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El bisfenol A (BPA) es un compuesto químico que formó parte de la composición de plásticos policarbonatos durante décadas. Su presencia en biberones, vajillas infantiles, recubrimientos de latas y envases de alimentos fue motivo de preocupación creciente cuando la investigación científica comenzó a documentar sus efectos disruptores sobre el sistema endocrino. Hoy, la regulación europea ha prohibido su uso en determinados productos de uso infantil, y entender por qué importa conocer esta historia.

Por qué el bisfenol A es problemático para la salud

El BPA es un xenoestrógeno: una molécula que imita la acción de los estrógenos en el organismo. Cuando los plásticos que lo contienen se calientan —por ejemplo, al esterilizar un biberón o al calentar leche en el microondas— liberan partículas de BPA que se disuelven en el alimento. El organismo no metaboliza esta sustancia de forma eficiente, por lo que tiende a acumularse.

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Su mecanismo disruptor endocrino interfiere con la señalización hormonal en momentos críticos del desarrollo: en el feto durante el embarazo y en el lactante durante los primeros meses de vida, cuando los sistemas hormonal y nervioso están todavía formándose. La investigación ha asociado la exposición prenatal y postnatal al BPA con alteraciones en el desarrollo neurológico, mayor riesgo de obesidad, resistencia a la insulina y, en adultos, problemas de fertilidad tanto masculina como femenina.

El marco regulatorio europeo

Desde marzo de 2011, la fabricación de biberones con BPA está prohibida en la Unión Europea. Desde junio de ese mismo año, la prohibición se extendió a la comercialización e importación. En 2018, la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) amplió las restricciones de uso del BPA en otros materiales en contacto con alimentos.

Los biberones que actualmente se venden en Europa cumplen con esta normativa y son libres de BPA. Sin embargo, es importante que los padres verifiquen la procedencia de los productos —especialmente si los adquieren fuera de la UE o a través de plataformas de comercio electrónico sin regulación clara— y eviten el uso de envases de plástico de dudosa procedencia para calentar alimentos.

Alternativas seguras y fertilidad

Los biberones de cristal son la alternativa más segura y duradera: no liberan ningún compuesto químico y soportan bien los ciclos de esterilización. En cuanto a los plásticos libres de BPA, existen en el mercado, aunque algunos investigadores señalan que ciertos sustitutos del BPA podrían tener efectos similares. La precaución sigue siendo la mejor guía.

Desde la perspectiva de la fertilidad, los disruptores endocrinos como el BPA tienen relevancia no solo en la crianza sino también durante el embarazo y antes de iniciar un tratamiento de reproducción asistida. Minimizar la exposición a este tipo de compuestos es una recomendación coherente con el cuidado integral de la salud reproductiva.

Más disruptores endocrinos en el entorno cotidiano

El bisfenol A no es el único disruptor endocrino presente en el entorno doméstico. Los ftalatos —utilizados para flexibilizar plásticos y presentes en juguetes, envases, cosméticos y productos de higiene— también tienen efectos estrogénicos documentados. El triclosán, presente en jabones antibacterianos y dentífricos hasta hace unos años, fue retirado del mercado europeo precisamente por su actividad disruptora del sistema hormonal.

Los parabenos en cosméticos, los perfluorados en sartenes de teflón y ropa impermeable, los plaguicidas organofosforados en frutas y verduras no ecológicas: el catálogo de potenciales disruptores endocrinos en el entorno moderno es extenso. No todos tienen la misma potencia ni la misma relevancia clínica, pero la exposición acumulada a múltiples compuestos con actividad hormonal a dosis bajas —el llamado «efecto cóctel»— es una preocupación legítima de la investigación en toxicología ambiental.

Cómo reducir la exposición en el hogar

Sin necesidad de adoptar medidas extremas, algunas acciones pueden reducir significativamente la exposición a disruptores endocrinos en el hogar con bebé: usar biberones y vajilla de cristal o acero inoxidable, evitar calentar alimentos en recipientes de plástico, elegir cosméticos e higiene personal con formulaciones simples y sin perfumes sintéticos, y optar por productos de limpieza con menos compuestos activos. La medida más efectiva sigue siendo la regulación, pero mientras la legislación avanza, la información al consumidor es la mejor herramienta de prevención. En IMFER orientamos a nuestros pacientes sobre factores ambientales que pueden influir en la fertilidad como parte de la atención integral.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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