La fertilidad es el resultado de un equilibrio biológico delicado que puede verse afectado por muchos factores, y no todos ellos tienen un origen médico. En los últimos años, la investigación científica ha puesto de relieve que el entorno en el que vivimos, lo que comemos, lo que respiramos y a qué sustancias nos exponemos de forma cotidiana tienen un impacto real sobre la capacidad reproductiva tanto de hombres como de mujeres. Congresos internacionales como el de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) han dedicado cada vez más atención a estos factores, que se suman a los factores médicos clásicos en la evaluación de la fertilidad.
La alimentación y su influencia sobre la fertilidad
La dieta es uno de los factores modificables con mayor impacto sobre la fertilidad. Varios estudios han encontrado asociaciones significativas entre determinados patrones alimentarios y la capacidad de concebir, así como con los resultados de los tratamientos de reproducción asistida.
Entre los hallazgos más llamativos se encuentra la relación entre el consumo elevado de cafeína y una reducción en las tasas de éxito de la fecundación in vitro. Investigaciones presentadas en congresos de reproducción asistida han documentado que las mujeres que consumen más de cinco tazas de café al día durante el tratamiento presentan tasas de embarazo significativamente menores que las que limitan su consumo. Aunque el mecanismo exacto no está del todo claro, se cree que la cafeína puede afectar a la receptividad del endometrio y al desarrollo embrionario. La recomendación general es no superar las una o dos tazas diarias cuando se está en tratamiento de fertilidad.
La dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, pescado azul, aceite de oliva y cereales integrales, se ha asociado con mejores resultados de fertilidad tanto en hombres como en mujeres. En el caso masculino, una dieta de este tipo contribuye a mejorar la calidad seminal, en particular la motilidad y la morfología de los espermatozoides. Los antioxidantes presentes en frutas y verduras, como las vitaminas C y E, el licopeno o el zinc, ayudan a proteger el material genético de los espermatozoides del daño oxidativo.
El sobrepeso y la obesidad también afectan negativamente a la fertilidad al alterar el equilibrio hormonal. En las mujeres, el exceso de tejido adiposo puede provocar hiperinsulinismo, alteraciones en los niveles de estrógenos y andrógenos y ciclos irregulares o anovulatorios. En los hombres, aumenta el riesgo de alteraciones en la producción de testosterona y en la calidad seminal.
Los tóxicos ambientales y su efecto sobre la capacidad reproductiva
Además de la alimentación, la exposición a determinados agentes químicos presentes en el entorno cotidiano y en el mundo laboral puede comprometer la fertilidad. Los llamados disruptores endocrinos son sustancias que interfieren con el sistema hormonal del organismo, mimetizando o bloqueando la acción de las hormonas naturales. Entre los más estudiados se encuentran:
- Bisfenol A (BPA): Presente en plásticos de uso alimentario, envases y recibos térmicos. Se ha asociado con alteraciones en la calidad ovocitaria y en la función espermática.
- Ftalatos: Usados en plásticos flexibles, cosméticos y ambientadores. Pueden afectar a los niveles de testosterona y a la espermatogénesis.
- Pesticidas organoclorados: Utilizados en agricultura, pueden acumularse en el organismo a través de los alimentos y afectar al sistema reproductivo.
- Metales pesados: La exposición laboral a plomo, mercurio o cadmio se ha asociado con reducción de la fertilidad tanto masculina como femenina.
- Contaminación del aire: Varios estudios han relacionado la exposición crónica a partículas en suspensión con tasas de fertilidad más bajas y mayor riesgo de complicaciones durante el embarazo.
Reducir la exposición a estos agentes en la medida de lo posible, optar por envases de vidrio o acero inoxidable en lugar de plástico, consumir alimentos de producción ecológica cuando sea factible y ventillar regularmente los espacios cerrados son medidas que, aunque no garantizan nada por sí solas, contribuyen a un entorno más favorable para la salud reproductiva.
Conclusión
La fertilidad no depende solo de la biología individual, sino también del entorno en el que vivimos y de los hábitos que adoptamos. Pequeños cambios en la alimentación y en la reducción de la exposición a tóxicos pueden tener un impacto positivo real. Si estás buscando un embarazo o en tratamiento de fertilidad, habla con tu médico sobre cómo optimizar tu estilo de vida para mejorar tus probabilidades de éxito.
Si quieres profundizar en este tema, consulta nuestra guia sobre infertilidad en pareja.
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