Preservar la fertilidad es una decisión médica y personal que cada vez más mujeres y hombres toman de forma consciente y planificada. Los avances en las técnicas de reproducción asistida han hecho posible que hoy sea factible proteger la capacidad reproductiva frente al paso del tiempo, los tratamientos oncológicos, las enfermedades autoinmunes o simplemente la incertidumbre sobre el momento vital adecuado para ser madre o padre. Conocer las opciones disponibles, el momento más adecuado para actuar y los resultados que cabe esperar es el primer paso para tomar una decisión informada.
Por qué es importante preservar la fertilidad a tiempo
La fertilidad femenina está directamente vinculada a la reserva ovárica, es decir, al número de óvulos disponibles en los ovarios. Esta reserva es finita desde el nacimiento y disminuye de forma progresiva e irreversible con la edad. A partir de los 35 años, la caída es más pronunciada, y a los 37-38 años la velocidad de declive se acelera significativamente. Además de la cantidad, la calidad de los óvulos también se reduce con el tiempo, lo que afecta a las tasas de fecundación, el desarrollo embrionario y las probabilidades de embarazo.
Esto significa que el momento óptimo para preservar la fertilidad femenina es antes de los 35 años, idealmente entre los 30 y los 34 años, cuando la reserva ovárica es todavía amplia y la calidad ovocitaria es alta. No obstante, la preservación también puede ser beneficiosa en mujeres de hasta 38-40 años, siempre en función de los resultados de la evaluación de reserva ovárica.
En los hombres, aunque el declive de la fertilidad es más gradual, también existe, y hay situaciones específicas, como la quimioterapia o la radioterapia, que pueden comprometer la producción espermática de forma permanente. En estos casos, la preservación de semen antes del tratamiento oncológico es una medida de gran importancia.
Técnicas de preservación de la fertilidad disponibles hoy
La medicina reproductiva ofrece diversas opciones según el perfil de cada persona:
- Vitrificación de óvulos: Es la técnica estrella de la preservación de la fertilidad femenina. Consiste en estimular los ovarios con hormones para que produzcan múltiples óvulos en un mismo ciclo, extraerlos mediante una punción folicular guiada por ecografía y congelarlos mediante un proceso ultrarrápido llamado vitrificación. Esta técnica ha experimentado avances enormes en los últimos quince años, con tasas de supervivencia de los óvulos descongelados superiores al 90 por ciento en los mejores centros.
- Vitrificación de embriones: Indicada para parejas que ya tienen pareja estable y desean preservar embriones en lugar de óvulos. Los embriones tienen una mayor tasa de supervivencia a la descongelación que los óvulos, aunque la necesidad de contar con semen en el momento de la preservación es su principal limitación.
- Congelación de tejido ovárico: Técnica más experimental pero prometedora, que consiste en extraer y criopreservar fragmentos de corteza ovárica para reimplantarlos posteriormente. Está especialmente indicada para niñas y mujeres que deben iniciar tratamiento oncológico de forma urgente y no tienen tiempo para un ciclo de estimulación ovárica.
- Criopreservación de semen: Técnica sencilla, no invasiva y muy eficaz para los hombres. El semen se obtiene por masturbación, se analiza y se congela en pajuelas para su uso futuro en inseminación artificial o FIV.
Quién debería plantearse preservar la fertilidad
La preservación de la fertilidad no está indicada únicamente para personas con diagnóstico de enfermedad grave. Existe un amplio espectro de situaciones en las que esta decisión tiene pleno sentido médico y personal:
- Mujeres sanas que, por razones personales o profesionales, saben que no desean ser madres en los próximos años y quieren mantener abierta esa posibilidad con las mejores garantías.
- Pacientes oncológicas que van a someterse a quimioterapia o radioterapia gonadotóxica.
- Mujeres con endometriosis, especialmente en casos moderados o severos, que pueden ver comprometida su reserva ovárica por la enfermedad o por cirugías repetidas.
- Mujeres con enfermedades autoinmunes que requieren tratamientos agresivos con potencial efecto sobre la función ovárica.
- Mujeres con antecedentes familiares de menopausia precoz o con marcadores de baja reserva ovárica detectados en controles ginecológicos.
- Hombres que van a someterse a tratamientos médicos o quirúrgicos que puedan afectar a la producción de semen.
El proceso de preservación paso a paso
Para la vitrificación de óvulos, el proceso comienza con una consulta inicial en la que se evalúa la reserva ovárica mediante ecografía y análisis de hormona antimülleriana (AMH). A continuación, se diseña un protocolo de estimulación ovárica personalizado con inyecciones de gonadotropinas durante aproximadamente diez a catorce días. Durante este tiempo se realizan controles ecográficos cada dos o tres días para monitorizar el crecimiento folicular.
Cuando los folículos alcanzan el tamaño adecuado, se administra un desencadenante de la ovulación y, aproximadamente 36 horas después, se realiza la punción folicular bajo sedación. Los óvulos recuperados se vitrifican en el laboratorio y quedan almacenados hasta que la mujer decida utilizarlos.
El proceso completo desde la consulta inicial hasta la vitrificación tiene una duración aproximada de tres a cuatro semanas. No requiere hospitalización y la recuperación es rápida.
Conclusión
Preservar la fertilidad es un acto de planificación reproductiva que la medicina actual hace posible con resultados cada vez más satisfactorios. La vitrificación de óvulos, en particular, ha democratizado el acceso a la maternidad diferida con garantías reales. Actuar en el momento adecuado y con información completa es la clave para que esta decisión se traduzca en resultados positivos. Si estás valorando esta opción, un especialista en reproducción asistida puede orientarte sobre las técnicas más adecuadas para tu perfil y tus circunstancias.
Si quieres profundizar en este tema, consulta nuestra guia sobre reproduccion asistida.
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