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Revisado por el equipo médico de IMFER | Instituto Murciano de Fertilidad

La estimulación ovárica es uno de los pilares fundamentales de los tratamientos de reproducción asistida. Sin este paso, sería prácticamente imposible obtener el número de óvulos necesario para llevar a cabo una fecundación in vitro (FIV) o una inseminación artificial con garantías de éxito. Y, sin embargo, muchas pacientes llegan a la consulta con dudas muy básicas sobre en qué consiste, cuánto dura o si es peligrosa para su salud.

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En este artículo resolvemos todas esas preguntas desde una perspectiva médica clara y accesible. Porque entender lo que ocurre en tu cuerpo durante el tratamiento no solo reduce la ansiedad, sino que también te ayuda a tomar decisiones informadas junto a tu equipo médico.

La estimulación ovárica no es un proceso invasivo ni complicado, pero requiere una monitorización precisa y un protocolo personalizado. Lo que vale para una paciente no necesariamente vale para otra, y eso es algo que en IMFER tenemos muy en cuenta desde el primer día.

¿En qué consiste la estimulación ovárica?

En condiciones naturales, el organismo femenino desarrolla cada mes un solo folículo dominante que libera un único óvulo en el momento de la ovulación. En el contexto de la reproducción asistida, sin embargo, trabajar con un solo óvulo limitaría enormemente las posibilidades de éxito. Por eso, la estimulación ovárica busca un objetivo concreto: reclutar y desarrollar varios folículos al mismo tiempo para obtener un mayor número de óvulos maduros.

Para lograrlo, se administran hormonas gonadotrópicas de manera controlada, generalmente mediante inyecciones subcutáneas que la propia paciente puede administrarse en casa. Estas hormonas son análogas a las que el organismo produce de forma natural —la FSH (hormona foliculoestimulante) y la LH (hormona luteinizante)— y se ajustan en dosis y duración según las características de cada mujer: su reserva ovárica, su edad, su respuesta previa a tratamientos o su diagnóstico de base.

El proceso completo suele durar entre 8 y 13 días. Durante ese tiempo, la paciente acude a la clínica cada 2 o 3 días para realizarse ecografías de control que permiten ver cuántos folículos se están desarrollando y a qué ritmo crecen. Cuando alcanzan un tamaño adecuado —generalmente entre 17 y 20 mm—, se administra la hormona inductora de la ovulación (la conocida «inyección del gatillo») y, aproximadamente 36 horas después, se procede a la punción folicular para extraer los óvulos.

¿Cuántos óvulos es ideal obtener y qué pasa si hay pocos o muchos?

Una de las preguntas más frecuentes que recibimos en la consulta es: «¿Cuántos óvulos necesito?» La respuesta no es única, pero existe un rango que los especialistas consideran óptimo: entre 8 y 15 óvulos maduros. Este número ofrece un equilibrio entre disponer de material suficiente para trabajar y no sobrecargar los ovarios de manera que aumenten los riesgos para la paciente.

Obtener menos de 5 o 6 óvulos —lo que se conoce como baja respuesta ovárica— no invalida el tratamiento, pero sí reduce las probabilidades de éxito, ya que habrá menos embriones disponibles para transferir o criopreservar. En estos casos, el equipo médico puede proponer ajustar el protocolo de estimulación, cambiar los fármacos utilizados o, en algunos casos, valorar el uso de óvulos donados.

En el extremo contrario, una respuesta excesiva —obtener más de 20 óvulos— puede incrementar el riesgo de síndrome de hiperestimulación ovárica (SHO), una complicación que provoca inflamación y acumulación de líquido en el abdomen. Los casos graves son poco frecuentes, pero cuando se detectan señales de riesgo durante el seguimiento, el equipo médico puede tomar medidas preventivas: reducir la dosis de medicación, cambiar el tipo de «gatillo» o posponer la transferencia embrionaria para dar tiempo al cuerpo a recuperarse.

¿Es peligrosa la estimulación ovárica? Mitos y realidades

Existe un temor extendido —y comprensible— entre muchas pacientes: el miedo a que la estimulación ovárica pueda aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de ovario u otras enfermedades. La buena noticia es que los estudios científicos publicados hasta la fecha no han encontrado asociación entre la estimulación ovárica y un mayor riesgo oncológico. Así lo recogen múltiples revisiones sistemáticas que han seguido a grandes cohortes de pacientes durante años.

Otra preocupación habitual es si la estimulación «agota» la reserva ovárica. La respuesta es no: los folículos que se desarrollan durante la estimulación son aquellos que de todas formas hubieran sido eliminados por el organismo en ese ciclo menstrual. No se «gastan» más óvulos de los que el cuerpo ya tenía programado perder.

Los efectos secundarios más comunes son leves y transitorios: distensión abdominal, sensación de pesadez en los ovarios, cambios de humor o pequeñas molestias en el punto de inyección. La gran mayoría de pacientes los tolera bien y puede hacer vida prácticamente normal durante el proceso, aunque se recomienda evitar ejercicio físico intenso.

Preguntas frecuentes sobre la estimulación ovárica

¿Tengo que inyectarme yo misma la medicación?

En la mayoría de los casos, sí. Las inyecciones subcutáneas de estimulación son fáciles de administrar y el equipo de enfermería de IMFER te enseñará cómo hacerlo antes de empezar. También puede administrártelas un familiar o una persona de confianza. Muchas pacientes reconocen que, una vez dan el primer pinchazo, el miedo desaparece rápidamente.

¿Puedo trabajar con normalidad durante la estimulación?

Sí, en la inmensa mayoría de los casos. El tratamiento no impide desarrollar una vida laboral y social normal. Las visitas de seguimiento a la clínica suelen ser por las mañanas y son rápidas. El único momento que requiere más atención es el día de la punción folicular, para el que se recomienda descanso durante el resto de la jornada.

¿Qué pasa si no respondo bien a la estimulación?

Una baja respuesta no significa el fin del tratamiento. El equipo médico revisará el protocolo, ajustará las dosis o explorará otras estrategias, como acumular óvulos de varios ciclos antes de la transferencia. En IMFER individualizamos cada caso para encontrar la mejor solución para ti.

¿La estimulación ovárica duele?

Las inyecciones subcutáneas son generalmente bien toleradas. Puede existir algo de molestia en la zona de punción, y hacia el final de la estimulación es frecuente notar los ovarios más pesados o sensibles por su mayor tamaño. La punción folicular se realiza bajo sedación, por lo que tampoco resulta dolorosa.

Para mas informacion, visita nuestra guia sobre reproduccion asistida.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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