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La relación entre el peso corporal y la fertilidad es bidireccional y más estrecha de lo que muchas personas imaginan. La obesidad, definida como un índice de masa corporal (IMC) superior a 30, afecta profundamente al sistema endocrino reproductivo tanto en hombres como en mujeres, interfiriendo con la producción hormonal, la calidad de los gametos y la capacidad del organismo para sostener un embarazo. Según los estudios disponibles, aproximadamente el 5% de las personas con obesidad tiene dificultades para concebir directamente atribuibles al exceso de peso.

Cómo afecta la obesidad a la fertilidad femenina

En la mujer, el tejido adiposo en exceso no es simplemente una reserva energética pasiva. El tejido graso es metabolicamente activo y produce estrógenos a través de un proceso llamado aromatización, convirtiendo los andrógenos suprarrenales en estrógenos. Cuando hay un exceso de tejido graso, se producen más estrógenos de los necesarios, lo que altera el delicado equilibrio hormonal del eje hipotálamo-hipófisis-ovario que regula el ciclo menstrual.

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Las consecuencias más frecuentes de este desequilibrio hormonal en mujeres con obesidad incluyen:

  • Ciclos menstruales irregulares o ausencia de menstruación: la señal de ovulación puede bloquearse o retrasarse, reduciendo la ventana fértil mensual.
  • Anovulación: la ovulación no se produce, lo que hace imposible la concepción natural.
  • Síndrome de ovario poliquístico (SOP): la obesidad y la resistencia a la insulina asociada favorecen el desarrollo o el agravamiento del SOP, uno de los trastornos reproductivos más comunes.
  • Menor calidad ovocitaria: algunos estudios han evidenciado que los óvulos de mujeres con obesidad presentan alteraciones en su estructura y en su capacidad de ser fecundados y de originar embriones de buena calidad.
  • Mayor riesgo de aborto espontáneo: incluso cuando se logra la concepción, el riesgo de pérdida gestacional es mayor en mujeres con obesidad.
  • Menor respuesta a los tratamientos de fertilidad: las mujeres con obesidad necesitan dosis más altas de medicamentos para la estimulación ovárica y obtienen peores resultados en los ciclos de FIV.

Además, durante el embarazo, la obesidad aumenta significativamente el riesgo de diabetes gestacional, preeclampsia, parto prematuro y complicaciones durante el parto.

Cómo afecta la obesidad a la fertilidad masculina

El impacto de la obesidad en la fertilidad masculina es igualmente relevante aunque menos conocido. El exceso de tejido adiposo en el hombre también eleva los niveles de estrógenos circulantes mediante el mismo proceso de aromatización descrito anteriormente, lo que suprime la producción de testosterona y altera la espermatogénesis (producción de espermatozoides).

Los estudios señalan que los hombres con obesidad presentan con mayor frecuencia:

  • Menor concentración de espermatozoides en el semen (oligospermia).
  • Mayor porcentaje de espermatozoides con morfología anormal (teratospermia).
  • Reducción de la movilidad espermática (astenospermia).
  • Mayor fragmentación del ADN espermático, lo que afecta negativamente al desarrollo embrionario.
  • Disfunción eréctil, especialmente cuando la obesidad se asocia a diabetes tipo 2 e hipertensión.

El calor escrotal excesivo, favorecido por el acúmulo de grasa en la zona inguinal y el mayor sedentarismo asociado a la obesidad, también contribuye al deterioro de la calidad seminal, ya que la producción óptima de espermatozoides requiere una temperatura ligeramente inferior a la corporal.

Qué se puede hacer: medidas concretas

La buena noticia es que los efectos de la obesidad sobre la fertilidad son en gran medida reversibles. Estudios clínicos han demostrado que una pérdida de peso moderada, de entre el 5% y el 10% del peso corporal, puede ser suficiente para restaurar ciclos menstruales ovulatorios en mujeres con anovulación relacionada con el peso, mejorar la calidad seminal en hombres y aumentar las tasas de éxito en los tratamientos de reproducción asistida.

La pérdida de peso debe abordarse de forma progresiva y sostenible, a través de cambios en la alimentación y el aumento de la actividad física, con el apoyo de un equipo multidisciplinar que incluya nutricionista, endocrinólogo y especialista en fertilidad. Las dietas extremas o el ayuno prolongado pueden tener el efecto contrario, alterando aún más el eje hormonal reproductivo.

Conclusión

La obesidad es uno de los factores modificables con mayor impacto sobre la fertilidad, tanto masculina como femenina. Abordarla de forma activa antes de intentar la concepción, natural o asistida, puede marcar una diferencia real en las posibilidades de éxito. Si el peso es un factor en tu caso, trabaja con profesionales especializados y mantén la confianza: los cambios, aunque requieren tiempo, tienen un impacto medible y positivo.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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