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Revisado por el equipo médico de IMFER | Instituto Murciano de Fertilidad

España ostenta un récord que no causa especial orgullo: es el país de la Unión Europea donde las mujeres tienen a su primer hijo a una edad más tardía. La media supera los 31 años, y en ciudades como Madrid o Barcelona se aproxima a los 33. Este dato, que frecuentemente se presenta como un indicador de modernidad o de emancipación femenina, esconde en realidad una historia mucho más compleja en la que la biología, la economía y la sociedad se entrelazan de formas que merecen ser examinadas sin prejuicios.

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No se trata de juzgar las decisiones reproductivas de las mujeres españolas, que en su inmensa mayoría no son libres sino condicionadas por circunstancias externas que no controlan. Se trata de entender por qué, en un país que dice valorar la familia por encima de casi todo, las condiciones reales de vida hacen tan difícil tener hijos antes de los treinta, y qué consecuencias tiene este retraso tanto para la salud reproductiva individual como para la demografía colectiva.

En este artículo exploramos las causas profundas de la maternidad tardía en España, sus implicaciones médicas y sociales, y qué opciones tienen las mujeres que desean compaginar sus proyectos vitales con una maternidad que no sacrifique ni su salud reproductiva ni su desarrollo personal y profesional.

Las causas del retraso: no es una elección libre

El primer error que cometemos cuando analizamos la maternidad tardía es tratarla como una elección individual libre y consciente. En muchos casos, las mujeres que tienen su primer hijo pasados los 30 o incluso los 35 no lo han decidido así por preferencia, sino porque las circunstancias no les han dado otra opción.

Los datos del mercado laboral son elocuentes: España tiene una de las tasas de precariedad laboral juvenil más altas de Europa. La temporalidad, los contratos de prácticas encadenados, los salarios de entrada bajos y la dificultad para acceder a una vivienda propia son barreras concretas que retrasan el proyecto de familia independientemente de las preferencias individuales. Cuando una mujer de 28 años tiene un contrato temporal y no puede permitirse un alquiler de más de 800 euros en una ciudad media, la maternidad se convierte en una aspiración para el futuro, no en una posibilidad del presente.

A esto se suma un mercado laboral que penaliza la maternidad: a pesar de las leyes de igualdad, la brecha salarial y la discriminación en el empleo siguen siendo realidades documentadas para las madres. Muchas mujeres retrasan la maternidad precisamente para consolidar su posición profesional antes de enfrentarse a esas penalizaciones. La estrategia es comprensible desde el punto de vista individual, aunque tenga costes colectivos importantes.

El impacto de la edad sobre la fertilidad: la biología no espera

Más allá de las causas socioeconómicas, el retraso de la maternidad tiene consecuencias biológicas reales que no pueden ignorarse. Como ya se ha explicado en otros artículos de este blog, la fertilidad femenina comienza a declinar de forma gradual a partir de los 30 años y se acelera ese declive después de los 35. Esto significa que el contexto social que empuja a las mujeres a retrasar la maternidad está en conflicto directo con sus condiciones biológicas.

El resultado práctico de este conflicto es el aumento de las consultas por infertilidad en mujeres mayores de 35 años, el incremento de los ciclos de FIV con óvulos propios o con ovodonación, y un mayor número de embarazos de riesgo por edad materna avanzada. La maternidad tardía, cuando no es una elección libre sino el resultado de condiciones externas, se convierte así en un problema de salud pública además de un desafío demográfico.

La edad también influye en los riesgos del embarazo: a partir de los 35 años aumenta el riesgo de cromosomopatías (como el síndrome de Down), de diabetes gestacional, de hipertensión en el embarazo y de parto prematuro. Estos riesgos se gestionan de forma efectiva con un seguimiento prenatal adecuado, pero exigen una mayor vigilancia médica.

