Un diagnóstico de cáncer lo cambia todo. En los primeros días tras conocerlo, la mente se llena de preguntas sobre el tratamiento, el pronóstico, la vida que habrá después. En ese contexto, pensar en la fertilidad puede parecer secundario, incluso un lujo. Pero para muchas personas jóvenes, especialmente mujeres en edad reproductiva que aún no han completado su deseo de maternidad, el impacto del tratamiento oncológico sobre la fertilidad futura puede ser una de las consecuencias más duraderas del cáncer, y también una de las más prevenibles si se actúa a tiempo.
La buena noticia es que hoy disponemos de técnicas eficaces de preservación de fertilidad que pueden realizarse antes de iniciar la quimioterapia o la radioterapia sin retrasar de forma significativa el inicio del tratamiento. La mala noticia es que todavía muchos profesionales oncológicos no derivan sistemáticamente a sus pacientes a una consulta de reproducción asistida antes de empezar. Y cuando esa consulta no ocurre, la ventana de oportunidad puede cerrarse para siempre.
Este artículo está dirigido a cualquier persona que acaba de recibir un diagnóstico oncológico, a sus familias, y también a profesionales que quieran entender mejor cuándo y cómo derivar a un especialista en fertilidad. La información llega rápido; lo importante es que no llegue tarde.
Cómo los tratamientos oncológicos afectan a la fertilidad
Los tres grandes pilares del tratamiento oncológico, quimioterapia, radioterapia y cirugía, pueden afectar a la fertilidad de formas muy distintas dependiendo del tipo de fármaco, la dosis, la localización de la radiación y el tipo de intervención quirúrgica.
La quimioterapia es gonadotóxica, es decir, puede dañar los tejidos reproductivos. Los fármacos más agresivos para los ovarios son los agentes alquilantes, como la ciclofosfamida o el busulfán, que pueden provocar fallo ovárico prematuro o reducir de forma significativa la reserva ovárica. No todos los esquemas de quimioterapia tienen el mismo potencial de daño: algunos protocolos, como los utilizados en ciertos linfomas de Hodgkin, tienen un riesgo gonadotóxico bajo o moderado, mientras que otros, como los empleados en cáncer de mama triple negativo o en los regímenes de acondicionamiento previos al trasplante de médula, tienen un riesgo muy alto.
La radioterapia sobre la pelvis o el abdomen puede dañar tanto el tejido ovárico como el útero. La radiación ovárica a dosis superiores a 6 Gy puede causar fallo ovárico permanente. La radiación uterina, dependiendo de la dosis, puede comprometer la capacidad del útero de implantar y mantener un embarazo, así como aumentar el riesgo de parto prematuro o de placenta previa en gestaciones futuras.
Las cirugías ginecológicas oncológicas pueden implicar la extirpación de uno o ambos ovarios, del útero o de estructuras relacionadas con la fertilidad. En cáncer de cuello de útero, por ejemplo, existe una técnica quirúrgica conservadora llamada traquelectomía radical que preserva el útero en casos seleccionados, permitiendo embarazos posteriores. En cáncer de ovario, la cirugía conservadora también es posible en estadios tempranos y en pacientes jóvenes que quieren preservar la fertilidad.
Las opciones disponibles: qué se puede hacer y cuándo
La vitrificación de óvulos es la técnica más consolidada y la que ofrece mejores resultados en mujeres adultas sin pareja. Consiste en estimular los ovarios, extraer los óvulos mediante punción folicular bajo sedación y conservarlos a temperaturas ultrabajas mediante un proceso de congelación ultrarrápida. El proceso completo dura entre diez y quince días, lo que en muchos casos es perfectamente compatible con el tiempo de planificación previo al inicio de la quimioterapia. Las tasas de supervivencia de los óvulos tras la desvitrificación superan el 85% en centros con experiencia.
La criopreservación de embriones es la opción más adecuada para mujeres con pareja estable o que desean usar semen de donante. En lugar de vitrificar solo los óvulos, se fecundan primero con los espermatozoides y se vitrifican los embriones resultantes, que tienen tasas de supervivencia incluso superiores a las de los óvulos. Esta opción puede no ser adecuada para tumores muy hormono-dependientes, aunque los protocolos de estimulación con letrozol han reducido significativamente el pico estrogénico en esos casos.
La criopreservación de tejido ovárico es una técnica experimental en algunas indicaciones pero ya establecida en otras, especialmente en niñas prepuberales que aún no pueden someterse a estimulación ovárica. Consiste en extraer laparoscópicamente una parte del cortex ovárico, criopreservarlo y reimplantarlo en el momento adecuado tras la remisión del cáncer. La eficacia demostrada y la posibilidad de restaurar no solo la fertilidad sino también la función hormonal la convierten en una opción muy relevante para ciertos casos.
La transposición ovárica es una cirugía que puede realizarse antes de la radioterapia pélvica. Consiste en desplazar quirúrgicamente los ovarios fuera del campo de radiación para protegerlos del daño por rayos. Su eficacia depende del campo de irradiación y no siempre es posible, pero cuando lo es, puede preservar la función ovárica de forma significativa.
La vida reproductiva después de superar el cáncer
Superar un cáncer es un logro enorme. Y muchas personas, una vez que la enfermedad queda atrás, retoman con fuerza el deseo de maternidad que quedó en suspenso. La pregunta que más se repite en consulta es: ¿puedo quedarme embarazada tras haber tenido cáncer? La respuesta, en la mayoría de los casos, es sí, aunque con matices importantes.
El tiempo de espera recomendado antes de buscar el embarazo después de un tratamiento oncológico varía según el tipo de tumor y el protocolo recibido. En general, se recomienda esperar al menos dos años tras finalizar el tratamiento, que es el período de mayor riesgo de recidiva en muchos tipos de cáncer. Esto no significa que el embarazo sea peligroso para la madre o para el bebé, sino que se trata de un período en el que la vigilancia oncológica es más intensa y en el que el cuerpo se está recuperando.
Los estudios disponibles sobre mujeres que se han quedado embarazadas después de un cáncer no muestran un aumento del riesgo de recidiva en la mayoría de los tumores, incluido el cáncer de mama, lo que durante años fue una preocupación médica que limitaba innecesariamente a muchas pacientes. Cada caso debe evaluarse de forma individualizada entre el oncólogo y el especialista en reproducción asistida, pero el mensaje general es de esperanza fundamentada.
- Habla con tu oncólogo sobre la fertilidad en el mismo momento del diagnóstico, antes de firmar el consentimiento para el tratamiento.
- Pide que te deriven a una consulta de reproducción asistida de urgencia si el tratamiento va a comenzar pronto.
- Pregunta específicamente qué tipo de fármacos o radiación recibirás y cuál es el riesgo gonadotóxico estimado.
- Si ya tienes pareja, valora conjuntamente la vitrificación de embriones frente a la de óvulos solos.
- No asumas que el tema de la fertilidad es una preocupación menor: es parte de tu calidad de vida a largo plazo y tienes todo el derecho a priorizarla.
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