Revisado por el equipo médico de IMFER | Instituto Murciano de Fertilidad
- Qué dice la evidencia científica: el gran metaanálisis
- La excepción: los tumores ováricos borderline
- Factores que sí aumentan el riesgo de cáncer de ovario: lo que realmente importa
- Recomendaciones para las pacientes de fertilidad
- Preguntas frecuentes
- ¿Cuántos ciclos de estimulación ovárica es seguro realizar?
- ¿La donación de óvulos implica más riesgo de cáncer de ovario para la donante?
- ¿Qué síntomas del ovario deben hacer consultar al médico?
Una de las preguntas que más preocupa a las mujeres cuando se plantean iniciar un tratamiento de fertilidad —y que muy pocas se atreven a formular en voz alta— es si las hormonas que se administran durante la estimulación ovárica pueden aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de ovario. Es una pregunta completamente legítima y que merece una respuesta honesta, basada en la mejor evidencia disponible y desprovista de alarmas injustificadas o de tranquilizaciones superficiales.
La preocupación tiene una base biológica comprensible: los tratamientos de estimulación ovárica utilizan hormonas —gonadotrofinas, principalmente FSH y LH— para inducir el desarrollo de múltiples folículos. El ovario es un órgano hormono-dependiente, y el cáncer de ovario es también, en cierta medida, un cáncer con componente hormonal. La pregunta, por tanto, no es absurda. Sin embargo, la respuesta que proporciona la ciencia actual es mayoritariamente tranquilizadora.
En este artículo analizamos qué sabemos hoy sobre la relación entre los tratamientos de reproducción asistida y el cáncer de ovario, qué dice la evidencia más sólida, dónde persisten las incertidumbres y qué factores sí se asocian de forma clara con un mayor riesgo oncológico en mujeres que buscan quedarse embarazadas.
Qué dice la evidencia científica: el gran metaanálisis
La mayor revisión sistemática publicada hasta la fecha sobre este tema analizó los datos de decenas de estudios de cohortes y de casos y controles, con un seguimiento de miles de mujeres durante periodos superiores a diez años. La conclusión principal fue clara: no existe una asociación estadísticamente significativa entre la estimulación ovárica para FIV y el aumento del riesgo de cáncer de ovario epitelial —el tipo más frecuente y más grave de cáncer de ovario.
La Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM), en sus guías de práctica clínica, concluye de forma explícita que, aunque en algunos estudios se ha observado una discreta asociación entre infertilidad y mayor riesgo de ciertas neoplasias ginecológicas, no hay evidencia de que los tratamientos de reproducción asistida sean los causantes de ese riesgo. La variable confundente más importante es la propia infertilidad: las mujeres con infertilidad tienen características hormonales y ginecológicas que, independientemente del tratamiento, podrían asociarse a un riesgo ligeramente mayor de determinados tumores.
En pocas palabras: si hay un riesgo mayor, es probable que sea la infertilidad subyacente la responsable, no el tratamiento.
La excepción: los tumores ováricos borderline
Donde la evidencia es algo menos tranquilizadora es en los denominados tumores ováricos borderline o de bajo potencial maligno. Estos tumores —distintos del cáncer de ovario invasivo por su comportamiento biológico mucho más favorable— han aparecido asociados a la estimulación ovárica en algunos estudios, con un riesgo aproximadamente doble al de la población general.
Sin embargo, hay varios matices importantes que contextualizar. Primero, los tumores borderline tienen un pronóstico excelente en la gran mayoría de los casos: su tratamiento quirúrgico conservador suele ser curativo y la supervivencia a largo plazo supera el 95%. Segundo, el riesgo absoluto sigue siendo bajo: estamos hablando de un aumento relativo sobre una probabilidad de base ya pequeña. Tercero, no está claro si el aumento del riesgo se debe al tratamiento en sí o a características subyacentes de las mujeres con infertilidad, que tienen mayor prevalencia de determinadas anomalías ováricas.
