Que las mujeres en Europa y en el mundo occidental retrasan cada vez más la maternidad es un hecho estadístico indiscutible. La edad media del primer parto ha ido aumentando progresivamente durante décadas, impulsada por razones estructurales muy comprensibles: mayor acceso a la educación, necesidad de estabilidad laboral y económica, dificultad para conciliar vida personal y profesional, y cambios profundos en los modelos de relación. Sin embargo, desde el punto de vista biológico, el paso del tiempo tiene consecuencias concretas sobre la fertilidad femenina que la medicina no puede ignorar.
La curva de la fertilidad femenina
La reserva ovárica de una mujer —es decir, el número y la calidad de los óvulos disponibles— comienza a disminuir desde el nacimiento. A los 20 años, una mujer conserva apenas el 12% de los folículos con los que nació. A los 30, ese porcentaje ha bajado hasta el 3%. Pero no es solo una cuestión de cantidad: la calidad de los ovocitos también se deteriora con el tiempo, aumentando el riesgo de anomalías cromosómicas en los embriones.
Los datos epidemiológicos son claros: la probabilidad natural de embarazo por ciclo en una mujer de 20-24 años se sitúa en torno al 25-30%, mientras que a los 35 años desciende al 15-20%, y a los 40 no supera el 5-7%. Estas cifras son relevantes tanto para la concepción natural como para los resultados de las técnicas de reproducción asistida.
El umbral de los 35 años: ¿por qué es tan importante?
La medicina reproductiva utiliza la edad de 35 años como un punto de referencia significativo por varias razones:
- Aumento del riesgo cromosómico: A partir de los 35 años, la tasa de anomalías cromosómicas en los ovocitos —como la trisomía 21, que provoca el síndrome de Down— aumenta de forma notable. A los 40 años, aproximadamente el 40% de los embriones generados presenta alteraciones cromosómicas.
- Menor tasa de éxito en FIV: Las tasas de embarazo por transferencia de embriones en fecundación in vitro descienden significativamente a partir de los 35-37 años, especialmente si se utilizan óvulos propios.
- Mayor tiempo para lograr el embarazo: A medida que avanza la edad, aumenta también el tiempo medio que una pareja necesita para conseguir un embarazo de forma natural, lo que puede retrasar el diagnóstico de posibles problemas de fertilidad.
- Riesgo de reserva ovárica baja: Aunque la edad es un factor estadístico, cada mujer envejece reproductivamente a su propio ritmo. Hay mujeres de 32 años con reserva ovárica baja y mujeres de 38 con reserva excelente. Por eso, la evaluación individual es fundamental.
Campañas de concienciación: entre la información y el estigma
Algunos países europeos han lanzado campañas de salud pública para informar a la población sobre los cambios biológicos asociados a la edad en la fertilidad. Italia, por ejemplo, impulsó una campaña gubernamental de este tipo que generó una importante controversia: mientras sus promotores argumentaban que se trataba de difundir información médica relevante, sus críticos señalaban que el mensaje resultaba paternalista, que ignoraba las condiciones estructurales que llevan a las mujeres a retrasar la maternidad y que responsabilizaba individualmente a las mujeres de un problema que tiene raíces sociales y económicas.
El debate pone en evidencia que la comunicación sobre fertilidad y edad no puede reducirse a una advertencia simplificada. Requiere un enfoque que contemple tanto la información biológica rigurosa como el reconocimiento de que las decisiones reproductivas se toman en contextos vitales complejos.
¿Qué puede hacerse cuando se desea posponer la maternidad?
Para las mujeres que, por las razones que sean, no están en condiciones de ser madres en este momento pero saben que en el futuro querrán serlo, la medicina reproductiva ofrece una solución cada vez más consolidada: la vitrificación de ovocitos.
Este procedimiento consiste en extraer y congelar óvulos cuando la mujer todavía está en edad reproductiva óptima, para utilizarlos en el momento en que decida tener hijos. La vitrificación —técnica de congelación ultrarrápida— ha mejorado enormemente los resultados: los óvulos vitrificados presentan tasas de supervivencia y de fecundación muy similares a los óvulos frescos.
La recomendación médica es realizar la preservación de fertilidad idealmente antes de los 35 años, aunque también puede tener sentido realizarla entre los 35 y los 37 si la reserva ovárica es buena. A partir de los 38, los resultados disminuyen progresivamente.
La importancia de la consulta preventiva
Una evaluación básica de la fertilidad —que incluye una analítica hormonal (AMH, FSH, LH) y una ecografía para el recuento de folículos antrales— permite conocer el estado real de la reserva ovárica de cada mujer y tomar decisiones informadas sobre sus opciones reproductivas. Esta consulta puede realizarse en cualquier momento, independientemente de si se está planteando ser madre ahora o en el futuro.
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