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Mucho antes de que un bebé pronuncie su primera palabra, ya lleva meses comunicándose. Y mucho antes de que nazca, ya lleva semanas percibiendo, procesando y respondiendo a estímulos del mundo exterior. La idea de que la comunicación humana comienza en el nacimiento es una simplificación que la neurociencia moderna ha ido desmontando de manera sistemática: el feto en el tercer trimestre de gestación tiene un sistema nervioso lo suficientemente desarrollado como para percibir sonidos, ritmos y variaciones táctiles, y para responder a ellos de maneras observables.

Para las familias que esperan un bebé —especialmente para quienes han llegado a ese embarazo después de un proceso largo y emocionalmente exigente como puede ser un tratamiento de reproducción asistida—, entender que la relación con su hijo ya ha comenzado antes del nacimiento puede ser profundamente significativo. El vínculo no espera al momento del parto: se construye desde el interior.

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En este artículo exploramos qué percibe el feto en los últimos meses del embarazo, cómo el vínculo prenatal influye en el desarrollo posterior, qué nos comunican los bebés recién nacidos y cómo responder a esa comunicación de manera que favorezca su desarrollo neurológico y emocional.

Qué percibe el feto en el tercer trimestre

El sistema auditivo fetal está funcionalmente activo desde aproximadamente la semana 25 de gestación, aunque la capacidad de procesar sonidos complejos se desarrolla principalmente en el tercer trimestre. El feto percibe sonidos a través de dos vías: la conducción ósea, que transmite las vibraciones directamente a través del cuerpo materno, y la vía aérea, que permite percibir sonidos del exterior que atraviesan el líquido amniótico.

La voz materna ocupa un lugar privilegiado en la experiencia auditiva prenatal. La madre habla con frecuencia, y su voz llega al feto amplificada por la conducción ósea a través de los tejidos del cuerpo. Los estudios que han comparado la respuesta de recién nacidos a la voz materna frente a otras voces femeninas muestran que los bebés reconocen la voz de su madre desde el primer día de vida, lo que implica un aprendizaje prenatal activo. Más aún: los recién nacidos muestran preferencia por melodías o canciones que la madre cantó o escuchó con frecuencia durante el embarazo, lo que sugiere que el aprendizaje auditivo prenatal va más allá del simple reconocimiento de la voz.

El ritmo cardíaco materno es probablemente el estímulo auditivo más constante en la experiencia fetal: los aproximadamente 70 latidos por minuto del corazón de la madre son el sonido de fondo permanente de la vida intrauterina. Esto puede explicar por qué muchos bebés recién nacidos se calman de manera especialmente efectiva cuando se les coloca sobre el pecho de su madre o de su padre: el ritmo cardíaco evoca el entorno familiar del útero.

El sentido del tacto también está activo en el tercer trimestre. El feto percibe las presiones sobre el abdomen materno, los movimientos del cuerpo de la madre y sus propios movimientos dentro del espacio uterino. Los masajes suaves sobre el abdomen pueden provocar respuestas motoras observables del feto, y los estudios de resonancia magnética han mostrado que los fetos tocan con frecuencia su propio cuerpo y el cordón umbilical, lo que se interpreta como una forma de exploración táctil activa.

El vínculo prenatal y sus efectos en el desarrollo postnatal

El concepto de vínculo prenatal —la relación afectiva que los progenitores establecen con el feto antes del nacimiento— tiene correlatos biológicos y conductuales observables. Las madres que reportan un mayor vínculo prenatal muestran niveles más altos de oxitocina durante y después del parto, lo que se asocia con mayor facilidad para establecer la lactancia materna y con respuestas más sensibles a las señales del bebé en los primeros meses.

El vínculo prenatal también parece amortiguar los efectos del estrés durante el embarazo sobre el desarrollo del bebé. El estrés materno sostenido durante el embarazo —especialmente en el segundo y tercer trimestre— se asocia con alteraciones en el eje del estrés del bebé que pueden tener consecuencias en su regulación emocional posterior. Las prácticas que fortalecen el vínculo prenatal —hablarle al feto, cantarle, responder a sus movimientos, visualizar al bebé— también reducen la ansiedad materna, creando un círculo que beneficia tanto a la madre como al feto.

Para las mujeres que han concebido tras un proceso de reproducción asistida, que con frecuencia han vivido meses o años de incertidumbre, pérdidas y frustración, el embarazo puede llegar con una mezcla de alegría y dificultad para soltar la guardia emocional. Entender que el vínculo prenatal es un proceso activo y construido —no algo que ocurre automáticamente— puede ser liberador: no hay una forma única de vincularse con el bebé en el útero, y cada familia encuentra la suya.

El recién nacido como comunicador: señales preverb ales y cómo responder

El llanto es la herramienta de comunicación más obvia del recién nacido, pero es solo una más dentro de un repertorio comunicativo sorprendentemente rico. Los bebés comunican mediante expresiones faciales, movimientos corporales, dirección de la mirada, cambios en el tono muscular y vocalizaciones variadas mucho antes de que aparezcan las primeras palabras.

Investigadores como el pediatra T. Berry Brazelton describieron en detalle los estados de alerta del recién nacido y la manera en que el bebé busca activamente la interacción social cuando está en estado de alerta tranquila —ni dormido ni llorando ni sobreestimulado. En ese estado, el bebé puede mantener contacto visual, imitar expresiones faciales y responder a la voz humana con movimientos sincronizados del cuerpo. Estas proto-conversaciones, que se observan desde los primeros días de vida, son la base sobre la que se construye el lenguaje.

Responder a las señales del bebé de manera sensible y contingente —es decir, de manera que el bebé perciba que su comunicación tiene efecto en el mundo— es uno de los factores más importantes en el desarrollo neurológico temprano. Cada vez que un cuidador responde al llanto del bebé, a su mirada o a su sonrisa, se refuerza en el bebé el circuito neurológico que dice: mis señales importan, el mundo responde a mí. Ese circuito es la base de la confianza, del apego seguro y de la capacidad futura de relacionarse.

Los padres primerizos a veces sienten que no saben cómo comunicarse con un recién nacido, que la interacción es unilateral o que el bebé no les devuelve señales claras. La realidad es que los bebés necesitan tiempo para desarrollar su repertorio comunicativo y que los cuidadores también necesitan tiempo para aprender a leer las señales de su bebé específico, porque cada bebé tiene su propio estilo. La paciencia, la presencia y la disposición a observar —sin buscar respuestas perfectas— son las herramientas más valiosas en esos primeros meses.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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