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España se encuentra entre los países del mundo donde las mujeres tienen su primer hijo a una edad más avanzada. Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), la edad media de la maternidad en España supera los 31 años, una cifra que sigue batiendo récords históricos año tras año. Detrás de esta tendencia hay causas sociales y económicas complejas, con implicaciones directas sobre la fertilidad y el acceso a los tratamientos de reproducción asistida.

Una tendencia que no se detiene

El número de bebés que nacen cada año en España lleva varios años en descenso. En 2010, el INE registró 484.055 nacimientos, un 1,96% menos que el año anterior, tercero consecutivo de caída tras una década de crecimiento. La tasa de fecundidad —el número medio de hijos por mujer— se sitúa en torno a 1,2-1,3, muy por debajo del 2,1 necesario para garantizar el relevo generacional.

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Las mujeres de nacionalidad española son las que más retrasan la maternidad, con una media próxima a los 32 años, mientras que las mujeres extranjeras lo hacen algo antes, en torno a los 28-29 años. Sin embargo, estas también están adaptando progresivamente sus patrones reproductivos al contexto español.

Por qué las mujeres retrasan la maternidad

Los expertos señalan una confluencia de factores estructurales y coyunturales:

  • Inestabilidad laboral: España tiene históricamente tasas de desempleo juvenil entre las más altas de Europa, lo que retrasa la emancipación y la formación de familias.
  • Encarecimiento de la vivienda: El acceso a una vivienda propia en las grandes ciudades sigue siendo un obstáculo para muchas parejas jóvenes.
  • Trayectorias educativas más largas: Las mujeres españolas tienen niveles educativos más altos que en generaciones anteriores, lo que prolonga el período de formación antes de la inserción laboral.
  • Cambio en los proyectos vitales: Muchas mujeres priorizan consolidar su carrera profesional antes de asumir la maternidad, algo que las generaciones anteriores rara vez tenían como opción.

Las consecuencias sobre la fertilidad y la demanda de reproducción asistida

El retraso de la maternidad tiene una consecuencia biológica directa: cuanto más tarde intente quedarse embarazada una mujer, menor será su reserva ovárica y mayor el riesgo de anomalías cromosómicas en los embriones. La probabilidad de embarazo espontáneo por ciclo pasa de aproximadamente el 25% a los 25 años a menos del 10% a los 40.

Esta realidad explica en parte el crecimiento sostenido de los tratamientos de reproducción asistida en España. Una respuesta médica a este fenómeno social es la vitrificación de óvulos, que permite a las mujeres preservar su fertilidad en los años de mayor calidad ovocitaria. Puedes conocer más en nuestra guía de preservación de la fertilidad. En IMFER atendemos a muchas mujeres que han tomado esa decisión de forma planificada.

El impacto de la crisis económica sobre la natalidad

Algunos demógrafos han documentado una correlación clara entre los ciclos económicos y las tasas de natalidad: en períodos de recesión, las tasas de natalidad tienden a caer, y en los de recuperación, suben ligeramente. La crisis económica de 2008 supuso en España un punto de inflexión en la tendencia alcista de nacimientos que se había mantenido durante la primera década del siglo. Muchas familias que habían planeado tener hijos optaron por posponer esa decisión ante la incertidumbre laboral y económica.

Sin embargo, los expertos advierten de que el retraso de los nacimientos durante una recesión no se recupera completamente en la expansión posterior: los años de fertilidad son limitados, y posponer la maternidad cinco o diez años tiene consecuencias biológicas reales que no desaparecen cuando mejora la economía. Este «efecto de recuperación parcial» explica por qué la natalidad en España no ha vuelto a los niveles pre-crisis.

La demografía como reto de política pública

El envejecimiento de la población española plantea desafíos serios para la sostenibilidad del sistema de pensiones, la atención sanitaria y los servicios sociales. Los economistas estiman que España necesitaría un aumento significativo de la natalidad o de la inmigración —o ambas— para mantener una proporción razonable entre población activa y población dependiente en las próximas décadas. Sin embargo, las políticas de natalidad tienen resultados lentos y limitados: los incentivos económicos, los servicios de conciliación y la mejora de las condiciones laborales para los jóvenes son herramientas necesarias pero cuyos efectos tardan décadas en materializarse. Puedes conocer más sobre cómo la reproducción asistida puede ayudarte en nuestra guía de preservación de fertilidad.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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