La infertilidad masculina es una realidad médica que afecta a millones de hombres en todo el mundo y que, durante décadas, ha sido silenciada o subestimada. Existe aún la creencia errónea de que los problemas de fertilidad son cosa de mujeres, pero los datos son claros: en aproximadamente la mitad de los casos en que una pareja no logra el embarazo, el factor masculino está implicado, ya sea como causa única o como factor contribuyente junto a factores femeninos.
Hablar abiertamente de infertilidad masculina, entender sus causas, saber cuándo y cómo diagnosticarla y conocer los tratamientos disponibles es fundamental para que los hombres tomen un papel activo en el proceso de búsqueda del embarazo. En este artículo abordamos todo lo que necesitas saber sobre la infertilidad masculina con rigor científico y sin tabúes.
Causas de la infertilidad masculina
La infertilidad masculina puede tener múltiples causas, que se agrupan en tres grandes categorías según dónde se origina el problema:
- Causas pretesticulares: son las que afectan a la producción hormonal que regula la espermatogénesis. El hipogonadismo hipogonadotrópico, por ejemplo, implica una producción insuficiente de las hormonas FSH y LH por parte de la hipófisis, lo que reduce o elimina la producción de espermatozoides. También pueden incluirse en este grupo el uso de esteroides anabolizantes, que suprimen el eje hormonal, y ciertos tumores hipofisarios.
- Causas testiculares: son las más frecuentes y se producen directamente en el testículo. Incluyen el varicocele (dilatación de las venas del cordón espermático), los criptorquidismo no tratado (testículo no descendido), las infecciones como la orquitis por parotiditis (paperas), los traumatismos testiculares, las exposiciones a radiación o quimioterapia y algunas alteraciones genéticas como el síndrome de Klinefelter.
- Causas postesticulares: afectan al transporte de los espermatozoides desde el testículo hasta el exterior. Incluyen la obstrucción del epidídimo o de los conductos deferentes (por infecciones previas, cirugías o de forma congénita, como en la fibrosis quística), la ausencia congénita bilateral de los conductos deferentes (ACBD) y los problemas de eyaculación.
Además de estas causas estructurales, existen factores de estilo de vida con un impacto demostrado sobre la fertilidad masculina: el tabaco, el alcohol, el sobrepeso, el calor excesivo en la zona testicular, el estrés crónico, la exposición a tóxicos ambientales y el uso de ciertas medicaciones.
Diagnóstico: el seminograma y más allá
El primer paso en el diagnóstico de la infertilidad masculina es el seminograma o espermiograma. Este análisis de semen evalúa:
- El volumen del eyaculado.
- La concentración de espermatozoides (número por mililitro).
- La motilidad total y progresiva (porcentaje de espermatozoides que se mueven y cómo lo hacen).
- La morfología (porcentaje de espermatozoides con una forma normal según los criterios de la OMS).
- El pH y otros parámetros bioquímicos.
Dependiendo de los resultados, el especialista puede solicitar pruebas complementarias:
- Estudio hormonal: análisis de FSH, LH, testosterona, prolactina y otras hormonas para identificar causas pretesticulares.
- Ecografía escrotal: para detectar varicocele, anomalías testiculares u obstrucciones.
- Test de fragmentación del ADN espermático: evalúa el daño en el material genético de los espermatozoides, un factor que puede afectar a la tasa de fecundación y a la calidad embrionaria incluso con parámetros seminales aparentemente normales.
- Estudio genético: cariotipo, microdeleciones del cromosoma Y y estudio de fibrosis quística en casos de ausencia de conductos deferentes.
- Biopsia testicular: en casos de azoospermia (ausencia de espermatozoides en el eyaculado) para evaluar si existe producción espermática en el testículo.
Tratamientos disponibles
El tratamiento de la infertilidad masculina depende de la causa identificada. En algunos casos, los cambios en el estilo de vida o el tratamiento médico pueden mejorar la calidad seminal de forma suficiente para lograr el embarazo de forma natural. En otros, es necesario recurrir a técnicas de reproducción asistida:
- Inseminación artificial conyugal (IAC): indicada cuando la concentración y movilidad de los espermatozoides están moderadamente reducidas. El semen se procesa en el laboratorio para seleccionar los espermatozoides más móviles y se introduce directamente en el útero en el momento de la ovulación.
- Fecundación in vitro (FIV): cuando los parámetros seminales son más bajos, la FIV permite que los óvulos y espermatozoides se encuentren en el laboratorio, aumentando las posibilidades de fecundación.
- FIV con ICSI: la inyección intracitoplasmática de espermatozoides consiste en introducir un único espermatozoide directamente dentro de cada óvulo mediante una micropipeta. Es el tratamiento de elección en casos de oligozoospermia severa, astenozoospermia grave o mala fecundación en ciclos de FIV convencional.
- Recuperación espermática quirúrgica: en casos de azoospermia, los espermatozoides pueden obtenerse directamente del testículo o el epidídimo mediante técnicas como la TESA, TESE o MESA, y utilizarse posteriormente en un ciclo de FIV-ICSI.
- Donación de semen: cuando no es posible obtener espermatozoides propios o cuando existe un riesgo genético elevado, la donación de semen de un donante anónimo es una opción segura y regulada por la legislación española.
Conclusión
La infertilidad masculina no es un tema menor ni un asunto del que avergonzarse. Es una realidad médica con causas identificables y tratamientos eficaces. El primer paso es siempre la consulta con un especialista en andrología o medicina reproductiva, que puede orientar el diagnóstico y proponer el plan de tratamiento más adecuado para cada caso. Cuanto antes se consulte, mayores son las posibilidades de éxito.
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