La comunidad científica reconoce que se necesitan más estudios con seguimientos más largos —idealmente de 20-30 años— para establecer conclusiones definitivas en este punto.
Factores que sí aumentan el riesgo de cáncer de ovario: lo que realmente importa
Más allá del debate sobre la estimulación ovárica, conviene recordar cuáles son los factores de riesgo de cáncer de ovario que sí tienen un respaldo científico sólido, porque algunos de ellos son modificables o deben tenerse en cuenta en el seguimiento ginecológico de las pacientes de fertilidad.
- Historia familiar: tener una madre, hermana o hija con cáncer de ovario multiplica significativamente el riesgo. Las mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2 son el factor genético más importante y se asocian con un riesgo acumulado de hasta el 40-60% a lo largo de la vida.
- Nuliparidad: las mujeres que nunca han tenido hijos tienen mayor riesgo de cáncer de ovario que las que han parido al menos una vez. Esta asociación inversa entre embarazos y riesgo oncológico es uno de los argumentos que subraya la importancia de tratar la infertilidad.
- Endometriosis: las mujeres con endometriosis tienen un riesgo ligeramente aumentado de ciertos tipos de cáncer de ovario, en particular el carcinoma endometrioide y el de células claras.
- Síndrome de ovario poliquístico (SOP): algunos estudios han encontrado asociación entre el SOP y mayor riesgo de cáncer de endometrio y posiblemente de ovario, aunque la evidencia no es tan sólida como en los casos anteriores.
- Edad y menopausia tardía: el riesgo de cáncer de ovario aumenta con la edad, y la menopausia tardía —después de los 52 años— se asocia a un riesgo ligeramente mayor.
Recomendaciones para las pacientes de fertilidad
La evidencia disponible no justifica en absoluto renunciar a un tratamiento de reproducción asistida por miedo al cáncer de ovario. Lo que sí justifica es mantener un seguimiento ginecológico regular antes, durante y después del tratamiento, y ser especialmente rigurosas con el cribado si existen antecedentes familiares de cáncer de ovario o mutaciones genéticas conocidas.
Las pacientes con mutaciones BRCA deben ser informadas de que su riesgo de cáncer de ovario es significativo con independencia de los tratamientos de fertilidad, y deben recibir un asesoramiento genético específico que incluya la discusión sobre opciones preventivas. En estos casos, el diagnóstico genético preimplantacional también puede ser una herramienta relevante para evitar transmitir la mutación a la descendencia.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos ciclos de estimulación ovárica es seguro realizar?
No existe un límite establecido con base en el riesgo oncológico, dado que la evidencia no muestra aumento significativo del riesgo de cáncer invasivo con el número de ciclos realizados. Las decisiones sobre el número de ciclos a realizar se toman en función de los resultados obtenidos, la respuesta ovárica de la paciente y los embriones disponibles, no por criterios de seguridad oncológica. Sin embargo, en mujeres con factores de riesgo específicos —como mutaciones BRCA o antecedentes familiares fuertes— es razonable una evaluación más individualizada.
¿La donación de óvulos implica más riesgo de cáncer de ovario para la donante?
La evidencia disponible no muestra que las donantes de óvulos —que realizan entre uno y seis ciclos de estimulación a lo largo de su vida, según la legislación española— tengan un riesgo aumentado de cáncer de ovario. Los registros de seguimiento de donantes existentes son tranquilizadores, aunque la comunidad científica reconoce la necesidad de estudios de seguimiento a largo plazo más amplios. Las donantes son sometidas a controles médicos específicos antes, durante y después de cada donación.
¿Qué síntomas del ovario deben hacer consultar al médico?
El cáncer de ovario es conocido como el «silencioso» porque sus síntomas tempranos son inespecíficos. Sin embargo, la presencia persistente de hinchazón abdominal, dolor pélvico o abdominal sin causa clara, sensación de llenado rápido al comer o necesidad urinaria frecuente sin infección confirmada son señales que merecen evaluación ginecológica. No esperes a que los síntomas sean intensos: ante la duda, consulta.
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