Cuando una pareja o una mujer decide someterse a un estudio de fertilidad, uno de los primeros parámetros que se evalúan es la reserva ovárica. Se trata de un concepto fundamental en la medicina reproductiva que hace referencia a la cantidad y calidad de los óvulos disponibles en los ovarios en un momento determinado. Entender qué es la reserva ovárica, cómo se mide y qué implicaciones tiene puede ayudarte a tomar decisiones más informadas sobre tu salud reproductiva.
Qué es la reserva ovárica y por qué disminuye con la edad
Cada mujer nace con una dotación fija de folículos ováricos primitivos, llamada pool folicular. Este conjunto de folículos, que contienen los óvulos en distintos estadios de desarrollo, es finito y no se renueva. A diferencia de los espermatozoides, que se producen continuamente en el hombre desde la pubertad, los óvulos ya están presentes desde el nacimiento y su número decrece de forma progresiva e irreversible a lo largo de la vida.
En el momento del nacimiento, los ovarios contienen aproximadamente entre uno y dos millones de folículos. En la pubertad, este número ya ha descendido a unos 300.000-400.000. A lo largo de la vida fértil, solo unos 400-500 folículos llegarán a ovular; el resto irá muriendo en un proceso natural llamado atresia folicular. A partir de los 35 años, la pérdida folicular se acelera, y a los 37-38 años suele producirse un punto de inflexión en el que la reserva ovárica cae de forma más pronunciada.
Pero la cantidad no es el único parámetro relevante: la calidad ovocitaria también declina con la edad. Los óvulos de mujeres mayores tienen mayor probabilidad de presentar alteraciones cromosómicas, lo que aumenta el riesgo de aborto espontáneo y de condiciones como el síndrome de Down. Por eso, tanto la cantidad como la calidad de los óvulos son factores determinantes en la fertilidad.
Cómo se mide la reserva ovárica
La evaluación de la reserva ovárica se realiza mediante dos pruebas complementarias que se realizan de forma sencilla en la consulta de fertilidad:
Recuento de folículos antrales (RFA): es una ecografía transvaginal que se realiza en los primeros días del ciclo menstrual (generalmente entre el día 2 y el día 5). Permite contar el número de folículos de pequeño tamaño (entre 2 y 10 mm) presentes en ambos ovarios. Estos folículos son los que están en condiciones de responder a la estimulación en un ciclo dado. Un RFA total de entre 7 y 15 folículos se considera normal; por encima de 15, la reserva es buena; por debajo de 7, puede haber una reserva ovárica baja.
Hormona antimülleriana (AMH): es una proteína producida por las células de la granulosa de los folículos en desarrollo. Sus niveles en sangre reflejan de forma bastante fiable el tamaño del pool folicular activo. Una de sus ventajas es que puede medirse en cualquier momento del ciclo, ya que sus niveles son relativamente estables a lo largo del mes. Los valores de referencia varían según el laboratorio, pero en términos generales, niveles de AMH superiores a 1-1,5 ng/mL se consideran dentro de la normalidad para mujeres en edad fértil.
Otras pruebas que pueden complementar la evaluación incluyen los niveles de FSH basal y de estradiol en el día 2-3 del ciclo. Una FSH elevada en los primeros días del ciclo indica que el organismo tiene que «esforzarse más» para reclutar folículos, lo que es un marcador de reserva disminuida.
- La reserva ovárica baja no significa que sea imposible quedarse embarazada, pero puede requerir estrategias específicas.
- Factores como el tabaquismo, la endometriosis, las cirugías ováricas previas y ciertos tratamientos oncológicos pueden reducir la reserva ovárica independientemente de la edad.
- La vitrificación de óvulos es una opción para preservar la fertilidad antes de que la reserva disminuya significativamente.
Qué hacer si tu reserva ovárica es baja
Un diagnóstico de baja reserva ovárica no es una sentencia definitiva, pero sí es una información valiosa que debe orientar las decisiones reproductivas. Si estás planificando un embarazo y tu reserva ovárica es baja, el tiempo es un factor crítico: actuar pronto, bien buscando el embarazo de forma activa o bien preservando los óvulos disponibles mediante vitrificación, puede marcar una diferencia importante.
En el contexto de la reproducción asistida, las mujeres con baja reserva ovárica pueden beneficiarse de protocolos de estimulación específicamente diseñados para maximizar la respuesta, del pretratamiento con testosterona (como se describe en otro artículo), o de valorar opciones como la donación de óvulos si la respuesta ovárica es insuficiente.
Conclusión
La reserva ovárica es una de las claves del reloj biológico femenino. Conocerla a tiempo permite tomar decisiones reproductivas con mayor información y, en muchos casos, actuar antes de que las opciones se reduzcan. Si tienes dudas sobre tu reserva ovárica o estás pensando en realizar un estudio de fertilidad, no lo postergues.
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