Uno de los factores que más influye en el éxito de un ciclo de fecundación in vitro es la selección del embrión que se va a transferir al útero. Un embrión de buena calidad tiene más probabilidades de implantarse y de llegar a buen término. Durante décadas, esa selección se basó exclusivamente en la observación morfológica: el embriólogo evaluaba la forma, el número de células y la presencia de fragmentación de cada embrión para elegir el mejor. Esta valoración, aunque sigue siendo útil, tiene limitaciones inherentes.
El salto de la morfología a la tecnología
Las últimas generaciones de incubadoras de time-lapse han permitido un cambio importante en la forma de evaluar los embriones. Estos sistemas registran de forma continua la evolución de cada embrión mediante cámaras integradas en la incubadora, generando miles de imágenes a lo largo del cultivo sin necesidad de sacar al embrión de su ambiente controlado.
El análisis de esas imágenes, asistido por algoritmos de inteligencia artificial, permite identificar patrones de desarrollo que se correlacionan con la viabilidad embrionaria y que no son visibles en una sola fotografía tomada en un momento concreto. El momento exacto en que el embrión pasa de una etapa a otra, el ritmo de sus divisiones celulares y ciertas características de su comportamiento temprano son variables que se están incorporando progresivamente a los criterios de selección.
La técnica Eeva y su propósito
El sistema Eeva (Early Embryo Viability Assessment) fue uno de los primeros en proponer una evaluación objetiva y no invasiva de los embriones en las primeras 48 horas de cultivo. El principio es el mismo que el del time-lapse: monitorización continua sin interrumpir el cultivo. Su diferencia principal fue la propuesta de un algoritmo específico para predecir qué embriones tienen mayor probabilidad de llegar al estadio de blastocisto.
Como señaló el doctor Buenaventura Coroleu en la presentación de este tipo de tecnologías, uno de los beneficios esperados de una mejor selección embrionaria es la reducción de los embarazos múltiples. Si podemos identificar con mayor precisión el embrión con más probabilidades de implantarse, es posible transferir un solo embrión con confianza, eliminando el riesgo de gemelaridad que implica la transferencia de dos.
El diagnóstico genético preimplantacional como complemento
La evaluación morfológica y el time-lapse analizan la forma y el comportamiento del embrión, pero no su contenido cromosómico. El diagnóstico genético preimplantacional para aneuploidías (DGP-A) añade esa dimensión: analiza el número de cromosomas de cada embrión para seleccionar únicamente los que tienen la dotación cromosómica correcta.
Esta combinación, morfología + time-lapse + DGP-A, está mejorando progresivamente las tasas de implantación por transferencia, especialmente en pacientes con edad materna avanzada, fallos de implantación previos o abortos de repetición.
En IMFER aplicamos las técnicas de evaluación embrionaria más avanzadas disponibles en cada momento, adaptando el protocolo a las necesidades específicas de cada paciente. Puedes ampliar información sobre el proceso de fecundación in vitro en nuestra guía completa de FIV.
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