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Revisado por el equipo médico de IMFER | Instituto Murciano de Fertilidad

En el ámbito de la fertilidad y la reproducción circulan innumerables creencias populares que no tienen ningún respaldo científico. Algunas son inofensivas; otras, en cambio, pueden llevar a parejas a retrasar la búsqueda de ayuda médica, a someterse a prácticas inútiles o incluso perjudiciales, o a cargar con sentimientos de culpa y fracaso completamente injustificados. En una época en que la información está al alcance de todos pero la desinformación también, distinguir entre mito y evidencia se ha convertido en una necesidad.

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Los mitos sobre la fertilidad nacen de diversas fuentes: la tradición oral, la generalización de experiencias individuales, la interpretación incorrecta de estudios científicos o, simplemente, el deseo humano de encontrar explicaciones simples a fenómenos complejos. El problema es que, cuando una pareja está pasando por el difícil camino de la infertilidad, esas creencias pueden añadir una carga emocional enorme e injustificada.

A continuación desmontamos, con argumentos médicos, diez de los mitos más frecuentes sobre la fertilidad que escuchamos en la consulta. Si alguno de ellos te suena familiar, sigue leyendo.

Mitos sobre la fertilidad femenina

Mito 1: «Si me relajo, me quedaré embarazada»

Es quizás el mito más dañino de todos, porque implica que la infertilidad es culpa del estrés de la mujer, y que si simplemente «se relajara» el problema se resolvería. La realidad es que la infertilidad es una condición médica con causas identificables en la gran mayoría de los casos: alteraciones tubáricas, problemas ovulatorios, factor masculino, endometriosis, etc. El estrés puede tener un impacto leve sobre la fertilidad, pero no es la causa de la infertilidad crónica ni su solución. Decirle a alguien que «se relaje» cuando no consigue quedarse embarazada no solo es inútil: es cruel.

Mito 2: «La infertilidad es un problema de mujeres»

Falso. El factor masculino es responsable, en exclusiva o de forma combinada, de aproximadamente el 50% de todos los casos de infertilidad de pareja. Sin embargo, muchas parejas comienzan la búsqueda de ayuda sin que el hombre haya realizado siquiera un espermiograma. El estudio de la fertilidad debe ser siempre conjunto, desde el primer momento.

Mito 3: «Si ya tuve un hijo, no puedo tener infertilidad»

La infertilidad secundaria —la que aparece en personas que ya han tenido un hijo— es completamente posible y más frecuente de lo que se cree. Las causas pueden incluir el desarrollo de una endometriosis o un varicocele, una infección previa, cambios en la reserva ovárica relacionados con la edad o problemas hormonales nuevos. Haber tenido un hijo no inmuniza frente a la infertilidad futura.

Mito 4: «Con tener relaciones todos los días tengo más posibilidades»

En realidad, la ventana fértil del ciclo menstrual es muy concreta: los 5 días previos a la ovulación y el día de la ovulación. Tener relaciones a diario fuera de ese período no aumenta las posibilidades. Además, en hombres con parámetros seminales en el límite, la eyaculación diaria puede reducir la concentración de espermatozoides. Lo ideal es mantener relaciones cada 1-2 días durante la ventana fértil.

Mito 5: «Los anticonceptivos hormonales reducen la fertilidad de forma permanente»

No existe ninguna evidencia científica que sostenga esta afirmación. Tras la retirada de los anticonceptivos hormonales (pastillas, parche, anillo), la fertilidad se recupera en los ciclos siguientes, habitualmente en 1-3 meses. Algunos estudios sugieren que puede haber un ligero retraso en la normalización de los ciclos en los primeros meses, pero no existe un efecto permanente sobre la fertilidad.

Mitos sobre la fertilidad masculina

Mito 6: «Si eyaculo normalmente, mis espermatozoides son normales»

El volumen y el aspecto del eyaculado no dicen nada sobre la calidad de los espermatozoides. Un hombre puede eyacular con normalidad y tener una azoospermia (ausencia total de espermatozoides) o una oligozoospermia grave. La única forma de evaluar la calidad espermática es a través del espermiograma, un análisis de laboratorio que mide concentración, movilidad, morfología y otros parámetros.

