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España tiene una de las tasas de fecundidad más bajas de Europa, con una media de apenas 1,16 hijos por mujer según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. Detrás de este dato hay una realidad social y económica compleja: cada vez más parejas retrasan la decisión de tener hijos, no porque no quieran tenerlos, sino porque las condiciones laborales y económicas no se lo permiten. La precariedad laboral —contratos temporales, sueldos insuficientes, dificultad de acceso a la vivienda— se ha convertido en uno de los principales factores que explican el declive de la natalidad en nuestro país.

El impacto de la precariedad económica en la decisión de ser padres

Las encuestas de fecundidad realizadas en España revelan de forma consistente que la inseguridad económica y laboral es el principal motivo por el que las personas en edad fértil no tienen tantos hijos como desearían. El número de hijos ideal declarado por los españoles (alrededor de 2) supera ampliamente el número real de hijos (por debajo de 1,2), lo que evidencia una brecha entre el deseo y la realidad.

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Los factores económicos que más influyen en el retraso de la maternidad y la paternidad son:

  • Inestabilidad laboral: los contratos temporales y la rotación frecuente de empleo generan incertidumbre sobre los ingresos futuros, lo que disuade a muchas parejas de asumir el coste económico de un hijo.
  • Salarios insuficientes: el elevado coste de la vivienda, los servicios de guardería y los gastos asociados a la crianza hacen que muchas familias jóvenes no puedan permitirse económicamente tener hijos.
  • Dificultad de conciliación laboral y familiar: la falta de medidas de conciliación efectivas en muchas empresas, junto con los horarios laborales poco flexibles, hace que tener un hijo implique renunciar parcialmente a la carrera profesional, especialmente para las mujeres.
  • Precio de la vivienda: en muchas ciudades españolas, el precio de la vivienda ha alcanzado niveles que hacen prácticamente imposible el acceso a una vivienda amplia para familias jóvenes, lo que retrasa o disuade la decisión de tener hijos.

El resultado de todo esto es que la edad media de la maternidad en España supera los 32 años, y cada vez son más las mujeres que tienen su primer hijo por encima de los 35. Este retraso tiene consecuencias directas sobre la fertilidad: la calidad y cantidad de los óvulos disminuye progresivamente a partir de los 30-35 años, lo que aumenta la probabilidad de necesitar tratamientos de reproducción asistida para concebir.

Políticas de conciliación y natalidad: ¿qué puede hacer el Estado?

La comparación con otros países europeos es reveladora. Los países escandinavos, que combinan altas tasas de empleo femenino con políticas de conciliación robustas (baja parental larga y remunerada, acceso universal a guarderías públicas de calidad, flexibilidad horaria), presentan tasas de fecundidad significativamente más altas que España, Italia o Grecia.

La ampliación de los permisos de maternidad y paternidad en España —con la igualación de ambos a 16 semanas en 2021— fue un paso en la dirección correcta. Sin embargo, los datos muestran que el permiso de paternidad todavía tiene una tasa de disfrute inferior a la del de maternidad, y que muchos padres no se acogen a él por miedo a represalias laborales o a ver comprometida su carrera.

Las medidas que los expertos en demografía y política familiar consideran más efectivas para revertir el declive de la natalidad incluyen:

  • Inversión pública en guarderías de 0 a 3 años gratuitas o con bajo coste
  • Deducciones fiscales significativas por hijo a cargo
  • Prestaciones por nacimiento más generosas
  • Regulación de la flexibilidad horaria y el teletrabajo para familias con hijos
  • Políticas activas de empleo juvenil para reducir la precariedad

Mientras tanto, desde el punto de vista reproductivo, es importante que las mujeres que están posponiendo la maternidad por razones laborales y económicas conozcan las opciones que tienen para preservar su fertilidad. La vitrificación de óvulos es una herramienta eficaz que permite «congelar el reloj biológico» y conservar los óvulos en el momento de máxima calidad para utilizarlos en el futuro cuando las condiciones sean más favorables.

Conclusión

La precariedad laboral y la inseguridad económica son hoy las principales barreras para la maternidad y la paternidad en España. Abordar este problema requiere tanto políticas públicas valientes como una transformación cultural en la forma en que las empresas y la sociedad valoran la conciliación. Y para quienes ya han tomado la decisión de ser padres, la medicina reproductiva ofrece herramientas para superar las barreras biológicas que el retraso puede implicar.

Puedes leer mas sobre este tema en nuestra guia sobre fertilidad y maternidad.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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