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Un diagnóstico de cáncer en edad reproductiva supone un impacto devastador en múltiples planos de la vida de una mujer. Además del reto médico que implica enfrentar la enfermedad, muchas pacientes se enfrentan a una preocupación adicional: la posibilidad de perder su capacidad de ser madres como consecuencia de los tratamientos oncológicos. La vitrificación de óvulos en mujeres con cáncer se ha convertido en los últimos años en una herramienta fundamental para preservar la fertilidad antes de iniciar la quimioterapia o la radioterapia.

Por qué los tratamientos oncológicos afectan a la fertilidad

La quimioterapia y la radioterapia actúan destruyendo o dañando las células que se dividen rápidamente, que son precisamente las células cancerosas. Sin embargo, este mecanismo de acción no discrimina entre células malignas y sanas: los folículos ováricos, que contienen los óvulos en desarrollo, también pueden verse gravemente afectados por estos tratamientos.

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El daño depende de varios factores: el tipo de fármaco quimioterápico utilizado, la dosis administrada, la edad de la paciente y la localización de la radioterapia. Los agentes alquilantes, como la ciclofosfamida, son especialmente gonadotóxicos, es decir, particularmente dañinos para el ovario. La irradiación pélvica, utilizada en tumores ginecológicos o de colon, puede destruir el tejido ovárico de forma irreversible si los ovarios no se protegen o no se desplazan quirúrgicamente fuera del campo de radiación.

Como resultado, muchas mujeres que superan el cáncer quedan con una reserva ovárica muy disminuida o directamente en menopausia prematura, lo que cierra la puerta a un embarazo con óvulos propios. De ahí la importancia de actuar antes de que comiencen los tratamientos.

La vitrificación de óvulos: en qué consiste el proceso

La vitrificación es una técnica de criopreservación ultrarrápida que permite congelar los óvulos en cuestión de milisegundos, evitando la formación de cristales de hielo que podrían dañar su estructura interna. A diferencia de la congelación lenta, la vitrificación ha demostrado tasas de supervivencia del óvulo tras la descongelación superiores al noventa por ciento en muchos centros especializados, lo que la convierte en el estándar actual para la preservación de gametos femeninos.

El proceso comienza con una estimulación ovárica controlada mediante inyecciones de hormonas durante aproximadamente diez a catorce días. El objetivo es hacer madurar simultáneamente el mayor número posible de folículos para obtener varios óvulos en una sola punción. Al final de la estimulación, se realiza la recuperación ovocitaria bajo sedación, un procedimiento mínimamente invasivo que dura entre quince y veinte minutos.

Los óvulos recuperados son evaluados en el laboratorio y los que presentan madurez adecuada son vitrificados y almacenados en nitrógeno líquido a menos de ciento noventa grados centígrados, donde pueden conservarse durante años sin deterioro significativo.

Vitrificación de óvulos en pacientes oncológicas: consideraciones especiales

En el contexto de la oncofertilidad, el tiempo es un factor crítico. El inicio del tratamiento oncológico no puede demorarse demasiado, por lo que el equipo de reproducción asistida debe coordinar el proceso de estimulación ovárica con el oncólogo para ajustar los tiempos sin comprometer la eficacia del tratamiento del cáncer. En la mayoría de los casos, la estimulación puede completarse en dos semanas, lo que permite iniciar la quimioterapia o la cirugía sin retrasos significativos.

En mujeres con tumores hormonosensibles, como el cáncer de mama con receptores de estrógeno positivos, existe la preocupación de que la estimulación ovárica convencional, que eleva los niveles de estrógenos de forma transitoria, pueda ser perjudicial. Para estos casos se han desarrollado protocolos de estimulación modificados que incluyen letrozol, un inhibidor de la aromatasa que limita el pico estrogénico. Estos protocolos han demostrado ser seguros y eficaces, y están disponibles en centros especializados en oncofertilidad.

Otra opción complementaria, especialmente útil cuando no hay tiempo para una estimulación completa o en niñas que aún no han alcanzado la pubertad, es la criopreservación de tejido ovárico. Esta técnica consiste en extraer y congelar fragmentos del ovario para reimplantarlos una vez superada la enfermedad. Aunque es una técnica más experimental, ya ha permitido el nacimiento de niños en todo el mundo.

¿Cuándo plantear la preservación de fertilidad en una paciente con cáncer?

Las guías clínicas internacionales recomiendan que todos los oncólogos que traten a mujeres en edad reproductiva les informen sobre el riesgo de infertilidad asociado al tratamiento y las deriven a un especialista en reproducción asistida antes de comenzar la terapia. Sin embargo, en la práctica, esta derivación no siempre se produce de forma sistemática.

La preservación de fertilidad es especialmente recomendable en mujeres menores de cuarenta años con buen pronóstico oncológico, que deseen tener hijos en el futuro y cuyo tratamiento vaya a incluir agentes gonadotóxicos o irradiación pélvica. Cuanto más joven sea la paciente y mayor sea su reserva ovárica, mayor será el número de óvulos recuperados y mejores las perspectivas de un futuro embarazo.

Es fundamental que la consulta con el especialista en fertilidad se produzca lo antes posible tras el diagnóstico, idealmente en los primeros días, para poder planificar el proceso sin interferir con el calendario oncológico.

Conclusión

La vitrificación de óvulos ofrece a las mujeres con cáncer la posibilidad de conservar su proyecto reproductivo durante el tiempo que sea necesario para superar la enfermedad. Es una técnica segura, eficaz y cada vez más accesible que debería formar parte del protocolo estándar de atención a toda paciente oncológica en edad fértil. La coordinación entre oncólogos y especialistas en reproducción es la clave para que ninguna mujer tenga que elegir entre luchar contra el cáncer y la posibilidad de ser madre.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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