En la mitología griega, Penélope esperaba pacientemente el regreso de Ulises, tejiendo y destejiendo sin cesar. Este mito ha dado nombre a un fenómeno contemporáneo que afecta a un número creciente de mujeres: el Síndrome de Penélope, que describe a aquellas que han ido posponiendo la maternidad durante años —por razones personales, profesionales o emocionales— y que cuando finalmente deciden intentarlo, se encuentran con que el reloj biológico no ha esperado. Se calcula que tres de cada diez mujeres que acuden a las consultas de fertilidad se identifican con este perfil.
¿Quiénes son las mujeres con Síndrome de Penélope?
El perfil típico es el de una mujer de más de 38-40 años, con estudios universitarios, desarrollada profesionalmente y que durante gran parte de su vida reproductiva no tuvo la maternidad como prioridad. No se trata de un fallo ni de un error: son mujeres que tomaron decisiones perfectamente legítimas en cada momento de su vida, respondiendo a sus circunstancias y a sus valores. El problema es que la biología no siempre espera a que llegue el momento ideal.
Muchas de estas mujeres llegaron a la treintena pensando que aún tenían tiempo. Algunas no encontraron a la pareja adecuada, otras priorizaron su carrera o su estabilidad económica, y otras simplemente no se sintieron preparadas emocionalmente. Cuando finalmente deciden buscar el embarazo, se encuentran con que la reserva ovárica ha disminuido significativamente, los óvulos disponibles tienen menor calidad y las posibilidades de concepción natural son notablemente más bajas.
El impacto de la edad en la fertilidad femenina
La fertilidad femenina no es constante a lo largo del tiempo. Alcanza su punto máximo entre los 20 y los 28 años, comienza a descender de forma perceptible a partir de los 30 y se acelera significativamente a partir de los 35. A los 40 años, las probabilidades de concebir de forma natural en cada ciclo se sitúan entre el 5% y el 10%, frente al 25-30% de una mujer joven y sana.
Además de la cantidad, también disminuye la calidad de los óvulos. Los óvulos de una mujer mayor tienen mayor probabilidad de presentar alteraciones cromosómicas, lo que eleva el riesgo de aborto espontáneo y de anomalías genéticas en el embrión. Por eso, el tiempo es un factor especialmente crítico en estos casos.
Lo que muchas mujeres desconocen es que la reserva ovárica —el número de óvulos disponibles en los ovarios— empieza a disminuir de forma acelerada a partir de los 37 años. Este proceso es silencioso: no produce síntomas y solo puede detectarse mediante pruebas específicas, como la medición de la hormona antimülleriana (AMH) y el recuento de folículos antrales mediante ecografía.
Opciones disponibles para estas mujeres
La buena noticia es que la medicina reproductiva ofrece hoy varias alternativas para las mujeres que se encuentran en esta situación:
- Fecundación in vitro (FIV) con óvulos propios: posible si la reserva ovárica aún es suficiente, aunque las tasas de éxito disminuyen con la edad.
- Donación de óvulos: cuando la reserva ovárica es muy baja o la calidad de los óvulos propios no es adecuada, los óvulos de una donante joven ofrecen tasas de éxito significativamente más altas.
- Diagnóstico genético preimplantacional (DGP): permite analizar los embriones antes de transferirlos al útero para seleccionar los que no presentan anomalías cromosómicas, reduciendo el riesgo de aborto.
También existe una herramienta preventiva que puede ser muy útil para las mujeres que aún no están listas para ser madres pero quieren preservar sus opciones: la vitrificación de óvulos. Congelar óvulos en los mejores años de fertilidad —antes de los 36— permite «guardar» células de mayor calidad para usarlas en el futuro.
Conclusión
El Síndrome de Penélope no es una condena ni un fracaso personal. Es el reflejo de una sociedad en la que las mujeres asumen múltiples responsabilidades y en la que la maternidad no siempre puede encajar en los momentos biológicamente más favorables. Lo importante es no renunciar sin antes explorar todas las opciones disponibles. La medicina reproductiva ha avanzado enormemente y puede ofrecer soluciones reales a muchas de estas mujeres. La clave está en no esperar demasiado para pedir ayuda especializada.
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