Mito 7: «El calor solo afecta a la fertilidad si se exagera mucho»

Los testículos necesitan estar 2-4 grados por debajo de la temperatura corporal para producir espermatozoides de calidad. Por eso están situados fuera del cuerpo, en el escroto. El calor excesivo y prolongado —baños calientes frecuentes, ropa interior ajustada, trabajo con ordenador portátil sobre las piernas, exposición profesional a altas temperaturas— sí puede tener un impacto negativo real sobre la espermatogénesis. La buena noticia es que, al tratarse de un proceso continuo, los efectos pueden revertirse.

Mitos sobre los tratamientos de reproducción asistida

Mito 8: «La FIV siempre funciona al primer intento»

La fecundación in vitro es una técnica muy eficaz, pero no garantiza el embarazo en el primer ciclo. Las tasas de éxito por transferencia varían en función de la edad de la mujer, la calidad de los embriones y otros factores. En términos generales, las probabilidades de embarazo acumuladas tras 3-4 transferencias son muy superiores a las de un único ciclo. La perseverancia y el acompañamiento médico adecuado son claves.

Mito 9: «Los bebés nacidos por FIV tienen más problemas de salud»

Los estudios de seguimiento a largo plazo de personas nacidas mediante FIV no han encontrado diferencias relevantes en salud general, desarrollo cognitivo o expectativa de vida respecto a la población concebida de forma natural. Existe un ligero aumento en el riesgo de bajo peso al nacer, pero en gran parte asociado a la mayor frecuencia de embarazos múltiples, no a la técnica en sí.

Mito 10: «La donación de óvulos significa que el bebé no será genéticamente mío»

Si hablamos de la madre gestante, esto es biológicamente cierto: el ADN nuclear del bebé será del donante y del padre. Sin embargo, la ciencia ha descubierto que el ambiente uterino tiene un efecto real sobre la expresión genética del embrión (epigenética), y que el ADN mitocondrial que transmite la madre gestante también forma parte del bebé. Y desde el punto de vista emocional y legal, la madre que gesta y da a luz es la madre del niño en todos los sentidos que importan.

Preguntas frecuentes sobre los mitos de la fertilidad

¿Cuánto tiempo hay que intentarlo antes de consultar a un especialista?

La recomendación general es consultar tras 12 meses de relaciones sin protección si la mujer tiene menos de 35 años, y tras 6 meses si tiene 35 o más. Sin embargo, si existen factores de riesgo conocidos (ciclos irregulares, endometriosis, cirugías previas, infecciones, etc.) es recomendable consultar antes, sin esperar.

¿La posición sexual afecta a la probabilidad de embarazo?

No existe evidencia científica de que ninguna posición sexual aumente o disminuya las probabilidades de embarazo. Tampoco hay evidencia de que quedarse tumbada boca arriba durante un tiempo después de las relaciones mejore las posibilidades. Los espermatozoides son muy buenos nadadores y llegan al cuello del útero en cuestión de segundos.

¿La comida ecológica mejora la fertilidad?

Algunos estudios han sugerido que la exposición a pesticidas puede tener un efecto negativo sobre la calidad espermática y la fertilidad femenina. Sin embargo, la evidencia no es suficientemente sólida como para recomendar de forma generalizada la alimentación ecológica. Lo que sí está bien establecido es que una dieta rica en frutas, verduras, proteínas de calidad y grasas saludables mejora los parámetros reproductivos, independientemente de que sean ecológicos o no.

Deshacerse de los mitos sobre la fertilidad es un acto de cuidado propio. Tomar decisiones basadas en evidencia, consultar a tiempo con los especialistas adecuados y no cargarse con culpas injustificadas son los pilares de un proceso reproductivo llevado con salud y realismo. Si tienes dudas, lo mejor que puedes hacer es preguntar a un profesional.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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