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Hay pocos momentos que asusten tanto a unos padres primerizos como ver a su bebé llorar con tanta intensidad que deja de respirar durante unos instantes, se pone de un color azulado o incluso pierde brevemente el conocimiento. Este episodio, conocido popularmente como «privada» y médicamente como espasmo de sollozo, puede parecer gravísimo. La buena noticia es que no lo es.

Qué es el espasmo de sollozo

El espasmo de sollozo es una respuesta involuntaria del sistema nervioso que ocurre generalmente después de un llanto muy intenso. El bebé llora con fuerza, espira todo el aire de los pulmones y, en ese momento, el reflejo de inspirar queda momentáneamente bloqueado. El resultado es una breve pausa respiratoria que puede durar entre 10 y 60 segundos.

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Durante esos segundos, la falta de oxígeno puede hacer que el bebé cambie de color (habitualmente se pone pálido o azulado), que los músculos se tensen y, en los casos más prolongados, que el niño pierda brevemente la consciencia. Esto puede provocar en el bebé un movimiento similar a un pequeño espasmo muscular al recuperarse.

Es importante distinguir este episodio de una crisis epiléptica: en el espasmo de sollozo siempre hay un desencadenante claro (un golpe, un susto, una rabieta frustrada) y el llanto precede a la pérdida de tono. En la epilepsia, los episodios ocurren sin desencadenante aparente.

A qué edades ocurre y por qué

Los espasmos de sollozo son más frecuentes entre los 6 meses y los 2 años, aunque pueden aparecer antes o prolongarse más allá de esa edad. Afectan aproximadamente al 5% de los niños y tienen un componente familiar: si uno de los padres los tuvo de pequeño, el hijo tiene más probabilidades de presentarlos.

No indican ningún problema neurológico ni ninguna enfermedad subyacente. Son una variante del desarrollo normal del sistema nervioso autónomo en la primera infancia. Desaparecen de forma espontánea antes de los 5 años en prácticamente todos los niños.

Cómo actuar cuando ocurre

La recomendación más importante es mantener la calma. El episodio se resolverá solo en pocos segundos. Lo que sí conviene hacer es:

  • Tumbar al bebé en posición horizontal si ha perdido la consciencia, para facilitar el riego cerebral.
  • No agitarlo ni sacudirlo.
  • No intentar introducir nada en su boca.
  • No soplarle en la cara ni echarle agua (medidas que se recomendaban antes pero que no tienen eficacia demostrada y pueden asustar más al niño).
  • Una vez recuperado, tranquilizarlo con calma y sin dramatizar el episodio.

Si el episodio dura más de un minuto, si el bebé no recupera la consciencia con rapidez o si los episodios son muy frecuentes, consulta con el pediatra. En algunos casos puede ser recomendable un electroencefalograma para descartar actividad epiléptica.

En IMFER acompañamos a las familias durante el embarazo y en los primeros pasos de la crianza. Si tienes dudas sobre el desarrollo de tu bebé o sobre cualquier síntoma que te preocupe, nuestro equipo puede orientarte o derivarte al especialista adecuado.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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