La depresión postparto se asocia automáticamente con las madres, y no sin razón: los cambios hormonales del embarazo y el parto generan una vulnerabilidad real que afecta a entre el 10% y el 15% de las mujeres que dan a luz. Pero lo que muchas personas no saben es que los padres también pueden desarrollar depresión postparto. Visibilizar esta realidad es el primer paso para que los hombres que la viven puedan pedir ayuda.
Qué dice la investigación sobre la depresión paterna
Un estudio del Centro de Investigaciones Pediátricas de Norfolk (Virginia, EE.UU.) encontró que el 10% de los padres primerizo desarrolla síntomas de depresión postparto, frente al 14% de las madres. La diferencia porcentual es menor de lo que muchos esperarían, y los mecanismos son distintos. En los hombres, los factores desencadenantes no son los cambios hormonales —aunque hay investigación que sí documenta ciertos cambios en los niveles de testosterona y prolactina en padres de recién nacidos—, sino el impacto de la nueva responsabilidad, el cambio radical en el estilo de vida y la reestructuración del rol dentro de la pareja.
Síntomas que conviene conocer
Los síntomas en los hombres pueden diferir de los clásicos de la depresión femenina, lo que dificulta el diagnóstico y la propia autoidentificación del problema:
- Irritabilidad, rabia o cambios de humor sin motivo aparente.
- Mayor distancia emocional con la pareja o el bebé.
- Refugiarse en el trabajo para evitar estar en casa.
- Conductas de riesgo: velocidad al conducir, consumo de alcohol.
- Dificultad para concentrarse y tomar decisiones.
- Cansancio persistente y falta de motivación.
- Sentimientos de fracaso o de no estar a la altura como padre.
En culturas donde se asocia la masculinidad con la fortaleza, muchos hombres tardan en reconocer estos síntomas como señales de un estado de salud mental que necesita atención. La vergüenza o el miedo al juicio pueden prolongar innecesariamente el sufrimiento.
Cómo afrontar la depresión postparto siendo padre
El primer paso es reconocer que lo que se siente es real y tiene nombre. Hablar con el médico de cabecera o con un psicólogo es siempre el camino más eficaz. Cuando el grado de afectación es moderado, algunas estrategias complementarias pueden ayudar:
- El ejercicio físico regular tiene evidencia robusta como tratamiento coadyuvante de la depresión.
- Dormir todo lo posible, aunque sea en turnos con la pareja, reduce el impacto de la privación de sueño sobre el estado de ánimo.
- Hablar con otros padres que hayan pasado por lo mismo normaliza la experiencia y reduce el aislamiento.
- Evitar el alcohol: aunque puede parecer que alivia a corto plazo, agrava la depresión a medio plazo.
Si tu pareja ha pasado por un tratamiento de reproducción asistida, el camino emocional puede ser aún más intenso. En IMFER ofrecemos apoyo psicológico tanto durante el tratamiento como en la etapa de posparto. No hay que atravesar ese camino solo.
El papel de la oxitocina en el bienestar paterno
La oxitocina, conocida popularmente como la «hormona del amor», se libera no solo en el parto y la lactancia sino también durante el contacto físico con el bebé. Los estudios muestran que los padres que participan activamente en el cuidado del recién nacido —el baño, el masaje, el juego cara a cara— experimentan un aumento de oxitocina comparable al de las madres. Esta liberación hormonal refuerza el vínculo afectivo y actúa como modulador del estado de ánimo.
La implicación práctica de este hallazgo es clara: cuanto más tiempo pasa el padre con el bebé en interacción activa, más se activan los sistemas neurobiológicos del vínculo y del bienestar. Los permisos de paternidad prolongados, como los que se han establecido recientemente en España, tienen por tanto un fundamento neurobiológico además del social y el legal.
Cuándo la depresión postparto requiere atención profesional urgente
Tanto en madres como en padres, existen señales de alerta que requieren atención psiquiátrica urgente y que van más allá de la tristeza y el cansancio habituales del posparto. Estos incluyen: pensamientos de hacerse daño a uno mismo o al bebé, incapacidad completa para funcionar en las actividades básicas durante más de dos semanas consecutivas, síntomas de psicosis puerperal (confusión, alucinaciones, ideas delirantes relacionadas con el bebé) o abuso de alcohol u otras sustancias para manejar el malestar. Ante cualquiera de estas señales, hay que buscar ayuda inmediata. Los servicios de salud mental de urgencias y el médico de cabecera son los primeros puntos de contacto.
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