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El embarazo es uno de los momentos de la vida en que la alimentación tiene más impacto —real y simbólico— sobre la salud. Real porque los nutrientes que la madre ingiere son los materiales con los que se construye un ser humano nuevo. Simbólico porque pocas situaciones generan tanto ruido informativo, tanto consejo no solicitado y tanta culpa innecesaria como la dieta de una mujer embarazada. Entre el «come por dos» que no tiene ninguna base científica y la lista interminable de alimentos prohibidos que circula por internet, hay un camino de sentido común y conocimiento médico actual que conviene encontrar.

La buena noticia es que una dieta saludable en el embarazo no es radicalmente diferente de una dieta saludable fuera de él. Los principios son los mismos: variedad, predominio de alimentos frescos y mínimamente procesados, suficiente proteína, buenas grasas, hidratos de carbono complejos y fibra. Lo que cambia son algunos requerimientos específicos que aumentan, algunas precauciones concretas frente a determinados patógenos alimentarios, y la necesidad de suplementar ciertos nutrientes que la dieta difícilmente cubre en cantidades suficientes.

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Para las mujeres que han concebido mediante FIV o que tienen embarazos de mayor riesgo, los cuidados nutricionales pueden tener matices adicionales que también abordaremos en este artículo.

Nutrientes esenciales en el embarazo que requieren atención especial

El ácido fólico es el nutriente más conocido del embarazo, y no sin razón. Los folatos son esenciales para el cierre del tubo neural del embrión, que ocurre en las primeras semanas de gestación, con frecuencia antes de que la mujer sepa que está embarazada. Por eso la suplementación con 400 microgramos diarios de ácido fólico se recomienda desde al menos un mes antes de intentar concebir. Las mujeres con antecedentes de defecto del tubo neural en embarazos anteriores, o las que toman ciertos medicamentos, pueden necesitar dosis más altas bajo supervisión médica.

El hierro es el nutriente cuyo requerimiento aumenta más durante el embarazo: de aproximadamente 18 mg diarios fuera del embarazo a 27 mg durante la gestación. La anemia ferropénica es la deficiencia nutricional más frecuente en las embarazadas y puede afectar al desarrollo cognitivo del bebé y a la tolerancia de la madre al esfuerzo. Las fuentes más biodisponibles de hierro son las carnes rojas y el pescado, aunque las legumbres, los frutos secos y las verduras de hoja verde también aportan hierro de origen vegetal cuya absorción mejora si se consume junto con vitamina C.

El calcio, el yodo y el DHA —un ácido graso omega-3 esencial para el desarrollo cerebral y ocular del feto— son otros tres nutrientes que requieren atención específica durante el embarazo. El yodo se encuentra principalmente en el pescado, los mariscos y los lácteos, y su suplementación es recomendada en España por la mayoría de las sociedades científicas. El DHA se obtiene del pescado azul de pequeño tamaño —sardinas, boquerones, caballa— y de algunos alimentos enriquecidos.

Alimentos a evitar y por qué: listeria, toxoplasma y mercurio

Las restricciones alimentarias durante el embarazo tienen bases científicas concretas que conviene entender, no solo memorizar. Hay tres riesgos principales que justifican la mayoría de las precauciones: la listeria, el toxoplasma y el mercurio.

La listeria es una bacteria que puede causar infecciones graves durante el embarazo, con riesgo de aborto tardío, parto prematuro e infección neonatal grave. Los alimentos más asociados a la listeriosis son los quesos blandos de leche cruda —como el brie, el camembert o algunos quesos de oveja artesanales—, los embutidos curados no cocinados, el pescado ahumado en frío y los patés. El calor destruye la listeria, por lo que los alimentos cocidos o pasteurizados no presentan este riesgo.

El toxoplasma es un parásito que puede causar daño neurológico grave en el feto si la madre se infecta por primera vez durante el embarazo. Se transmite principalmente a través de la carne poco cocinada —especialmente cerdo, cordero y caza— y a través del contacto con heces de gato. La solución es simple: cocinar bien la carne, lavar con cuidado las frutas y verduras, y lavarse las manos después de manipular tierra o de limpiar la bandeja del gato.

El mercurio se acumula en los tejidos de los peces grandes y de vida larga —atún rojo, pez espada, tiburón— y puede afectar al desarrollo neurológico del feto. Las recomendaciones de la EFSA limitan el consumo de estos peces en embarazadas a no más de una vez por semana, pero no prohíben el pescado en general: los pescados pequeños y los de acuicultura son seguros y muy recomendables durante el embarazo.

El mito de comer por dos, las náuseas y cómo comer fuera de casa

El aumento de requerimientos calóricos durante el embarazo es real pero mucho más modesto de lo que sugiere la expresión popular. En el primer trimestre, las necesidades calóricas apenas varían respecto a la situación previa. En el segundo trimestre aumentan en aproximadamente 340 kilocalorías diarias, y en el tercero en unas 450. Eso equivale a añadir un yogur, una fruta y una ración de frutos secos a la dieta habitual: no a duplicar las raciones.

Las náuseas del primer trimestre afectan a entre el 70 y el 80% de las embarazadas y pueden dificultar enormemente la alimentación en las semanas más críticas para el desarrollo embrionario. Algunas estrategias que ayudan son comer pequeñas cantidades con frecuencia para no tener el estómago vacío, priorizar alimentos fríos o a temperatura ambiente que generan menos olor, evitar los alimentos grasos y muy condimentados, y mantener galletas de arroz o tostadas al alcance para comer antes de levantarse.

Comer fuera de casa es perfectamente compatible con un embarazo saludable si se tienen en cuenta algunos criterios básicos. En restaurantes, conviene pedir las carnes bien cocinadas, evitar las ensaladas que puedan llevar quesos no pasteurizados o embutidos crudos, y optar por pescados de pequeño tamaño en lugar de los grandes. En reuniones sociales, no es necesario dar explicaciones detalladas sobre el embarazo si todavía no se ha anunciado: se puede pedir sencillamente que los alimentos estén bien cocinados o elegir opciones que se sabe que son seguras.

Para las mujeres con embarazo tras FIV que pueden tener prescripción de progesterona vaginal, parche de estrógenos u otros medicamentos, es importante verificar con su equipo médico si existe alguna interacción relevante con suplementos nutricionales específicos. En general, los suplementos de venta libre diseñados para el embarazo son seguros, pero siempre es mejor consultarlos con el equipo que lleva el seguimiento.

Para mas informacion, visita nuestra guia sobre fertilidad y maternidad.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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