El nacimiento de un bebé prematuro es una de las experiencias más intensas y emocionalmente complejas que puede vivir una familia. El plan imaginado —el parto a término, las primeras horas en habitación con el bebé, la vuelta a casa en pocos días— se sustituye de repente por monitores, incubadoras, cables y un bebé que parece frágil de una manera que nadie había anticipado. Es normal sentir miedo, confusión e incluso una mezcla contradictoria de amor y angustia.
Lo primero que conviene saber es que los cuidados neonatales modernos han transformado radicalmente el pronóstico de los bebés prematuros en las últimas décadas. Bebés nacidos en la semana 28 que hace treinta años tenían muy pocas posibilidades de sobrevivir hoy tienen tasas de supervivencia superiores al 90% en hospitales de referencia con unidades de neonatología de nivel III. Bebés nacidos en la semana 32 o más tarde tienen pronósticos excelentes con seguimiento adecuado. La neonatología es una de las especialidades médicas con mayor progreso técnico de las últimas décadas y ese progreso se traduce en vidas y en calidad de vida.
En este artículo explicamos qué significa nacer prematuro, cómo funciona la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales y cuál es el papel de la familia —especialmente del contacto físico— en la recuperación y el desarrollo del bebé prematuro.
Tipos de prematuridad y sus implicaciones clínicas
La prematuridad se define como el nacimiento antes de la semana 37 de gestación. Pero dentro de ese espectro hay diferencias clínicas muy importantes que condicionan el pronóstico y el tipo de cuidados necesarios.
Los bebés nacidos entre las semanas 34 y 36 se denominan prematuros tardíos o prematuros moderados. Representan la gran mayoría de los nacimientos prematuros —aproximadamente el 75%— y generalmente no requieren cuidados intensivos. Sus principales necesidades son la regulación de la temperatura, el establecimiento de la alimentación (a veces mediante sonda en los primeros días) y la vigilancia de la ictericia neonatal. El alta suele producirse en menos de dos semanas.
Los bebés nacidos entre las semanas 28 y 33 son muy prematuros. Necesitan soporte respiratorio —desde oxigenoterapia hasta ventilación mecánica invasiva—, nutrición parenteral, monitorización estrecha de múltiples parámetros fisiológicos y a veces tratamiento de complicaciones como la hemorragia intraventricular, la retinopatía del prematuro o la enterocolitis necrotizante. Su estancia en la unidad de neonatología suele durar semanas o incluso meses.
Los bebés nacidos antes de la semana 28 son prematuros extremos. Representan menos del 1% de todos los nacimientos pero concentran los casos de mayor complejidad y los retos más importantes tanto para el equipo médico como para las familias. Sus posibilidades de supervivencia y de desarrollo neurológico favorable dependen de forma crítica de la experiencia del equipo neonatológico y de los recursos del centro.
Por qué los tratamientos de reproducción asistida se asocian con mayor riesgo de prematuridad
Las personas que han concebido mediante técnicas de reproducción asistida merecen información directa sobre este punto, sin alarmar innecesariamente pero sin ocultar datos relevantes.
El factor de riesgo más importante es la gemelaridad. Los embarazos gemelares, que son más frecuentes en FIV aunque se ha reducido significativamente su incidencia con la política de transferencia de un solo embrión, tienen una tasa de prematuridad de alrededor del 50%, frente al 8-10% de los embarazos únicos. La gestación gemelar sobrecarga el útero de una manera que con frecuencia desencadena el parto antes de término.
En los embarazos únicos de FIV, los estudios muestran un ligero aumento del riesgo de prematuridad respecto a los embarazos espontáneos, aunque las diferencias son pequeñas y las causas no están completamente aclaradas. Una parte del riesgo se atribuye a las características de las propias pacientes —mayor edad, mayor prevalencia de condiciones como el síndrome de ovario poliquístico— y no a la técnica en sí misma.
La estimulación ovárica controlada, en ausencia de gemelaridad, no parece aumentar significativamente el riesgo de prematuridad. Los protocolos actuales, que priorizan la transferencia de un solo embrión de buena calidad en el ciclo más adecuado para la paciente, han reducido considerablemente la tasa de prematuridad asociada a la FIV.
El método canguro y el papel de la familia en la UCIN
Una de las transformaciones más importantes en la atención al bebé prematuro en los últimos veinte años ha sido el reconocimiento del papel central de los padres en su cuidado y recuperación. Lejos de ser visitantes ocasionales en un entorno exclusivamente médico, los padres son hoy parte activa del equipo de cuidados, especialmente a través del método canguro.
El método canguro consiste en mantener al bebé prematuro en contacto piel con piel con el cuerpo de uno de sus progenitores —habitualmente la madre, aunque el padre también puede y debe participar— durante el mayor tiempo posible cada día. El bebé, solo con el pañal, descansa sobre el pecho desnudo del progenitor, dentro de su ropa si es necesario para mantener la temperatura.
Los beneficios del método canguro están avalados por décadas de evidencia. Estabiliza la temperatura corporal del bebé de forma más eficaz que la incubadora en muchas situaciones, regula la frecuencia cardíaca y respiratoria, reduce los episodios de apnea, mejora la ganancia de peso, facilita el establecimiento de la lactancia materna y, lo que quizás es más importante a largo plazo, favorece el vínculo afectivo y el desarrollo neurológico. Los bebés que reciben método canguro muestran mejores resultados cognitivos y emocionales en el seguimiento a largo plazo.
Para los padres, el contacto piel con piel también tiene efectos medibles: reduce la ansiedad y la depresión postparto, aumenta la confianza en el cuidado del bebé y refuerza el sentido de competencia parental en una situación en la que es fácil sentirse impotente.
El seguimiento del bebé prematuro no termina en el alta de neonatología. Los programas de seguimiento del prematuro, que en España tienen una cobertura creciente, evalúan periódicamente el desarrollo neurológico, motor, sensorial, cognitivo y emocional durante los primeros años de vida. La detección precoz de cualquier dificultad permite intervenir a tiempo con programas de estimulación temprana que marcan una diferencia real en los resultados a largo plazo.
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