La edición del genoma de embriones humanos es uno de los avances científicos más debatidos de los últimos años. La técnica CRISPR-Cas9, que permite activar o desactivar genes específicos con una precisión sin precedentes, ha abierto posibilidades que hasta hace poco pertenecían a la ciencia ficción. Y con ellas, también preguntas éticas que la sociedad debe responder.
La investigación autorizada en el Reino Unido
En 2016, la Autoridad de Fertilización Humana y Embriología del Reino Unido (HFEA) autorizó a la investigadora Kathy Niakan, del Francis Crick Institute de Londres, a editar genes de embriones humanos con fines exclusivamente de investigación. Los embriones utilizados proceden de los descartados en clínicas de reproducción asistida y no pueden ser implantados en ningún útero.
El objetivo declarado de Niakan era comprender mejor qué genes necesita un embrión humano para desarrollarse correctamente durante la primera semana. Los embriones en fase de blastocisto, entre 200 y 300 células, representan el momento en que muchos procesos fundamentales de desarrollo se activan o desactivan. Aproximadamente la mitad de las fertilizaciones in vitro no superan esta fase, y entender por qué podría mejorar las tasas de éxito de la FIV.
La frontera entre investigación y aplicación clínica
La diferencia crucial es que la investigación autorizada trabaja con embriones que no se van a implantar. Modificar el genoma de un embrión que luego va a nacer, transmitiéndole esa modificación a toda su descendencia, es algo fundamentalmente distinto, con implicaciones éticas mucho más profundas.
Hugh Whittall, director del Consejo Nuffield de Bioética, señaló que la investigación autorizada «podría plantear una serie de cuestiones importantes que deben abordarse» antes de cualquier aplicación clínica. La comunidad científica internacional, mayoritariamente, aboga por una moratoria sobre la edición germinal con fines reproductivos hasta que los mecanismos de seguridad y el debate ético sean suficientemente maduros.
Qué implica esto para la reproducción asistida actual
Hoy, la herramienta disponible en clínica para evitar la transmisión de enfermedades genéticas en FIV es el diagnóstico genético preimplantacional (DGP). El DGP permite analizar los embriones antes de la transferencia y seleccionar aquellos que no sean portadores de una enfermedad concreta, sin modificar su genoma.
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