Hay una conversación incómoda que muchos profesionales de la salud evitan tener con sus pacientes, y que sin embargo debería ocurrir mucho antes de lo que ocurre habitualmente: la conversación sobre la edad y la fertilidad. No porque haya que alarmar a nadie ni porque la maternidad tenga una fecha de caducidad absoluta, sino porque la información correcta en el momento adecuado puede marcar la diferencia entre tener opciones y no tenerlas.
La edad de la mujer es, con diferencia, el factor más determinante para la fertilidad. Por encima del tabaco, del peso corporal, del estrés o de cualquier otro factor modificable. Y sin embargo, es el factor del que menos se habla en las consultas de atención primaria, en las revisiones ginecológicas rutinarias y en las conversaciones cotidianas sobre salud reproductiva. El resultado de ese silencio es que muchas mujeres llegan a las clínicas de reproducción asistida cuando el margen de maniobra biológico ya se ha reducido de forma significativa.
No se trata de generar culpa ni de imponer calendarios vitales a nadie. Se trata de dar información real para que cada persona pueda tomar sus decisiones con conocimiento. Y la información real dice que la biología tiene sus propios plazos, independientemente de los plazos que marcan la economía, el trabajo o las circunstancias personales.
Cómo cae la reserva ovárica y la calidad ovocitaria con los años
Desde el punto de vista biológico, la fertilidad femenina empieza a declinar de forma progresiva a partir de los 32-33 años, se acelera significativamente a partir de los 37-38 y cae de forma muy pronunciada a partir de los 40. Esto no significa que sea imposible quedarse embarazada a los 38 o a los 42, sino que las probabilidades son muy diferentes a las de los 30 y que los caminos para lograrlo también pueden ser distintos.
El ovario de una mujer contiene todos los folículos que va a tener desde antes de nacer. No produce nuevos óvulos. Nace con una reserva de entre un millón y dos millones de folículos primordiales, que a lo largo de la vida se van perdiendo de forma progresiva e irreversible, con independencia de si la mujer ovula, toma anticonceptivos o está embarazada. En el momento de la pubertad quedan unos 300.000 folículos. En la menopausia, prácticamente ninguno.
Pero no es solo la cantidad lo que cambia con la edad. La calidad de los óvulos también se deteriora. El principal problema de calidad es el aumento de las aneuploidías: errores en el número de cromosomas que hacen que el embrión resultante sea incompatible con una gestación evolutiva. A los 35 años, aproximadamente el 25-30% de los óvulos tienen alguna anomalía cromosómica. A los 40, esa cifra supera el 50%. A los 43-44, puede estar por encima del 80%. Esto explica por qué las tasas de embarazo caen y las de aborto suben de forma tan pronunciada con la edad.
Tasas reales de embarazo por grupos de edad
Las cifras que ofrecen los registros de la SEF y los estudios internacionales de referencia son claras, aunque a veces resulten difíciles de escuchar. En ciclos de FIV con óvulos propios, las tasas de nacido vivo por transferencia son aproximadamente las siguientes según los grupos de edad más relevantes:
Por debajo de los 35 años, las tasas de nacido vivo por transferencia de embrión fresco se sitúan en torno al 40-45% en los mejores centros, con tasas similares o algo superiores con embriones vitrificados. Entre los 35 y los 37 años, las tasas empiezan a descender de forma perceptible, situándose alrededor del 30-35%. Entre los 38 y los 40 años, la caída es más pronunciada: tasas del 20-25%. Y por encima de los 40 años, las tasas con óvulos propios caen por debajo del 15% por transferencia, con mucha variabilidad según la reserva ovárica individual de cada paciente.
En cambio, cuando se utilizan óvulos de donante —habitualmente mujeres de entre 18 y 35 años con donación confirmada— las tasas se mantienen altas independientemente de la edad de la receptora, porque el factor determinante es la edad de los óvulos, no la de la mujer que los recibe. Esto es lo que hace que la donación de óvulos sea la alternativa más eficaz para mujeres mayores de 40 que no responden bien con sus propios gametos.
Cuándo pedir una analítica de reserva ovárica
La buena noticia es que existe una prueba sencilla, accesible y muy informativa que permite conocer el estado de la reserva ovárica de una mujer en cualquier momento: la analítica de hormona antimülleriana, combinada con una ecografía transvaginal para contar los folículos antrales visibles en los ovarios.
Esta analítica no predice la fertilidad de forma absoluta —hay mujeres con reserva baja que consiguen embarazo espontáneo y mujeres con reserva aparentemente normal que tienen dificultades— pero sí da una imagen clara de cuántos óvulos quedan y, por tanto, de cuánto margen de tiempo existe antes de que la reserva sea clínicamente limitante para un tratamiento de reproducción asistida.
El momento ideal para pedirla es entre los 30 y los 35 años, antes de que la reserva empiece a caer de forma acelerada. Si el resultado es tranquilizador, se puede tomar la decisión con calma. Si muestra una reserva baja para la edad, conviene actuar: ya sea buscando el embarazo con más urgencia, ya sea vitrificando óvulos para preservar esa reserva antes de que continúe cayendo. Esperar a tener dudas para consultar es uno de los errores más frecuentes y más costosos desde el punto de vista biológico.
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