Cuando una pareja tiene dificultades para concebir, la atención suele centrarse de inmediato en factores médicos o genéticos. Sin embargo, la ciencia lleva años demostrando que el estilo de vida tiene un impacto directo y significativo sobre la fertilidad, tanto femenina como masculina. El tabaco, el alcohol, el estrés crónico, la obesidad o el sedentarismo no son solo malos para la salud general: también pueden reducir de forma notable la capacidad reproductiva de una persona. La buena noticia es que muchos de estos factores son modificables.
El tabaco, el alcohol y las drogas: enemigos directos de la fertilidad
El tabaco es uno de los tóxicos más estudiados en relación con la fertilidad. En las mujeres, fumar acelera la pérdida de la reserva ovárica, altera la calidad de los óvulos y aumenta el riesgo de aborto espontáneo. Las fumadoras entran en la menopausia, de media, entre uno y cuatro años antes que las no fumadoras. En los hombres, el tabaco deteriora la calidad del esperma: reduce la concentración de espermatozoides, afecta a su movilidad y aumenta las tasas de fragmentación del ADN espermático.
El alcohol, por su parte, interfiere con la producción de hormonas reproductivas en ambos sexos. En las mujeres, el consumo excesivo puede provocar irregularidades menstruales y dificultar la ovulación. En los hombres, afecta a los niveles de testosterona y puede causar disfunción eréctil. Incluso el consumo moderado —más de dos bebidas alcohólicas al día— se ha asociado a una reducción de la fertilidad.
El consumo de cannabis y otras drogas recreativas también tiene efectos negativos demostrados sobre la fertilidad, especialmente en la calidad del semen y en la función ovárica.
El peso corporal, el estrés y la alimentación
El índice de masa corporal (IMC) está íntimamente ligado a la fertilidad. Tanto el exceso de peso como la delgadez extrema pueden alterar el equilibrio hormonal necesario para la ovulación regular. Las mujeres con sobrepeso u obesidad tienen mayor riesgo de síndrome de ovario poliquístico (SOP), resistencia a la insulina y ciclos anovulatorios. Las mujeres con bajo peso, por su parte, pueden desarrollar amenorrea —ausencia de menstruación— como consecuencia de la desnutrición y el déficit energético.
En los hombres, la obesidad también reduce la calidad del semen y los niveles de testosterona. Un estudio que analizó a 348 parejas que acudieron a técnicas de reproducción asistida concluyó que aquellas con peores hábitos de vida presentaban tasas de éxito más bajas en los tratamientos, independientemente de otros factores clínicos.
El estrés crónico merece una mención especial. Aunque su impacto sobre la fertilidad es más difícil de cuantificar, se sabe que el cortisol —la hormona del estrés— puede interferir con la producción de estrógenos y progesterona, alterando el ciclo menstrual. Además, el estrés puede reducir el deseo sexual y, en consecuencia, la frecuencia de las relaciones, lo que disminuye las probabilidades de concepción.
La alimentación también juega un papel relevante. Una dieta rica en ultraprocesados, azúcares refinados y grasas trans se ha asociado a peores parámetros de fertilidad. Por el contrario, la dieta mediterránea —abundante en frutas, verduras, legumbres, pescado azul y aceite de oliva— se considera protectora de la función reproductiva.
Otros factores que conviene tener en cuenta
- El calor excesivo en los testículos: los espermatozoides se producen a una temperatura ligeramente inferior a la corporal. El uso frecuente de ropa interior muy ajustada, saunas o baños muy calientes puede reducir temporalmente la producción de esperma.
- La exposición a contaminantes ambientales: pesticidas, metales pesados y disruptores endocrinos presentes en plásticos pueden afectar tanto a la función ovárica como a la producción de semen.
- El uso de ciertos medicamentos: algunos fármacos de uso común —como los corticoides, los antidepresivos, los antiepilépticos o los anabolizantes— pueden interferir con la fertilidad. Es importante informar al médico de todos los medicamentos que se toman cuando se está intentando un embarazo.
- El ejercicio extremo: el ejercicio intenso y prolongado puede suprimir la ovulación en las mujeres y reducir la testosterona en los hombres. El ejercicio moderado y regular, en cambio, tiene efectos positivos sobre la fertilidad.
Conclusión
Los hábitos de vida tienen un impacto real y demostrado sobre la fertilidad. Antes de iniciar cualquier tratamiento de reproducción asistida, es fundamental revisar y mejorar estos factores, ya que en ocasiones basta con adoptar un estilo de vida más saludable para mejorar significativamente las posibilidades de concepción. Y cuando los cambios de hábitos no son suficientes, contar con el apoyo de especialistas permite encontrar el camino más adecuado para cada persona.
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