonadotropinas, seguida de punción folicular bajo sedación. Los óvulos obtenidos se vitrifican (congelación ultrarrápida) y se almacenan indefinidamente hasta que la paciente desee usarlos. Las tasas de supervivencia postdescongelación superan el 85 % en centros con experiencia.
  • Vitrificación de embriones: En mujeres con pareja estable, los óvulos recuperados pueden ser fertilizados antes de su congelación. Esta opción ofrece tasas de éxito ligeramente superiores, pero implica compromisos legales de cogestión con la pareja.
  • Criopreservación de tejido ovárico: Indicada cuando el tiempo no permite una estimulación completa o en niñas prepúberes. Se extrae quirúrgicamente una parte del cortex ovárico, que contiene folículos primordiales, y se congela en fragmentos. Tras la remisión oncológica, el tejido puede reimplantarse. Ya se han producido más de 200 nacidos vivos en el mundo tras esta técnica.
  • Transposición ovárica (ooforopexia): Antes de radioterapia pélvica, los ovarios pueden desplazarse quirúrgicamente fuera del campo de irradiación para reducir la dosis recibida.

En hombres

  • Criopreservación de semen: Es la técnica más sencilla, rápida y efectiva. Una muestra de semen obtenida por masturbación se criopreserva en nitrógeno líquido. Puede realizarse en un solo día, sin preparación previa. Se recomienda obtener al menos dos o tres muestras antes de iniciar el tratamiento.
  • Criopreservación de tejido testicular: En varones prepúberes o en casos de azoospermia, se puede biopsiar y congelar tejido testicular que contenga células madre espermatogoniales. Su uso reproductivo posterior aún está en fase experimental en humanos, aunque los resultados en animales son prometedores.

El proceso en la práctica: coordinación oncología-reproducción

El tiempo es el factor más crítico en oncofertilidad. Idealmente, la derivación al equipo de reproducción debería producirse en las primeras 24-72 horas tras el diagnóstico. La mayoría de los protocolos de estimulación ovárica pueden iniciarse en cualquier momento del ciclo menstrual gracias a los protocolos de inicio aleatorio, lo que elimina la necesidad de esperar a una fase hormonal concreta.

En IMFER, el protocolo de oncofertilidad incluye una consulta urgente en menos de 48 horas, una evaluación completa de la reserva ovárica (AMH, recuento de folículos antrales, ecografía), el diseño de un protocolo personalizado de estimulación y la coordinación directa con el oncólogo para no demorar el inicio del tratamiento oncológico más de lo estrictamente necesario.

Es importante destacar que los protocolos de estimulación en oncofertilidad se han adaptado para minimizar los picos de estrógenos en tumores hormonodependientes (como el cáncer de mama con receptores hormonales positivos). El uso de letrozol como agente de estimulación permite obtener una cantidad adecuada de óvulos manteniendo niveles estrogénicos más bajos y seguros.

Preguntas frecuentes sobre oncofertilidad

¿Cuánto tiempo lleva el proceso de vitrificación de óvulos?

El proceso completo de estimulación ovárica y punción folicular dura entre 10 y 14 días. En casos urgentes, algunos centros aplican protocolos acelerados de 7-9 días. La punción en sí es ambulatoria y dura aproximadamente 20-30 minutos bajo sedación suave. La mujer puede retomar su vida normal al día siguiente.

¿La estimulación ovárica es segura con un diagnóstico de cáncer de mama?

Sí, cuando se utilizan protocolos adaptados. El uso de letrozol (inhibidor de la aromatasa) en lugar de FSH estándar como agente estimulante permite obtener óvulos con una elevación mínima de estrógenos. Los estudios de seguimiento a largo plazo no han demostrado un aumento del riesgo de recurrencia en pacientes de cáncer de mama que se han sometido a estimulación ovárica con letrozol antes del tratamiento.

¿Cuándo se pueden usar los óvulos o embriones congelados?

Los óvulos y embriones vitrificados pueden conservarse durante décadas sin pérdida significativa de viabilidad. Su uso se plantea una vez que la paciente ha superado el tratamiento oncológico, está en remisión estable y obtiene el visto bueno del oncólogo para un embarazo. El tiempo mínimo recomendado suele ser de 2 años tras el fin del tratamiento, aunque este plazo varía según el tipo y estadio del tumor.

¿Está cubierta la oncofertilidad por la sanidad pública?

En España, algunas comunidades autónomas han comenzado a financiar parcialmente la preservación de fertilidad en pacientes oncológicos jóvenes. Sin embargo, la cobertura no es homogénea en todo el territorio. Es fundamental consultar con el equipo oncológico y con el centro de reproducción para conocer las opciones de financiación disponibles en cada caso.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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