La evaluación de la fertilidad masculina ha contado durante décadas con herramientas bien establecidas: el seminograma para analizar la cantidad, la motilidad y la morfología de los espermatozoides, los análisis hormonales para estudiar el eje hipofisario-testicular, y las pruebas genéticas para detectar alteraciones cromosómicas o deleciones del cromosoma Y. Sin embargo, en los últimos años ha ganado relevancia científica un indicador de naturaleza completamente diferente: la distancia anogenital, conocida por sus siglas en inglés AGD (anogenital distance). Este parámetro anatómico, medido de forma externa y no invasiva, está revelando datos de gran interés sobre la función reproductiva masculina y su origen durante el desarrollo fetal.
¿Qué es la distancia anogenital?
La distancia anogenital es la medida que existe entre el centro del ano y la base del escroto —en el hombre— o la base de la vulva —en la mujer. Es un parámetro que se desarrolla durante el período crítico de diferenciación sexual en el feto, que ocurre aproximadamente entre las semanas ocho y quince de gestación, bajo la influencia directa de los andrógenos —principalmente la testosterona y la dihidrotestosterona— producidos por el testículo fetal.
En los mamíferos, incluidos los humanos, la AGD es consistentemente mayor en los machos que en las hembras. Esta diferencia, establecida en el período prenatal, refleja la mayor exposición androgénica del feto masculino. Cuando esta exposición es menor de lo esperado —por causas genéticas, ambientales o idiopáticas—, la AGD puede verse reducida en el varón.
La relación entre la AGD y la fertilidad masculina
Desde los estudios pioneros en roedores de laboratorio, los investigadores han observado que los machos con una AGD reducida presentan menor fertilidad. Este hallazgo, replicado en múltiples especies animales, generó la hipótesis de que algo similar podría ocurrir en la especie humana.
Los estudios en hombres han confirmado esta relación. Investigaciones publicadas en revistas científicas de alto impacto han encontrado que los hombres con AGD más corta presentan:
- Menor volumen testicular
- Menor concentración de espermatozoides en el eyaculado
- Peor motilidad espermática
- Mayor proporción de espermatozoides con morfología anormal
- Niveles más bajos de testosterona en algunos estudios
- Mayor riesgo de criptorquidia (testículo no descendido) e hipospadias
Estos hallazgos son compatibles con la hipótesis de que una exposición androgénica prenatal subóptima puede programar de forma permanente tanto el desarrollo del aparato genital como la capacidad reproductiva adulta del varón.
Factores que pueden reducir la AGD en hombres
Uno de los aspectos más relevantes de la investigación sobre la AGD es la identificación de factores ambientales capaces de alterar la producción de andrógenos durante el período crítico de diferenciación sexual. Entre los más estudiados se encuentran:
- Disruptores endocrinos: Sustancias químicas presentes en el medio ambiente —ftalatos, bisfenol A, pesticidas organoclorados— son capaces de interferir con la acción de los andrógenos durante el desarrollo fetal. Varios estudios han asociado la exposición materna a estos compuestos durante el embarazo con una reducción de la AGD en los hijos varones.
- Factores genéticos: Algunas variantes genéticas que afectan al metabolismo de los andrógenos o a la sensibilidad de sus receptores pueden influir en el tamaño de la AGD.
- Factores nutricionales: La dieta de la madre durante el embarazo puede influir en los niveles de andrógenos fetales y, por tanto, en el desarrollo de la AGD.
Aplicaciones clínicas y limitaciones
La medición de la AGD es un procedimiento sencillo, no invasivo y reproducible que puede realizarse en consulta. Sin embargo, su utilidad clínica como marcador individual de fertilidad masculina sigue siendo objeto de debate. Las diferencias entre individuos son amplias, y la superposición entre grupos fértiles e infértiles es significativa. Esto significa que una AGD reducida no es, por sí sola, diagnóstica de infertilidad, pero sí puede ser un marcador complementario útil cuando se evalúa junto con otros parámetros de fertilidad.
Algunos investigadores proponen incluir la medición de la AGD en la evaluación rutinaria de la fertilidad masculina, especialmente en varones que presentan parámetros seminales limítrofes o en estudios epidemiológicos sobre exposición a disruptores endocrinos. Sin embargo, antes de su implementación clínica generalizada será necesario disponer de valores de referencia estandarizados para diferentes poblaciones.
Conclusión
La distancia anogenital es un parámetro anatómico de origen prenatal que refleja la exposición androgénica durante el desarrollo fetal y que se ha asociado de forma consistente con la calidad de los parámetros espermáticos en el adulto. Aunque su utilidad clínica individualizada todavía está siendo estudiada, su valor como marcador epidemiológico de los efectos de los disruptores endocrinos sobre la fertilidad masculina es indudable. La investigación en este campo sigue avanzando y probablemente abrirá nuevas perspectivas en la comprensión y el diagnóstico de la infertilidad masculina en los próximos años.
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