Durante años, la preocupación por el efecto de la edad sobre la fertilidad se ha centrado casi exclusivamente en la mujer. Sin embargo, la investigación científica de las últimas décadas ha demostrado de forma contundente que la fertilidad masculina también se deteriora con el paso del tiempo. El llamado «reloj biológico masculino» existe, aunque se manifiesta de forma más gradual y menos visible que en el caso femenino. Conocer cómo la edad afecta al semen y a las posibilidades reproductivas de los hombres es fundamental para tomar decisiones informadas sobre el momento de buscar un embarazo.
Cómo cambia el semen con la edad
A diferencia de las mujeres, que nacen con una reserva fija de óvulos que se va agotando a lo largo de la vida, los hombres producen espermatozoides de forma continua a partir de la pubertad. Sin embargo, este proceso no es inmune al paso del tiempo. La calidad del semen empieza a declinar de forma perceptible a partir de los 40-45 años, aunque los cambios pueden comenzar antes.
Los principales parámetros espermáticos que se ven afectados por la edad son:
- Volumen del eyaculado: tiende a disminuir progresivamente con los años
- Movilidad espermática: el porcentaje de espermatozoides con movimiento progresivo adecuado se reduce
- Morfología: aumenta la proporción de espermatozoides con formas anómalas
- Fragmentación del ADN espermático: el daño en el material genético de los espermatozoides aumenta con la edad, lo que puede comprometer el desarrollo embrionario
- Concentración espermática: aunque en menor medida, también puede verse reducida
Edad paterna y riesgo genético en la descendencia
Uno de los efectos más estudiados de la edad paterna avanzada es el aumento de las mutaciones de novo en el ADN de los espermatozoides. Estas mutaciones son errores genéticos que aparecen por primera vez en el hijo sin que ninguno de los progenitores las tenga, y su frecuencia aumenta de forma progresiva con la edad del padre.
Estudios publicados en revistas científicas de referencia han asociado la edad paterna avanzada —generalmente definida como más de 40-45 años— con un mayor riesgo de ciertas condiciones en la descendencia, entre ellas:
- Trastorno del espectro autista (TEA)
- Esquizofrenia
- Algunas formas de discapacidad intelectual
- Enfermedades genéticas causadas por mutaciones puntuales
Es importante matizar que el riesgo aumenta de forma estadística pero sigue siendo relativamente bajo en términos absolutos. La mayoría de los hijos de padres de mayor edad nacen completamente sanos.
Fertilidad masculina y edad: a partir de cuándo preocuparse
No existe un «punto de corte» claro a partir del cual la fertilidad masculina caiga en picado, como ocurre con la menopausia en la mujer. El declive es gradual y varía entre individuos. Sin embargo, algunos datos orientativos que ofrece la evidencia científica son:
- A partir de los 40 años, el tiempo necesario para lograr un embarazo aumenta de forma estadísticamente significativa
- La tasa de aborto espontáneo es mayor cuando el padre tiene más de 45 años, independientemente de la edad de la madre
- El porcentaje de espermatozoides con ADN fragmentado aumenta de forma progresiva a partir de los 35-40 años
- Las tasas de éxito en tratamientos de reproducción asistida son menores cuando el semen es de un varón de edad avanzada
Qué se puede hacer: estudio y opciones reproductivas
Si un hombre tiene más de 40 años y está buscando un embarazo, es recomendable realizar un seminograma completo junto con un estudio de fragmentación del ADN espermático. Estos análisis permiten evaluar de forma objetiva el estado actual de la fertilidad y decidir si es necesario algún tipo de tratamiento o técnica de reproducción asistida.
En los casos en que la calidad espermática está muy comprometida por la edad, la fecundación in vitro con ICSI (inyección intracitoplásmica de espermatozoides) ofrece buenos resultados al seleccionar los espermatozoides de mejor calidad. También existe la opción de recurrir a banco de semen si el varón desea preservar su fertilidad actual para el futuro.
Conclusión
La fertilidad masculina también tiene su propio reloj biológico, y aunque avanza más lentamente que el femenino, sus efectos son reales y clínicamente relevantes. Conocer este hecho y actuar con información es el primer paso para tomar decisiones reproductivas inteligentes. En IMFER ofrecemos un estudio completo del factor masculino, con las técnicas más avanzadas para evaluar y tratar los problemas de fertilidad relacionados con la edad.
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