Cuando el Reino Unido autorizó en 2016 la edición genética de embriones humanos con fines de investigación, el debate internacional se intensificó. ¿Dónde está la línea entre la investigación legítima y la modificación de la especie humana? ¿Puede la ciencia avanzar en este campo sin abrir la puerta a usos que la mayoría de las sociedades consideraría inaceptables?
Lo que se autorizó y lo que no
La autorización concedida por la HFEA (Autoridad de Fertilización Humana y Embriología del Reino Unido) a la investigadora Kathy Niakan tenía condiciones muy precisas. Solo podía trabajar con embriones descartados en clínicas de reproducción, y únicamente durante los primeros siete días tras la fecundación. Los embriones manipulados no podían, bajo ninguna circunstancia, ser transferidos a un útero.
El objetivo era científico: entender qué genes son necesarios para que el embrión humano se desarrolle correctamente en la primera semana. De cada 100 ovocitos fecundados, menos de 13 logran desarrollarse más allá de los tres meses de gestación, y comprender mejor ese período podría tener implicaciones directas para mejorar las tasas de éxito de la FIV.
La técnica CRISPR-Cas9 y sus posibilidades
La herramienta utilizada es CRISPR-Cas9, un sistema de edición genómica que permite cortar y modificar el ADN en puntos específicos con una precisión mucho mayor que cualquier técnica anterior. En investigación básica, CRISPR ha revolucionado la biología molecular. En medicina, ya hay ensayos clínicos en marcha para tratar enfermedades hereditarias en tejidos adultos.
La edición de células germinales, es decir, modificaciones que se transmitirían a todos los descendientes del individuo, es otra cuestión. La mayoría de la comunidad científica internacional aboga por una moratoria en ese uso hasta que los mecanismos de seguridad, la eficacia y los marcos éticos estén suficientemente desarrollados.
Lo que existe hoy en clínica: el DGP
La herramienta disponible actualmente en las clínicas de reproducción asistida para evitar la transmisión de enfermedades genéticas es el diagnóstico genético preimplantacional (DGP). A diferencia de CRISPR, el DGP no modifica el genoma del embrión: simplemente analiza los embriones obtenidos en un ciclo de FIV y selecciona los que no son portadores de la enfermedad para la transferencia.
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