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«Desde que soy madre me he vuelto tonta». Esta frase, dicha con humor pero también con una pizca de preocupación real, circula entre muchas mujeres que notan lagunas de memoria o dificultad de concentración en los meses posteriores al parto. Sin embargo, la neurociencia ofrece una perspectiva radicalmente diferente: el embarazo y la maternidad no reducen la inteligencia. La transforman.

Lo que ocurre en el cerebro durante el embarazo

Estudios de neuroimagen han mostrado que el volumen de la materia gris cerebral disminuye ligeramente durante el embarazo. Este hallazgo, que en un primer momento puede parecer preocupante, representa en realidad una poda neuronal adaptativa: el cerebro elimina conexiones menos relevantes para fortalecer las que van a ser más necesarias en la crianza. Es un proceso similar al que ocurre en la adolescencia.

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Las zonas que más se transforman son las relacionadas con la cognición social —la capacidad de percibir las emociones e intenciones de los demás— y el procesamiento emocional, principalmente en el sistema límbico. Algunas investigaciones, incluidas las realizadas en la Universidad de Navarra, han documentado que las células fetales pueden atravesar la barrera placentaria y llegar al cerebro de la madre, donde contribuyen a su regeneración. Este microguimerismo materno abre preguntas fascinantes sobre el vínculo biológico materno-filial.

Las capacidades que aumentan con la maternidad

La periodista Katherine Ellison, ganadora del Premio Pulitzer, recogió en su libro El cerebro de mamá la evidencia científica que apunta a un aumento de varias capacidades con la maternidad:

  • Agudeza sensorial: El olfato y el oído se vuelven más sensibles durante el embarazo y el posparto. Las madres son capaces de reconocer el llanto de su bebé entre otros, y de detectar sutilezas en su olor. La prolactina activa cambios en el córtex olfativo y auditivo.
  • Multitarea y eficiencia: La necesidad de gestionar varias tareas simultáneamente, con recursos de tiempo y energía limitados, genera nuevas estrategias cognitivas que perduran.
  • Reducción del estrés percibido: La oxitocina y la prolactina, liberadas especialmente durante la lactancia, tienen efectos ansiolíticos documentados. Las madres lactantes tienden a mostrar respuestas al estrés más moderadas en comparación con no lactantes.
  • Inteligencia emocional: La atención constante a las necesidades no verbales de un bebé ejercita capacidades de empatía, lectura emocional y gestión de frustraciones que se trasladan a otras áreas de la vida.

La perspectiva desde la reproducción asistida

Para las madres que han llegado a la maternidad tras un largo camino de tratamientos de fertilidad, estas transformaciones cerebrales pueden vivirse con una intensidad particular. El aprendizaje emocional que supone atravesar la infertilidad —la tolerancia a la incertidumbre, la resiliencia ante los fracasos, la capacidad de seguir apostando— es ya, en sí mismo, un entrenamiento cognitivo profundo que muchas madres llevan consigo mucho antes de que nazca su bebé.

La neuroplasticidad materna y sus implicaciones a largo plazo

Los cambios en el cerebro materno que se producen durante el embarazo y la maternidad no son transitorios. Estudios longitudinales han demostrado que algunas de estas transformaciones persisten durante años, e incluso podrían ser permanentes en aspectos relacionados con el procesamiento social y emocional. Esto no es sorprendente desde una perspectiva evolutiva: la maternidad es un rol que requiere capacidades cognitivas y emocionales específicas que se mantendrán activas durante décadas.

Un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience en 2016 por investigadores del Hospital del Mar de Barcelona mostró que los cambios en la materia gris que se producen durante el primer embarazo son altamente reproducibles entre mujeres distintas, y que muchos de esos cambios son comparables a los observados en la adolescencia. Esto refuerza la idea de que el embarazo es un período de desarrollo cerebral genuino, no simplemente una fase de «adaptación».

El «baby brain» como mito parcialmente desacreditado

El término «baby brain» —la supuesta pérdida de agudeza mental durante el embarazo y el posparto— tiene una base real parcial: la concentración puede verse afectada por el cansancio, el cambio de prioridades cognitivas y las alteraciones del sueño. Pero no refleja una pérdida de capacidad cognitiva real. Una madre que no recuerda dónde dejó las llaves pero es capaz de detectar el más mínimo cambio en el estado emocional de su bebé no ha perdido inteligencia: ha reorganizado sus recursos cognitivos de acuerdo con sus nuevas prioridades. Con el tiempo, y con el suficiente descanso, el rendimiento en tareas más abstractas o administrativas se recupera. Consulta más sobre nuestra atención integral en IMFER.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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