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Hay algo profundamente humano en la imagen de una embarazada que habla con su barriga. No es superstición ni sentimentalismo: es uno de los primeros actos de comunicación entre una madre —o un padre— y su hijo. Y la neurociencia lleva décadas estudiando qué ocurre realmente en esa interacción, con resultados que revelan una complejidad fascinante.

El embarazo no es solo un proceso fisiológico de desarrollo de órganos. Es también el primer entorno de aprendizaje del ser humano. El feto percibe, responde y, en cierta medida, recuerda. Saber esto puede cambiar la forma en que vivimos los nueve meses de gestación, no para añadir presión a quien ya lleva suficiente, sino para dar significado a algo que muchas familias hacen de forma intuitiva.

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Este artículo recoge lo que la investigación científica sabe hoy sobre la comunicación prenatal: cuándo empieza a oír el feto, qué percibe del entorno materno, cómo el estrés de la madre llega al bebé y qué prácticas tienen base en la evidencia.

El desarrollo del sistema auditivo fetal: cuándo empieza a oír

El sistema auditivo fetal comienza su desarrollo alrededor de la semana 18 de gestación, cuando las estructuras del oído interno ya están suficientemente formadas para captar vibraciones. Sin embargo, la capacidad de procesar y responder a los sonidos de forma funcional se establece de manera más robusta a partir de la semana 20-24. A partir de ese momento, el feto no solo oye: reacciona.

Los estudios realizados mediante ecografía en tiempo real han registrado respuestas fetales ante estímulos sonoros: movimientos, cambios en la frecuencia cardíaca, alteraciones en el patrón de succión del pulgar. Estas respuestas no son solo reflejos automáticos: implican un procesamiento a nivel del sistema nervioso central que madura progresivamente a lo largo del tercer trimestre.

El entorno sonoro que percibe el feto es, en su mayor parte, interno. La voz de la madre llega a través de las paredes del abdomen, del líquido amniótico y de las vibraciones óseas, con una calidad acústica diferente a la del exterior —más grave, más amortiguada— pero perfectamente audible. Es la voz que el recién nacido reconocerá desde los primeros minutos de vida, prefiriéndola a cualquier otra voz femenina. Ese reconocimiento, demostrado en estudios clásicos de los años 80 y replicado múltiples veces desde entonces, es prueba de que el aprendizaje auditivo comienza antes del nacimiento.

Qué percibe el feto del entorno materno

La percepción fetal no se limita al sonido. El feto percibe también el ritmo cardíaco de la madre, que actúa como el primer metrónomo de su vida. Los ritmos regulares —incluido el de la respiración— tienen un efecto calmante demostrado en el feto y en el recién nacido: por eso las técnicas de contención que imitan ese ritmo son tan efectivas para calmar al bebé en los primeros meses.

El feto percibe también las variaciones hormonales de la madre. El estrés materno genera cortisol que, cuando es elevado de forma crónica, atraviesa la barrera placentaria y llega al feto. Esto tiene implicaciones sobre el desarrollo del sistema de respuesta al estrés del bebé, que se está «calibrando» durante la gestación en función del entorno que percibe. Un entorno de estrés sostenido puede sensibilizar ese sistema, lo que algunos estudios asocian con mayor reactividad emocional en la infancia y mayor vulnerabilidad a la ansiedad.

Esto no significa que el estrés puntual sea dañino: la madre no puede ni debe intentar eliminar toda emoción negativa de su embarazo, lo que sería imposible e impone una presión adicional. Lo que sí conviene es abordar el estrés crónico —el que dura semanas o meses— con herramientas reales: apoyo psicológico, reducción de cargas laborales cuando sea posible, técnicas de regulación emocional como la respiración consciente o el mindfulness, cuya efectividad en el embarazo tiene respaldo en la literatura científica.

El vínculo prenatal y sus efectos en el desarrollo neonatal

El concepto de vínculo prenatal —la relación afectiva que los padres desarrollan con el bebé durante el embarazo— tiene implicaciones que van más allá de lo sentimental. Los estudios que comparan madres con alto y bajo nivel de vínculo prenatal muestran diferencias en la sensibilidad materna tras el parto, en la lactancia y en la calidad del apego temprano.

Hablarle al feto, leerle, cantarle, poner música o simplemente tomar conciencia de su presencia varias veces al día son prácticas que favorecen el desarrollo del vínculo prenatal. No existe un protocolo rígido ni una frecuencia «correcta»: lo importante es la intención y la regularidad. El bebé prenatal no necesita estimulación intensa ni programas estructurados; necesita la presencia afectuosa de quien lo lleva.

El padre y la pareja también pueden participar en la comunicación prenatal. Aunque la voz paterna llega con menor nitidez al feto que la materna, los estudios muestran que los recién nacidos también reconocen la voz de su padre. Colocar las manos sobre el abdomen, hablar directamente a la barriga, responder a los movimientos: todos estos gestos construyen un vínculo real que anticipa el que se desarrollará tras el nacimiento.

Prácticas de estimulación prenatal con base en la evidencia

La musicoterapia prenatal ha generado un considerable volumen de investigación. Los fetos expuestos regularmente a música durante el embarazo muestran respuestas de reconocimiento al mismo tipo de música tras el nacimiento, lo que sugiere memoria auditiva prenatal. La preferencia por música tranquila y de ritmo regular —como algunas composiciones barrocas o el jazz suave— sobre música de alta intensidad sonora tiene sentido fisiológico: el volumen elevado puede generar activación en lugar de calma.

La lectura en voz alta durante el embarazo tiene también evidencia. Un estudio clásico mostró que recién nacidos cuyos padres habían leído el mismo cuento en voz alta durante las últimas semanas de embarazo mostraban respuestas de reconocimiento al ese cuento específico, frente a textos que no habían oído antes.

La relajación consciente —técnicas de respiración, yoga prenatal, meditación— beneficia al feto indirectamente al reducir los niveles de cortisol materno y mejorar la circulación placentaria. Son prácticas accesibles, seguras y con un impacto real sobre el bienestar tanto de la madre como del bebé.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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