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Convertirse en madre por primera vez es una de las experiencias más intensas y transformadoras que puede vivir una persona. Junto con la alegría y el amor desbordante, las mamás primerizas suelen experimentar un torrente de preocupaciones, miedos y dudas que pueden resultar abrumadores. Revisar si el bebé respira mientras duerme, angustiarse si llora sin motivo aparente, dudar si está comiendo suficiente… estas vivencias son absolutamente normales, pero entender por qué ocurren y cómo manejarlas puede hacer la diferencia entre disfrutar la maternidad o vivirla con ansiedad constante.

¿Por qué las madres primerizas tienen tantas preocupaciones?

La maternidad activa circuitos cerebrales relacionados con la vigilancia y la protección. Este fenómeno, estudiado en neurociencia, se conoce como «cerebro maternal» y tiene una base evolutiva: el organismo de la madre se reconfigura para estar alerta ante cualquier señal de peligro para su cría. Las hormonas del postparto —especialmente la oxitocina y la prolactina— refuerzan este vínculo y este estado de hipervigilancia.

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Además, las madres primerizas se enfrentan a una curva de aprendizaje enorme en un momento de gran vulnerabilidad física y emocional. El cansancio del posparto, la falta de sueño continuado, la recuperación física del parto y, en muchos casos, la presión social y familiar amplifican las preocupaciones normales hasta convertirlas en fuentes de angustia.

El acceso a internet y a las redes sociales, aunque puede ser fuente de información valiosa, también puede disparar la ansiedad. Leer sobre el síndrome de muerte súbita del lactante, sobre intolerancias alimentarias o sobre problemas de desarrollo puede generar miedos desproporcionados en madres que, en otro contexto, no tendrían razón para preocuparse.

Las preocupaciones más frecuentes y qué dice la ciencia sobre ellas

¿Está respirando? Es una de las preocupaciones más universales entre las madres primerizas. Los bebés respiran de forma irregular, con pausas breves que pueden alarmar a los padres sin estar acostumbrados. La respiración periódica neonatal —con pausas de hasta 10 segundos— es normal y no debe generar alarma. Sin embargo, pausas de más de 20 segundos, acompañadas de cambio de color o disminución del tono muscular, sí requieren atención inmediata.

¿Come suficiente? En bebés alimentados al pecho, la preocupación por si el bebé come lo suficiente es muy común, ya que no se puede cuantificar exactamente la cantidad de leche ingerida. Los indicadores más fiables de una alimentación adecuada son el aumento de peso, el número de pañales mojados (al menos 6 al día de orina clara) y la actitud del bebé (tranquilo y satisfecho tras las tomas). Si el bebé gana peso adecuadamente, está bien hidratado y parece contento, casi con toda seguridad come suficiente.

¿Por qué llora tanto? El llanto es el único lenguaje del recién nacido y puede expresar hambre, sueño, frío, calor, incomodidad, dolor o simplemente necesidad de contacto. En los primeros meses, muchos bebés pasan por períodos de llanto intenso, especialmente al atardecer (el llamado «cólico del lactante»). Este patrón, aunque agotador para los padres, es habitualmente benigno y se resuelve espontáneamente alrededor de los 3-4 meses.

¿Está tocando cosas sucias? La preocupación por los gérmenes es muy frecuente, especialmente en épocas de pandemia o en invierno. Si bien es importante mantener una higiene adecuada, la sobreprotección frente a los microorganismos puede ser contraproducente: la exposición moderada a los gérmenes del entorno habitual estimula el desarrollo del sistema inmunológico del bebé. No es necesario esterilizar todo ni evitar el contacto con el entorno doméstico normal.

El agotamiento que genera la crianza de un recién nacido es real y no debe minimizarse. Pedir ayuda —a la pareja, a la familia, a los profesionales de salud— no es un signo de debilidad, sino de inteligencia. Muchas comunidades disponen de grupos de apoyo a la maternidad, talleres de lactancia y consultas de enfermería pediátrica que pueden ser recursos muy valiosos en esta etapa.

Conclusión

Las preocupaciones de las mamás primerizas son normales, comprensibles y, en su mayoría, responden a instintos protectores completamente adaptativos. La clave está en distinguir las preocupaciones normales de aquellas que requieren atención profesional, en buscar información de fuentes fiables y en no dudar en consultar cuando algo nos genera inquietud genuina. Nadie espera que seas una madre perfecta; sí que seas una madre presente, informada y apoyada.

Puedes leer mas sobre este tema en nuestra guia sobre fertilidad y maternidad.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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