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Vivimos en una época en la que cada vez más personas postergan la maternidad y la paternidad por razones laborales, económicas o personales. Aunque esta decisión es completamente legítima, conlleva un riesgo que muchas veces se desconoce: la fertilidad disminuye con la edad, y hacerlo sin conocer previamente el estado reproductivo propio puede cerrar puertas que aún estarían abiertas. Realizarse una evaluación temprana de la fertilidad es una de las decisiones más inteligentes que una persona en edad reproductiva puede tomar, independientemente de si tiene planes inmediatos de ser madre o padre.

¿En qué consiste una evaluación de la fertilidad?

Una evaluación de la fertilidad es un conjunto de pruebas médicas diseñadas para conocer el estado actual del sistema reproductivo. Para las mujeres, incluye análisis hormonales que miden la reserva ovárica —especialmente la hormona antimülleriana (AMH) y la FSH—, una ecografía transvaginal para evaluar los ovarios y el útero, y en algunos casos una valoración de la permeabilidad de las trompas de Falopio. Para los hombres, el estudio básico es el seminograma, que analiza la cantidad, movilidad y morfología de los espermatozoides.

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Estas pruebas son sencillas, poco invasivas y generalmente accesibles. Sin embargo, muchas personas no las solicitan hasta que llevan meses o incluso años intentando concebir sin éxito. Para entonces, algunas opciones que habrían estado disponibles antes —como la preservación de óvulos en un momento de mayor reserva ovárica— ya no son posibles o son menos efectivas.

La evaluación temprana no implica que haya un problema: en la mayoría de los casos, los resultados son tranquilizadores. Pero en aquellos en que se detecta alguna anomalía, actuar pronto marca la diferencia entre tener opciones y no tenerlas.

¿Por qué es importante hacerla cuanto antes?

La reserva ovárica de la mujer es finita y disminuye de forma natural con la edad. A los 30 años, muchas mujeres tienen aún una reserva ovárica adecuada; a los 35, comienza un descenso más acelerado; y a partir de los 40, tanto la cantidad como la calidad de los óvulos se reducen significativamente. Este proceso es biológico e inevitable, pero conocerlo a tiempo permite tomar decisiones informadas.

Por ejemplo, una mujer de 32 años que aún no tiene pareja o no se plantea ser madre en el corto plazo, pero descubre que su reserva ovárica es baja, puede optar por la vitrificación de óvulos como medida de preservación. Esta técnica, que consiste en congelar óvulos sanos para usarlos en el futuro, tiene mucho mejor resultado cuando se realiza antes de los 35 años. Sin una evaluación previa, esta ventana de oportunidad puede perderse sin que la mujer lo sepa.

En el caso de los hombres, la evaluación también es relevante. Aunque la fertilidad masculina no decrece tan abruptamente como la femenina, sí existe un deterioro progresivo de la calidad espermática con la edad, especialmente a partir de los 45-50 años. Además, muchos problemas como varicoceles, alteraciones hormonales o infecciones subclínicas pueden tratarse eficazmente si se detectan a tiempo.

Condiciones que conviene descartar cuanto antes

Hay situaciones médicas que afectan a la fertilidad y que se benefician especialmente del diagnóstico temprano:

  • Síndrome de ovario poliquístico (SOP): es la causa más frecuente de anovulación y puede tratarse con cambios en el estilo de vida y medicación.
  • Endometriosis: una enfermedad que puede dañar los ovarios y las trompas de forma progresiva. Cuanto antes se diagnostica, menos daño causa a la fertilidad.
  • Alteraciones hormonales: como problemas en la tiroides o hiperprolactinemia, que interfieren con la ovulación y tienen tratamiento sencillo.
  • Factor masculino: alteraciones en el seminograma que pueden mejorar con tratamiento o que condicionan la elección del tratamiento de reproducción asistida más adecuado.

Detectar estas condiciones precozmente no solo mejora las posibilidades de concebir de forma natural, sino que también permite planificar el tratamiento más adecuado cuando llegue el momento.

Conclusión

Conocer el estado de la propia fertilidad es un acto de responsabilidad y autocuidado. No es necesario estar intentando concebir para hacerse una evaluación: basta con querer tener información para tomar decisiones con pleno conocimiento. En IMFER ofrecemos estudios de fertilidad completos y personalizados para que puedas planificar tu futuro reproductivo con toda la información necesaria.

Para mas informacion, visita nuestra guia sobre infertilidad en pareja.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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