España frente a Europa: qué hace diferente a los países con mayor natalidad

Comparar las políticas de los países con mayor natalidad de Europa con las de España arroja lecciones valiosas. Francia, Suecia, Dinamarca e Islandia combinan tasas de fecundidad relativamente altas (entre 1,7 y 2,0) con sistemas que comparten varias características:

  • Amplia oferta de servicios de guardería públicos y asequibles desde el primer año de vida.
  • Permisos de maternidad y paternidad bien remunerados y socialmente normalizados.
  • Mercados laborales con mayor estabilidad y salarios de entrada más elevados para los jóvenes.
  • Culturas empresariales que no penalizan la conciliación ni perciben la maternidad como un obstáculo profesional.
  • Sistemas de apoyo público que reducen el coste directo de la crianza (prestaciones por hijo, educación gratuita de calidad).

España, en contraste, ocupa posiciones rezagadas en casi todos estos indicadores. La inversión en políticas de familia como porcentaje del PIB sigue siendo inferior a la media europea, y la estructura del mercado de trabajo continúa siendo especialmente penalizadora para las mujeres que deciden ser madres antes de consolidar su carrera.

Opciones para las mujeres que quieren conciliar su reloj biológico y su proyecto vital

Dado que el contexto estructural cambia lentamente, las mujeres que desean tener hijos pero se encuentran en circunstancias que no lo permiten todavía tienen hoy más opciones que nunca para gestionar su fertilidad de forma proactiva:

  • Conocer su reserva ovárica: Una simple analítica de AMH y una ecografía pueden proporcionar información valiosa sobre el estado de la fertilidad en el momento presente, permitiendo tomar decisiones más informadas sobre el momento de buscar el embarazo.
  • Vitrificación de ovocitos: Congelar óvulos a los 30-33 años como una «póliza de fertilidad» para el futuro es una opción cada vez más accesible y normalizada. No garantiza el éxito, pero amplía el margen de tiempo disponible.
  • No posponer indefinidamente la consulta médica: Si a los 35 años todavía no se ha conseguido el embarazo tras 6 meses de intentarlo activamente, o si a los 38 no se ha conseguido en 3 meses, es el momento de consultar con un especialista en reproducción asistida. No esperar a que el problema sea mayor es siempre la mejor estrategia.

Preguntas frecuentes

¿Es peligroso quedarse embarazada a los 38 o 40 años?

Un embarazo a los 38-40 años implica un mayor seguimiento médico, pero en la mayoría de los casos puede llevarse a cabo de forma sana y segura. Los riesgos existen —mayor probabilidad de cromosomopatías, de complicaciones obstétricas— pero se gestionan con diagnóstico prenatal y controles adecuados. Muchas mujeres tienen embarazos y partos completamente normales a esas edades. Lo importante es tener la información correcta y el acompañamiento médico adecuado.

¿Qué es la ovodonación y cuándo es necesaria?

La ovodonación consiste en utilizar óvulos donados por otra mujer para llevar a cabo la fecundación in vitro. Es la opción indicada cuando los óvulos propios ya no son de suficiente calidad para lograr un embarazo viable, algo que ocurre con mayor frecuencia a partir de los 40-42 años o en casos de fallo ovárico prematuro. Las tasas de éxito de la ovodonación son muy elevadas, independientemente de la edad de la receptora, porque la calidad del embrión depende de la donante y no de la madre gestante.

¿Cómo sé si debería congelar mis óvulos?

La decisión de vitrificar óvulos depende de varios factores: la edad actual, el resultado de la evaluación de la reserva ovárica, la situación personal y el horizonte temporal en que se plantea buscar el embarazo. Si tienes entre 28 y 35 años y prevés que no buscarás el embarazo antes de los 37-38, la vitrificación puede ser una opción razonable que merece discutirse con un especialista. A partir de los 36-37, los óvulos disponibles son menos y de menor calidad, por lo que la vitrificación ofrece resultados más inciertos.

La maternidad tardía en España no es un fenómeno que se vaya a resolver con campañas de concienciación dirigidas a las mujeres. Requiere cambios profundos en las condiciones económicas, laborales y de apoyo a la familia que hagan posible que quienes desean tener hijos no tengan que elegir entre sus proyectos de vida. Mientras esos cambios llegan, la medicina reproductiva puede acompañar a quienes necesiten ayuda para hacer realidad su proyecto familiar.

Puedes leer mas sobre este tema en nuestra guia sobre fertilidad y maternidad.

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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