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El embarazo es un período de transformación profunda en el organismo femenino: los cambios hormonales, el crecimiento uterino y las adaptaciones fisiológicas que ocurren durante los nueve meses de gestación afectan a prácticamente todos los sistemas del cuerpo, incluido el aparato digestivo. Las molestias gastrointestinales son algunas de las quejas más frecuentes entre las embarazadas, y aunque en la mayoría de los casos no representan un riesgo para la salud, pueden afectar considerablemente la calidad de vida si no se abordan de forma adecuada.

¿Por qué el embarazo provoca problemas digestivos?

La principal culpable de muchas de las molestias digestivas del embarazo es la progesterona, la hormona que sostiene el embarazo y cuya concentración se eleva enormemente durante la gestación. La progesterona relaja la musculatura lisa de todo el cuerpo, incluyendo la del tracto digestivo. Esta relajación tiene una función: permitir que el útero crezca sin contracciones que pudieran interrumpir el embarazo. Pero como efecto colateral, ralentiza el tránsito intestinal y relaja el esfínter esofágico inferior, favoreciendo el reflujo gastroesofágico.

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A medida que el embarazo avanza, el útero en crecimiento ejerce una presión física creciente sobre los órganos abdominales —el estómago, el intestino, el colon— que desplaza y comprime, contribuyendo a las náuseas, la sensación de plenitud precoz, los gases y el estreñimiento.

Las molestias digestivas más frecuentes y cómo manejarlas

Náuseas y vómitos: Afectan a entre el 70% y el 85% de las embarazadas, especialmente en el primer trimestre. Aunque popularmente se conocen como «náuseas matutinas», pueden ocurrir a cualquier hora del día. Su causa exacta no está del todo aclarada, pero se relaciona con el aumento brusco de la gonadotropina coriónica humana (hCG) y con la mayor sensibilidad olfativa que acompaña al embarazo. Estrategias útiles incluyen: comer en pequeñas cantidades y con frecuencia, evitar los alimentos grasos o con olores intensos, consumir alimentos secos (tostadas, galletas saladas) antes de levantarse, y probar el jengibre en infusión o en cápsulas, cuya eficacia para reducir las náuseas está respaldada por varios estudios. En casos de hiperemesis gravídica (vómitos severos con pérdida de peso y deshidratación), es necesaria la intervención médica.

Acidez y reflujo gastroesofágico: La relajación del esfínter esofágico inferior por la progesterona, combinada con la presión del útero sobre el estómago en los últimos meses, hace que el reflujo sea extremadamente frecuente, afectando hasta al 80% de las embarazadas en el tercer trimestre. Medidas útiles: elevar la cabecera de la cama, evitar las comidas copiosas y acostarse inmediatamente después de comer, reducir el consumo de alimentos ácidos, picantes, grasos y de bebidas carbonatadas. Si las medidas dietéticas no son suficientes, el médico puede prescribir antiácidos o inhibidores de la bomba de protones seguros durante el embarazo.

Estreñimiento: La ralentización del tránsito intestinal por la progesterona, la compresión del colon por el útero, la reducción de la actividad física y el consumo de suplementos de hierro (frecuentemente prescrito durante el embarazo) contribuyen al estreñimiento, que afecta a aproximadamente el 40% de las gestantes. Estrategias recomendadas: aumentar el consumo de fibra (frutas, verduras, legumbres, cereales integrales), mantener una buena hidratación (al menos 2 litros de agua al día), realizar actividad física moderada adecuada al embarazo y, si es necesario, usar laxantes osmóticos (como la lactulosa) prescritos por el médico.

Gases y flatulencia: La ralentización del tránsito intestinal facilita la fermentación bacteriana de los alimentos y la producción de gas. Reducir el consumo de alimentos flatulentos (legumbres, col, brócoli, bebidas carbonatadas), comer despacio y masticar bien, y mantener la actividad física pueden aliviar este problema.

Hemorroides: La presión del útero sobre los vasos pélvicos y el estreñimiento frecuente favorecen la aparición o el empeoramiento de las hemorroides. La prevención del estreñimiento es la medida más importante. Si ya existen, los baños de asiento con agua tibia y las cremas de aplicación local con médicos aprobadas para el embarazo pueden proporcionar alivio.

Conclusión

Las molestias digestivas son compañeras frecuentes del embarazo, pero en la mayoría de los casos pueden manejarse eficazmente con cambios en la alimentación, hábitos y, cuando es necesario, medicación segura prescrita por el médico. No normalices las molestias hasta el punto de no consultar: tu médico o matrona puede orientarte y ofrecerte soluciones que mejoren significativamente tu bienestar durante los nueve meses de gestación.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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